Perdón por la jerga. El cementerio de palabras (© Julio Cortázar) define “tunear” como hacer vida de tuno (pícaro, tunante) [–>]. Que también me sirve para el caso ;).

Se trata de una vieja acusación de los críticos del IPCC. Que los modelos en los que se basa el cuento están “tuneados” (del ingl., to tune: sintonizar, ajustar) para reproducir las temperaturas del siglo XX. Y que por tanto no pueden usar esa capacidad de reproducir las temperaturas del siglo XX como argumento de que el cuento es cierto.

Por ejemplo:

- Escéptico: ¿En que te basas para decir que el CO2 está dirigiendo el calentamiento, y que es un problema?

- Alarmista: En que solo podemos explicar -mediante los modelos- la variación de temperaturas que hemos observado, si contamos con un efecto fuerte de calentamiento del CO2. Y si no, no se explican.

Mira aquí: la línea negra son las temperaturas observadas. La roja, los modelos. Y la azul, los modelos sin el efecto del CO2 que emitimos. ¿Está claro, no?

Y así estaba el asunto. Con unos afirmando que los modelos están tuneados, y por tanto esa reproducción de la temperatura histórica no demuestra nada, y los otros jurando que no están tuneados. De ahí la importancia de la separación entre modelos y realidad que solemos señalar, en la parte que es predicción (a partir del 1 de enero de 2001)

Ahora hay novedades, porque se está hablando de un nuevo trabajo sobre los famosos modelos. Hay que reconocer que han puesto un título llamativo

Donde se ve claro que si bien no tunean los modelos en plan conspiración y reuniones secretas (nadie decía eso), sí ocurre que los modelos en uso son evoluciones de sólo los modelos que reproducían esas temperaturas. Y que los modelos que nos las reproducen no se publican. Que es exactamente lo mismo que tunearlos para reproducir las temperaturas, pero por un camino más indirecto. Una especie de “selección inevitable”. ¡Menuda panda de tunantes!

Pasan otras cosas sorprendentes. Como que mientras es cierto que reproducen -medio bien- las “anomalías” de temperatura (la variación sobre una temperatura base arbitraria), las temperaturas absolutas son de una disparidad más que preocupante. Tal vez quede más claro en un gráfico del propio Mauritsen et al 2012:

Explicación:

  • Rojo y negro: Temperaturas observadas según diferentes grupos (HadCrut3 y Giss)
  • Gris: Distintos modelos “reproduciendo” el pasado (hasta 2000). Las reproducciones siguen más o menos paralelas a las temperaturas observadas, pero a temperaturas acojonantemente diferentes. 3ºC de diferencia entre ellas.
  • Naranja, verde y marrón: Predicciones de tres de los modelos.

Como dice Lucia [–>], así se explica por qué el deshielo del Ártico es “peor de lo que pensábamos”. ¡Serán tunantes! El hielo no depende de la velocidad del cambio de temperatura, sino de la temperatura absoluta.Y entonces, no es que el calentamiento sea más rápido del que decían los modelos, como alegan los alarmistas usando lo del hielo, sino que los modelos (su media) tiene una temperatura absoluta muy inferior a la real. Pero un calentamiento superior al real.

Ejemplo de tunante, proporcionado por Teufelsbrücke [–>]:

La visión de Nate de la incertidumbre, y sus implicaciones para los modelos climáticos, está particularmente equivocada. Asegura que las predicciones del IPCC (*) son “demasiado agresivas”, pero eso es simplemente un error. Se olvida de que en muchos casos, como por ejemplo la alarmante disminución del hielo del Ártico (hemos visto un récord de mínimo de hielo este año), los modelos climáticos han sido demasiado cautelosos. Llevamos décadas de adelanto respecto a lo que predicen los modelos. [–>]

¡Claro! ¿Qué quiere que pase con unos modelos que van más fríos (aunque calentándose a mayor velocidad)? ¡Pues que tienen más hielo! Pero entonces no es preocupante la pérdida de hielo -el calentamiento es mucho menor del que predicen-, sino la mala calidad de los modelos. ¡Jetas!

Para hacerse una idea. En ese gráfico también se ve que la dispersión en temperatura absoluta en los modelos es tanta como la diferencia entre la temperatura actual, y la temperatura del máximo de la glaciación anterior (en el rango más alto de lo que calcula el IPCC, que también tiene una dispersión como de “ciencia establecida”). O sea, que la diferencia de temperatura entre los modelos puede ser tanta como la diferencia entre un glacial y un interglacial.

Hay dos entradas de blog que recomiendo para enterarse un poco más (es muy interesante). Desde pérdida de energía hasta lo que quieras. Pero en inglés.

Doug L. Hoffman:

Donde destaco:

“Mauritsen et al es una descripción detallada de hasta qué punto han llegado los modelistas climáticos para forzar a sus modelos a llegar al resultado deseado. Esto es porque, según su propia admisión, sus modelos son incapaces de dar resultados reales. Aun más, las previsiones de que sean capaces de darlos en el futuro no son buenas.

Y Lucia Liljegren:

Esto parece una admisión de que los modelistas sabían desde el principio que sus modelos iban a ser comparados con las temperaturas del siglo XX. Así que los primeros modelos fueron tuneados para eso. Y ahora estamos en una situación en la que los modelos pueden reproducir -bastante- los datos del siglo XX. Pero entonces la buena coincidencia en esa reproducción de las temperaturas históricas de superficie ha dejado de ser una buena medida para determinar qué modelos son buenos y cuáles no.

Esto tal vez responda a una pregunta que nos hacemos siempre. Hablan de “los” modelos, porque son como veintitantos. ¿Por qué no se quedan con el mejor, o un pequeño puñado de los mejores? ¿Sería mucho más fácil y realista, no? Pues no, porque no tienen manera de distinguir los mejores de los peores. Acertar las anomalías de las temperaturas del pasado no es un control de calidad de un modelo que ha sido diseñado para eso (aunque sea por “selección inevitable”). Pero estos modelos de carcajada (de carcajada para cualquier predicción) son la “prueba” de la cosa. Así estamos.

Nota (*): La frase de Michael Mann es especialmente retorcida, y la he abreviado al traducir. Realmente era: the projections of the IPCC forecasts. Acojonante: las proyecciones de las predicciones del IPCC. ¿Mande? Lo que pasa es que no puede decir “predicciones” del IPCC, porque el IPCC les llama “proyecciones” (para curarse en salud). Pero el caradura quiere darle más fuerza de lo que implica “proyecciones”, y entonces dice “las proyecciones de las predicciones”. Así es esta gente.