11-M


Es muy probable que la mayor parte de los españoles no sepan quién es Jamal Zougam. O no se acuerden de cuando su cara salía en todas las teles y periódicos, como primer y único detenido al que se acusaba de autor del 11-M.

Un caso curioso, Zougam. Tal vez una de las mayores vergüenzas de la historia de España, para oprobio de ese juez fantoche casado con la periodista satisfecha que todo lo sabe.

Teóricamente, Zougam es el mayor malo, jamás. Aunque solo le condenaron por poner una de las doce (¿o trece?) bombas del 11-M, al ser el único condenado, y el único nombre que se puede asociar a aquel horror, en el relato hace la función de “el” autor. Algo así como cuando De Juana Chaos personificaba la maldad etarra, pero con mucha más justificación. La diferencia es que cuando el malo de España era Juana, sabíamos toda su vida y milagros – porque nos la presentaban sin parar. Pero cuando el malo máximo es Zougam, la reacción es agredir a cualquiera que pregunte cualquier cosa sobre él.

Preguntar sobre Zougam es pecado en España. Es el único gran malo sobre el que no queremos saber nada. No tiene biografía. Y aun menos tiene detalles sobre su participación en los prolegómenos, o en los atentados del 11-M. Tampoco queremos saber que fue reconocido en los trenes atacados por una gran cantidad de testigos … solo que cada testigo le reconocía en un tren, o vagón, o estación diferente. Normal, dado que se habían hinchado a sacar su cara por la tele. Luego, los  bravos jueces eligieron -de entre todos los reconocimientos incompatibles entre sí- aquellos con los que se podía hacer un relato más o menos verosímil.

¿Por qué le habían sacado tanto por la tele? Por ser el primer detenido. ¿Y por qué le habían detenido? Por un no-delito. Por haber vendido la tarjeta del teléfono que apareció en la famosa “mochila de Vallecas”. Repito: vendido. Tú preparas con un gran equipo unos atentados como aquellos, pero las tarjetas de teléfono para las bombas se las vendes a tus compañeros. Cobrando. No sea que te vayas a ir al otro mundo con una factura sin cobrar.

Tampoco aparecen sus huellas ni consta su presencia en ninguno de los lugares que relacionan con el atentado. Ni pertenecía a ninguno de los extravagantes grupos de los que se dice que organizaron aquello. Pero dos testigos rumanas, en las más extrañas circunstancias, testifican algo que es lo que acaban eligiendo los jueces, y vale ya. Usted no pregunte más, que será un “conspiranoico”.

Vale; pues “conspiranoia”:

El Mundo, 24 noviembre 2012:

La juez cita a Zougam para saber si las testigos del 11-M mintieron

Joaquín Manso @ 24-11-2012 05:17

Madrid.- Permite defenderse al único condenado como autor material, que denunció por falso testimonio a las dos mujeres que le reconocieron.

El único condenado por poner las bombas del 11-M será trasladado desde la cárcel de Villena (Alicante) hasta los juzgados de la Plaza de Castilla de Madrid para que defienda en persona su proclamada inocencia.

En una decisión insólita, la juez Belén Sánchez ha reconsiderado su negativa inicial a citar a Jamal Zougam, a su familia y al testigo más importante sin que en el procedimiento que se sigue por falso testimonio contra las dos testigos que determinaron su condena se haya producido ninguna novedad relevante.

Lo que sí ha ocurrido un día antes, pero en otro juzgado situado a escasos metros, en el mismo pasillo, es que se dictó un sobreseimiento libre tras constatarse que esas dos mujeres rumanas acusaron en falso a este diario de coacciones.

El marroquí Jamal Zougam saldrá de la celda de aislamiento en la que lleva recluido desde marzo de 2004 –en la que está condenado a pasar el resto de su vida– para ser conducido en furgón policial desde Villena hasta Madrid, donde el próximo 18 de diciembre volverá a ofrecer la misma versión del 11-M que mantiene desde su detención: a la hora del atentado, dormía en su casa.

La juez podía haber optado que se le tomase declaración por exhorto ante los juzgados de la localidad alicantina, pero ha preferido valorar su credibilidad con su presencia física inmediata.

