Precioso. El hombre, en vez de ser un pecador que destroza el mundo con su progreso, se convertiría en el ángel que lo ha librado de la espantosa glaciación. No hay ecolojeta que pueda soportar una herejía de tal calibre.

La idea es muy obvia, pero no se suele mencionar. Los que son partidarios del alarmismo y del infierno, sencillamente se olvidan las glaciaciones. Que son el estado “normal” de nuestra época geológica, y al que se puede sospechar que estemos a punto de volver. Y eso sí que sería el fin de la civilización tal y como la conocemos.

El la siguiente imagen se ve el motivo para pensar que podría no faltar mucho. El punto rojo representa el momento actual. Y el verde es la traslación de ese punto al interglacial anterior.

Hay dos preguntas sobre el clima que son “las” preguntas. O ser capaces de predecir la meteorología del próximo decenio -o dos-, o ser capaces de predecir la próxima glaciación. O sea, saber planear los cultivos, y saber la duración de esta fase de paraíso de calorcillo. En eso es en lo que nos jugamos el bienestar, la riqueza, y hasta la vida.

Y los que no ven motivos para darle importancia al CO2 como factor conductor del clima, no piensan que el CO2 que emitimos tenga la fuerza climática suficiente como para evitar una glaciación. Con sus dudas, porque aunque probablemente se conoce la causa de las glaciaciones (los ciclos orbitales de Milankovitch), no se sabe el mecanismo que dispara ni la glaciación, ni la desglaciación.

Pero ahora acaban de publicar un estudio desde la Universidad de Gotemburgo, que enfoca el problema desde un punto de vista muy diferente. Por una parte acepta la ortodoxia actual absurda de la importancia del CO2 en el clima. Y por otra tiene la sensatez de no olvidar que el gran problema es la próxima glaciación. Con el siguiente argumento: Si la idea es que un aumento del CO2 en el aire producirá un gran calentamiento, habría que aceptar que una disminución produciría un gran enfriamiento. Y como el efecto del CO2 es logarítmico, la misma variación de CO2 produce mucho mayor efecto si es una disminución que si es un aumento.

Ejemplo de curva logarítmica:

Su tesis es buscar algo que amplifique el efecto orbital de los ciclos de Milankovitch, por sí mismo insuficiente para producir la glaciación. Y buscar algo que actúe a través de disminuir el CO2 en el aire, y con ello un enfriamiento. Para L.G. Franzén, F. Lindberg, V. Viklander y A. Walther, el mecanismo más verosímil de secuestro de CO2 es el crecimiento de turberas y cenagales, que son grandes secuestradores de CO2. Según su estudio, durante el interglacial, después de una explosión de crecimiento de la vegetación en latitudes medias / altas, se van formando turberas y lodazales con materia vegetal muerta, secuestrando grandes cantidades de CO2. Hasta que llega el momento en que han secuestrado tanto CO2 que se inicia la siguiente glaciación.

Este gráfico del estudio explica la idea:

Y acaban planteando algo que les va a molestar mucho a los alarmistas. Especialmente desde que está propuesto desde su misma lógica CO2-céntrica. Que la Pequeña Edad de Hielo (hacia 1600 – 1850), el período más frío del Holoceno o interglacial actual, suponía el inicio de la glaciación. Pero que la acción del hombre en dos fases frenó el proceso. La primera fase sería un aumento de las zonas dedicadas a la  agricultura y a la urbanización, eliminando muchas turberas y cenagales. Y la segunda, la industrialización y sus emisiones de CO2.

Precioso. El hombre, en vez de ser un pecador que destroza el mundo con su progreso, se convertiría en el ángel que lo ha librado de la espantosa glaciación. Y todo ello desde la misma lógica de los calentólogos. No hay ecolojeta que pueda soportar una herejía de tal calibre.

El estudio:

Fuente, WUWT: