4 noviembre 2012


Antonio Juliá

Un amigo me escribía hace no mucho si no era irónico y sarcástico utilizar ritmos sudamericanos, de pueblos que fueron diezmados y masacrados en la Historia de Latino américa por “los españoles” para contra ponerme al nacionalismo catalán que al fin y al cabo también busca su independencia y su libertad.

Pero es que usar el estilo de folclore sudamericano para denunciar al nacionalismo catalán es algo que hago a propósito. Y no evoco la época de la conquista, de la cual precisamente España acaso sea el país que mejor parado queda de la Historia de cada nación que ha sufrido o ha sido protagonista de un proceso de   colonización y posterior demembramiento de las antiguas colonias.  De hecho las grandes masacres de indios las hicieron los colonos que se quedaron tras sus respectivos procesos de Independencia, mucho que ver en el proceso de la Constitución de Cádiz de 1812, años previos y posteriores.

Precisamente mi interés no es esa época en que las grandes potencias exprimieron el Nuevo Mundo por América, África y Asia. Es el movimiento revolucionario de los años 70 antes y después de Sudamérica, que utilizó el folclore magistralmente para denunciar los crímenes  y abusos de las dictaduras que implantó EEUU para defenderse de la expansión soviética por esos países.

Cuando uso una Habanera para hablar de la violencia de Los Segadores y el sangriento himno, mi intención es  llamar la atención sobre los dogmas, piedras angulares  y símbolos “sagrados” e intocables  en nombre de los cuales los nacionalistas están cometiendo en Cataluña contra los derechos civiles de muchísimas personas las tropelías que quien quiere puede conocer, y seguir a diario.

En realidad es un lujo de conversación, y lo considero -entre las cosas que he visto- uno de los mejores documentos para hacerse una idea sobre la discusión del calentamiento global.

No lo vas a entender todo, pero casi. Y vas a pillar la idea general. Vas a entender por qué alguien enterado y sensato puede ver un problema en lo del CO2, y alguien enterado y sensato puede no ver ningún problema en lo del CO2. Y, sobre todo, te vas a poder hacer una idea de qué depende una postura y otra. También vas a ver que lo que te llega de la prensa y del IPCC no tiene nada de sensato ni de razonable.

Ambas posturas son defendibles. Ninguno hace el ridículo, ni dice nada con lo que se le pueda avergonzar. Los dos están convencidos de lo suyo. Pero queda claro que el convencimiento del “consenso” se basa en una teoría harto problemática, basada en datos escasos y no buenos. Y que no se basa en nada que en otro campo de la ciencia se haya considerado jamás como prueba. Si quieres tomar una decisión por confianza en la “autoridad”, primero tienes que juzgar desde qué madurez de conocimientos habla esa autoridad.

Robert G. Brown es un físico teórico profesor de la Universidad de Duke, que interesado desde hace algunos años en la discusión del calentamiento global. También tiene mucha experiencia en modelos del estilo de los del clima. John Nielsen-Gammon es un climatólogo “del consenso”, pero en la versión de no cafre – que es la que no sueles ver.

La conversación (por email) surgió de un artículo de Brown en WUWT [-->] en el que protesta por -y ridiculiza- el uso del término “negacionista” en la discusión del clima. Ambos están más o menos de acuerdo en esa parte, y conversan por email sobre la postura “escéptica” de Brown acerca del “calentamiento global”, expresada en ocho puntos.

  • 1. No hay nada destacable en la temperatura actual de la tierra respecto a temperaturas del pasado.

Ambos están de acuerdo.

  • 2. El clima actual de la tierra tiene dos puntos estables (glacial e interglacial), y recientemente hemos estado mucho más cerca de cambiar hacia el clima glacial que hacia cualquier cosa hacia el lado caliente.

Ambos están de acuerdo.

  • 3. No hay ninguna evidencia en el registro climático de un tercer estado estable cálido al que pudiera cambiar la tierra.