Como no es poco lo que hemos dicho del caso Zougam hasta ahora, no vamos a repetirlo. Baste con señalar dónde se puede encontrar:

Entre los mil detalles turbios del 11-M, la actitud sospechosa de la fiscalía durante todo el caso, como si fuera el cancerbero de algún misterio inconfesable. Desde el -¡qué más da cuál fue el explosivo!- hasta el – ¡fue Goma-2 ECO y vale ya!

Pues nada, vale ya.

Cuenta El Mundo [-->] que ayer estaba el fiscal jefe de cuando el juicio, Javier Zaragoza, dando un algo en un curso de verano. Y a un asistente, joven alumno, se le ocurrió preguntar lo obvio. Hay un audio por internet con el intercambio grabado. Esto está sacado de lo de El Mundo.

“En la sociedad se ha creado una impresión de que ahí hay algo que no se ha hecho de una forma correcta desde el punto de vista del interés social. Son muchas víctimas y no encontramos autores materiales directos o indirectos, y lo de indirectos lo digo de una forma muy tendenciosa porque ha tenido que haber algunos elementos que han actuado y no figuran en la sentencia”

Bueno, preguntó lo obvio, pero de una manera demasiado retorcida. Lo que le dio oportunidad a Zaragoza de salir por la puerta falsa. Lo malo es que es una puerta tan falsa, que parece muy indicativa la elección de esa respuesta que da vergüenza ajena.

“¡Que no hay autores materiales! Se suicidaron en Leganés. Pero si está muy claro…”, espetó. “¿Qué quiere usted, siempre autores materiales? ¿Pero usted se hace a la idea de lo que es una investigación?”, le preguntó, y añadió: “Usted sólo se fija en el resultado pero como el resultado no le satisface, piensa que es todo una farsa, pero no es así, no es así”.

El alumno lo podía haber hecho un poco mejor. Por ejemplo:

Si la fiscalía opina, en contra de la sentencia del Tribunal Supremo, que los siete de Leganés fueron autores materiales, eso nos da ocho – sumando el único condenado. Y hasta 13 bombas, faltan 5. Falta el 39% de los autores materiales, en el más optimista de los casos.

Si aceptamos la sentencia del Supremo, como debería de hacer cualquier fiscal normal, esta dice: “Al menos algunos de los de Leganés debieron de participar …”. Al menos algunos no es la mayoría, sino menos. O, como mucho, tres. Y eso quiere decir que faltan más de la mitad de los autores materiales. No ya  por capturar, juzgar, y condenar, sino siquiera por conocer.

Así que la postura de la fiscalía consiste en que no nos demos cuenta de que faltan por señalar entre casi la mitad  de los autores materiales, si somos optimistas, y notablemente más de la mitad, si aceptamos la sentencia del Supremo.

¿Qué motivo podría tener la fiscalía  para hacer una barbaridad así? ¿Y qué motivo tan poderoso puede tener para hacerlo con una caradura y desvergüenza de tal calibre?

La madre del cordero. El corazón de las tinieblas. Lo que sí puede hacer volar por las aires el caso 11-M.

En El Mundo:

Total, que la Audiencia, ante el recurso de los abogados de Zougam, obliga a corregirse a la juez que no admitió la demanda. Que supongo que es una forma de decir que sí hay hechos nuevos que el tribunal del 11-M no conocía. Todas esas virguerías  y memorias sobrevenidas de las testigos rumanas, que de paso sacan los papeles y un pastón.

La noticia anterior de la no admisión, también en El Mundo, pueden verse a través de E-Pésimo:

Mejor olvidarse de la chorrada del vagón recientemente aparecido, y tanto meterse con Torres-Dulce. Peanuts. Eso no tenía recorrido. Pero imaginemos que acaban echando para atrás la prueba principal (en realidad única) contra Zougam. Que da la casualidad de ser el único condenado por el 11-M. Todos los demás lo son por colaboración con banda terrorista (¿qué banda?), o imprecisiones similares, pero sin nada que los relacione directamente con los atentados en cuestión. Y da la casualidad de ser el único condenado por poner una bomba, claro. ¿Que pasaría?

Pues que de repente nos quedamos todos con cara de idiota, o disimulando – a la Rubalcaba. ¡Coño!, ¿y entonces, quién fue? Y tal vez empezáramos a mirar de una vez al ministro del Interior, ahora Fernández Díez, y a preguntarle: – ¿Sr. ministro, se puede saber qué están haciendo para averiguar quién puso las bombas el 11-M? Porque la respuesta, a juzgar por la sentencia del Supremo — según la cual “alguno de los de Leganés debió …” –, quedaría algo como:

  • Bomba nº 1: Jamal Zougham; condenado; en la carćel. Sin atribución.
  • Bomba nº 2: Tal vez alguno de los suicidados en Leganés.
  • Bomba nº 3: Tal vez alguno de los suicidados en Leganés.
  • Bomba nº 4: Tal vez alguno de los suicidados en Leganés.
  • Bomba nº 5:  Sin atribución.
  • Bomba nº 6:  Sin atribución.
  • Bomba nº 7: Sin atribución.
  • Bomba nº 8: Sin atribución.
  • Bomba nº 9:  Sin atribución.
  • Bomba nº 10: Sin atribución.
  • Bomba nº 11: Sin atribución.
  • Bomba nº 12: Sin atribución.
  • Bomba nº 13: Sin atribución.

O sea, algo así como, de trece bombas, tres “tal vez” y diez “no sé”. ¿Esa es la idea? ¿Eso es con lo que nos quedamos contentos?

Y en realidad, a ese respecto, da lo mismo si Zougam participó o no. La ignorancia es casi la misma. Pero haría más difícil que el ganado consiga su objetivo de no darse cuenta. Especialmente viendo la burrada que habrían hecho con Zougam, y hasta dónde estaban dispuestos a llegar.

Destaco otro párrafo de El Mundo. Es algo que he dicho (y comprobado en el sumario) mil veces:

En la investigación policial no se encontró ni un solo vínculo de Zougam con la célula islamista: no hay ni una llamada telefónica con él; no hay huellas ni rastro genético suyo en la casa de Morata ni en el piso de Leganés; todos los terroristas huyeron tras el atentado, pero él siguió con su rutina habitual. Y su socio Mohamed Bakkali confesó al juez y a este diario que fue él, y no Zougam, quien vendió las tarjetas telefónicas usadas en las bombas.

 –
 

Me ha gustado esta definición de Manuel Artero. Entrevista de Luis del Pino a un periodista de Informe Semanal, de cuando el 11-M. 15 min.

Tal vez alguien piense que vamos a olvidarnos del 11-M porque ya hemos conseguido quitarnos al innombrable de encima. Se equivoca.

¿Pero qué les pasa? No es que Jorge Fernández Díaz tenga pinta de ser el ministro más inteligente que ha ocupado Interior, pero tampoco será subnormal. Digo yo. ¿Como se puede afirmar, entonces, que “el 11-M es un tema juzgado y sentenciado”?

Ni siquiera aunque añada, como para contentar a todos, que ”si aparecieran nuevas pruebas se actuaría en consecuencia y se reabriría”. ¿Habrá que recordarle al ministro que no se ha juzgado “el 11-M”, sino a una serie de sospechosos de participar en el mismo? ¿Y que el resultado del juicio es la condena de uno entre trece terroristas que pusieron las bombas? ¿A eso le llama un caso “juzgado y sentenciado”? No sé, parece que mejor se dedicaría a otra cosa, porque de justicia, o policía (su paso previo), no parece que sepa nada.

Da vergüenza tener que decir cosas así, pero la labor de la policía, y por tanto de su ministro, es resolver los delitos. En primer lugar averiguando lo que ha pasado. Y en segundo lugar, poniendo delante de la justicia a unos sospechosos que esta acepte como culpables, y condene. ¿Quiere agarrase a la nebulosa de los suicidas de Leganés? Pues eran siete. Y al único que cogieron vivo, no participó en los atentados, según dice la justicia misma. Que, sí, es cierto, también añade: “algunos de los muertos en Leganés debieron de …”

¿Cuántos son “algunos de”, entre siete, cuando el único caso conocido del grupo, no puso bomba? ¿Tres? ¿Dos? ¿Uno? Pues que haga el ministro las cuentas, a ver cuántos le dan. Porque incluso si tiene la teoría de que la poli está para mirar para otra parte, y quiere creer en los siete de Leganés al completo, contra toda evidencia, le quedan cinco bombas sin aclarar. O sea, que en la más optimista de las situaciones le queda por resolver un 38% del caso. Una monada.

