Se ve que acertamos al pensar que Joan Tapia había definido a la perfección, y con mucho seny, a Cataluña. Definido como Jetaluña, vaya. Solo que sin ponerle ese nombre, ni darse cuenta. Arturín lo confirma:

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha afirmado que su propuesta soberanista no consiste en la independencia total de Catalunya. “No vamos a una independencia clásica sino a tener los instrumentos de las naciones, los instrumentos de Estado, porque no nos conviene plantear las cosas en términos de independencia total, ya que desapareceríamos de Europa y del euro”. [El Periódico -->]

Al niño no le conviene. ¿Habrá que joderse, o se tendrá que joder el niño? Joan Tapia, El Seny, opina que habrá que joderse. El mundo entero si hace falta, pero que no me toquen a la criatura.

Flota la idea de que si vas a Madrid a negociar educadamente te contestan con un portazo y que ha llegado la hora de propinar un fuerte puñetazo en la mesa. Luego… ya se verá. [Aquí mismo -->]

Eso. El puñetazo. Lo que pasa es que conviene que sepan la mesa sobra la que quieren dar el puñetazo. O quién es su interlocutor, que desde luego no es Madrit. Que yo sepa, no han ido a hablar con el sucesor de Esperanza Aguirre.

De lo que se ve en ese dibujo, A se llama conjunto, y de la B a la I, subconjuntos. Son matemáticas, y Arturín y El Seny están muy necesitados.

Vamos a resumir el problema, para que lo entiendan hasta los niños en Jetaluña. No pueden pedir -y mucho menos decidir- una relación a la carta con Madrit. Estamos envueltos unos cuántos más en el asunto, y Miguel Hernández Gilabert lo explicaba así:

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

 Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

 No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

 Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

 Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

 Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

 Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.