Antonio Juliá

Un amigo me escribía hace no mucho si no era irónico y sarcástico utilizar ritmos sudamericanos, de pueblos que fueron diezmados y masacrados en la Historia de Latino américa por “los españoles” para contra ponerme al nacionalismo catalán que al fin y al cabo también busca su independencia y su libertad.

Pero es que usar el estilo de folclore sudamericano para denunciar al nacionalismo catalán es algo que hago a propósito. Y no evoco la época de la conquista, de la cual precisamente España acaso sea el país que mejor parado queda de la Historia de cada nación que ha sufrido o ha sido protagonista de un proceso de   colonización y posterior demembramiento de las antiguas colonias.  De hecho las grandes masacres de indios las hicieron los colonos que se quedaron tras sus respectivos procesos de Independencia, mucho que ver en el proceso de la Constitución de Cádiz de 1812, años previos y posteriores.

Precisamente mi interés no es esa época en que las grandes potencias exprimieron el Nuevo Mundo por América, África y Asia. Es el movimiento revolucionario de los años 70 antes y después de Sudamérica, que utilizó el folclore magistralmente para denunciar los crímenes  y abusos de las dictaduras que implantó EEUU para defenderse de la expansión soviética por esos países.

Cuando uso una Habanera para hablar de la violencia de Los Segadores y el sangriento himno, mi intención es  llamar la atención sobre los dogmas, piedras angulares  y símbolos “sagrados” e intocables  en nombre de los cuales los nacionalistas están cometiendo en Cataluña contra los derechos civiles de muchísimas personas las tropelías que quien quiere puede conocer, y seguir a diario.