Pero nos dice que “es un tema juzgado y sentenciado”, salvo que aparezcan nuevas pruebas. ¿Las está buscando? Pregunto. Porque las pruebas no suelen tener mucha costumbre de “aparecer” por sí mismas.  Normalmente solo “aparecen” cuando hay detrás un equipo eficiente buscando y rastreando con gran tesón. Y recursos para el equipo. Esas minucias de las que se tienen que encargar … ¡joder, los ministros! ¿Pero cómo se puede esperar que un ministro que considera el tema “juzgado y sentenciado” esté preocupado por asegurar que hay el mejor equipo posible resolviendo el caso, y que está suficientemente dotado? La respuesta recuerda mucho más a aquel famoso “ni hay pruebas, ni las habrá”. Al menos, la pinta es que está haciendo todo lo posible por ello. Por ejemplo decir, con un par, que no hay más caso. Mientras no “aparezcan” más pruebas por arte de magia, etc.

Una para periodistas. Para los pocos que no esconden que sí hay caso. Luis del Pino, el Mundo, EsRadio, por ahí. ¿No sería hora de empezar a atosigar al ministro, preguntándole todos los días qué está haciendo hace para pillar a los -entre 5 y 11 – que faltan? ¿Y de averiguar, al menos policialmente, cuántos de los de Leganés, si acaso alguno? Porque con ese “al menos algunos … debieron” de la sentencia, nos quedamos con la duda de si hemos resuelto, de momento, o un triste 68% del caso, o un escandaloso 8%. Tampoco sería ninguna broma empezar a pedir la dimisión de Fernández Díez. Vamos, que quede el ministro juzgado y sentenciado por la opinión pública.

En los atentados del 11-S murieron todos los autores directos, evidentemente, en los aviones. Eso no indujo a las autoridades USA a cruzarse de brazos, y a que como no se puede juzgar a los muertos, ahorrarse un estudio minucioso y convincente de quién hizo qué, cuándo y cómo.  ¿Ha visto Fernández Díez una lista que establezca el nombre de quien puso cada bomba (esté vivo o muerto, detenido o libre), y los detalles necesarios para llegar a un conocimiento razonablemente completo? Yo tampoco. Como él, sólo he visto una lista donde figura una bomba y un nombre. Una entre trece. Y hasta que no pueda presentar esa lista completa, que es su deber, o explicar por qué no puede llegar más allá, que olvide para siempre soñar con un “tema juzgado y sentenciado”. O que dimita.

En LibertadDigital.com [-->]:

 

En resumen:
  • Si nos atenemos a la única sentencia dictada hasta hoy podemos comprobar que, explícitamente, no se encontró al ente (persona o grupo) que concibió el atentado; “autor intelectual”, según convinieron en denominarlo. Importante incógnita por despejar.
  • El único autor material, con una pena de cuarenta mil años, al parecer, está en vías de recurrir su sentencia por indicios de falsos testimonios. Hasta hoy, según tengo entendido, no ha admitido su culpabilidad en la masacre; a pesar de que ello le conduce a las más duras condiciones carcelarias. Sea como fuere, Jamal Zougan, sólo con las pruebas existentes, no puede ser el único autor material del mayor y más técnico de los atentados sufridos jamás por el paciente y noble pueblo español. ¿Quién o quiénes fueron los ejecutores de un crimen tan bien planificado en el tiempo, en su ejecución y en su ocultación?
  •  Aparte de la vía islamista, sin resultados fiables hasta el momento, no se ha investigado ninguna otra hipótesis.
  •  La investigación de los artefactos asesinos tampoco ha podido llevarse a cabo gracias a las irregularidades manifiestas cometidas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (incumplimiento de protocolos, pérdida de muestras, ocultación de análisis, inexistencia de cadenas de custodia etcétera). Todo esto, olvidado por los letrados de la Audiencia Nacional, se investiga ahora en el juzgado número 43 de la Audiencia Provincial de Madrid, eso sí, con trabas y descalificaciones permanentes. ¿Quiénes y por qué se resisten a despejar la gran incógnita de la actuación o la inacción policial?