Están en desacuerdo. N-G señala las fases calientes (las más comunes) hace millones de años. Unos 5ºC más calientes. Brown dice que se refiere a los últimos 5 millones de años, con la configuración actual de los continentes y los océanos. Y todo se reduce a la cuestión de si el aumento del CO2 puede suponer una fuerza para llevar a la tierra a ese estado estable más cálido. O si ese aumento del CO2 puede ser tan fuerte como efecto calentamiento como lo que quiera que produjera aquellos estados cálidos sin hielo en los polos.

Se enredan en una discusión larga cuyo interés -para mi- es mostrar el estado de ignorancia sobre la cuestión. Al final N-G concede un punto que en mi modo de ver le da toda la razón a Brown (pero no en el modo de ver de N-G):

N-G: Aunque he hablado de un tercer (y un cuarto) estado estable, no quiero decir que  me parezca fácil llegar a él. Deshelar Groenlandia y la península Antártica es más posible, pero no creo que ese aumento de temperatura se suficiente para suponer un estado estable separado, en el gran esquema de las cosas. Precisamente cuánta perturbación de CO2 hace falta para deshelar la Ántártida es una cuestión muy difícil (y probablemente no hay combustibles fósiles suficientes en la tierra)

  • 4. Si el calentamiento antropogénico es realmente tan fuerte como para calentar la tierra 3ºC, entonces prevendría otro ciclo de glaciación, que sabemos que ocurre con mucha frecuencia en escalas de tiempo geológicas, y eso sí sería realmente catastrófico.

N-G está de acuerdo en que 5ºC de enfriamiento sería muchísimo más catastrófico que 5ºC de calentamiento. Pero apuesta por mantener las temperaturas al nivel actual (como si se pudiera).

  • 5. Para analizar la era moderna, necesitamos un modelo capaz de simular los cambios de las glaciaciones a los interglaciales.

Muy en desacuerdo N-G. Pero es la discusión de la validez de unos modelos basados en pocos datos malos, y en muy pocos datos buenos. Y en las asunciones no demostradas incrustadas en los modelos, más el “tuneado”, etc.

  • 6. No entendemos qué determina la temperatura base de la tierra, o si esas fuerzas están causando actualmente una tendencia.

Es lo mismo que lo anterior. Donde uno ve “forzamientos”, el otro ve “retroalimentaciones”. El huevo y la gallina. Y no tiene salida.

  • 7. Nuestra falta de entendimiento del clima se demuestra por el hecho de que los modelos no pudieron prever los últimos 13 – 14 años sin calentamiento.

N-G está muy en desacuerdo, y achaca el fenómeno a El Niño. Pero para hacer eso hace falta suponer que El Niño a medio plazo es neutro, y que ese plazo es algo más largo de lo que habían pensado, lo que es mucho suponer. Me extraña que Brown no le contesta con algo que parece obvio: Vale, el plazo es más largo de lo que pensabais. Esperemos 10 ó 20 años, y saldremos de dudas.

  • 8. Cada año más de temperaturas planas debería bajar la estimación de la sensibilidad del clima al CO2.

N-G nada de acuerdo. Acepta que hay un desacuerdo entre la tendencia observada y la de los modelos, pero El Niño, etc.

Para mi la conclusión es fácil. Unos creen tener información y teoría suficientemente desarrolladas como para hacer predicciones fiables hasta cierto punto. Y los otros se llevan las manos a la cabeza ante tal propuesta.

Al margen de los 8 puntos, hay un par de detalles destacables. Ambos están de acuerdo en que los resúmenes del IPCC para políticos y periodistas (lo que te enteras) son desequilibrados, y no reflejan bien lo que pone en los informes científicos (que nadie lee). Y una paradoja que me ha hecho mucha gracia:

Paradoja de Nielsen-Gammon: Teniendo en cuenta que los que hablan en público más frecuentemente, o bien están pagados para hacerlo, o bien tienen sentimientos más extremos que los demás al respecto,  se sigue que la opinión de la gente de la que más te deberías de fiar es la opinión que nunca oyes.

La conversación completa, en seis entradas del blog de Nielsen-Gammon:

vostok-intergaciales-comparados

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