Casi nada:

  • ¿Quien lo pensó, y por / para qué?
  • ¿Quién lo cometió? (Aparte del dudoso Zougam).
  • ¿Quien enturbió la investigación, y por / para qué?

Ocho años después, un padre sigue sin saber por qué mataron a su hijo, quién lo hizo, y por qué se jodió la investigación. De los españoles no hablemos, porque no parecen muy interesados.

Ha cambiado el gobierno, pero hay cosas que no cambian. Sorprendente. El caso del 11-M ya no puede ser un medio para atacar al gobierno del PSOE, ni para derribar a Rubalcaba. Bien derribados están ambos. Y sin embargo El País sigue en pié de guerra contra toda suerte de lo que llama “teorías conspirativas”.

Ha emprendido una campaña personal contra la juez Coro Cillán que recuerda a la que hizo, de la mano del PSOE, cuando consiguieron llevar al juez Marino Barbero a una muerte prematura. Solo que esta vez ya no están defendiendo a un gobierno corrupto para que siga gobernando. ¿Qué diablos es lo que defienden?

Tras días y días de ataque, y ante la protesta del CJGP, largan:

La juez Coro Cillán mantiene abierta desde julio de 2009 una causa contra el jefe de los Tedax en el 11-M, Juan Jesús Sánchez Manzano, donde confluyen todas las teorías conspirativas sobre el atentado que ya fueron desechadas por la Audiencia Nacional y por el Tribunal Supremo. [-->]

Ver para creer. La juez Cillán esta viendo, precisamente, cosas que no se vieron en los juicios anteriores. Cosas que según el juez Bermúdez, el de antes de las medallas de Rubalcaba, llevarían a muchos “caminito de Jerez”. Luego se olvidó del caminito, por un motivo distinto de las medallas – es de suponer. Y Cillán ha abierto lo que el juez pecho lata cerró.

Seguimos sin saber nada. Por ejemplo, lo principal: ¿quién puso las 13 bombas? Nombres, plis. Sin que eso le preocupe a El País ni mucho ni poco. Pensar eso, recordar que no sabemos los nombres de los terroristas son “teorías conspirativas”. Lo mismo que preocuparse por averiguar por qué no sabemos lo primero que hay que saber.

Pero al menos hay algo que sí sabemos. A El País le pica, y mucho, que queramos saber. Y le pica más allá de defender a un gobierno y unos amiguetes que ya no están. Con lo que los janlis de Miguel Yuste nos están obligando a ser “conspirativos”, aunque no queramos, y preguntar: ¿Qué mosca le ha picado a El País?

¿Qué interés le mueve? Porque desde que Polanco y Cebrián se hicieron con el mando (creo que en la efemérides se han olvidado convenientemente de señalar que Manuel Fraga estaba entre los fundadores),  una característica invariable del periódico  ha sido unir información con interés personal y empresarial. Siempre se ha sabido, pero los datos que da Mario Conde en su último libro son de infarto. Así que tras esta locura de mentiras y mordiscos de perro rabioso contra una juez, hay un interés. Seguro. Si no, no habría caso.

El País sigue queriendo tapar lo que quiera que haya en el 11M. Pero, donde hasta ahora se podía imaginar un interés que se podía entender, lo de ahora ya no se entiende. Quiero decir que se puede entender, ante la necesidad de derribar a un gobierno del PP, que La SER se invente tres fuentes distintas de la lucha antiterrorista, según las que había terroristas suicidas en los trenes, con muchos calzoncillos, y rasurados. Se llama periodismo, versión Janli El Demócrata. Pero lo de ahora no hay quien lo entienda por “lo normal”. Va a haber que empezar a pensar en cosas raras. Y es que no nos dejan otro remedio.

Muy buena pinta no tiene.

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