Rosa María, Gorka, queridos (o lo que sea).

He recibido esto:

Muy amables, muchas gracias. Debe ser que ha empezado la campaña electoral.

Y así como vosotros tenéis la simpatía de contarme vuestras cosas por correo tradicional, como corresponde a los partidos políticos tradicionales, yo os cuento las mías vía blog y Twitter, como corresponde a un ciudadano actual.

Lo primero que tengo que contaros es que es muy probable que os vote. Y lo segundo es algo que sabéis de sobra. Lo hago con la misma desgana (es una forma edulcorada de decirlo) que lo haría con cualquier otro partido del albañal político español. Y también sabéis que mi voto supone exactamente lo contrario de un voto de confianza. Muy al contrario, significa que seréis el partido que más vigile y -muy posiblemente- critique. Lo de “muy posiblemente lo digo porque ya me habéis defraudado suficientemente para esperarlo. Y porque os conozco. Pero también conozco a los demás -aunque no de tan cerca- y, sinceramente, no creo que seáis mucho peores.

Hay un favor que tengo que pediros. Es inútil, pero lo pido. Sobre la celebración, en el improbable caso de que saquéis un diputadín. Y es que he tenido la desgracia (es una forma edulcorada de decirlo) de compartir con vosotros el anterior recuento de votos desde el hotel de turno de Bilbao. Ahí comprendí  que la forma equilibrada de entender a la casta política es mirarla como quien observa a un grupo de yonkis drogadictos. Eso lo explica todo. Por ejemplo, el subidón de adrenalina que emanaba del cuerpo de Rosa cada vez que el PSOE o el PP perdían el diputado que podía hacer imprescindible al único que iba a sacar UPyD. Su sonrisa desbordante parecía decir: ahora les tengo pillados por los huevos. El no drogadicto miraba estupefacto; en su ingenuidad, solo se le ocurría sumar votos “constitucionalistas” (o presuntos), sin importarle demasiado el color. U, otro ejemplo, Carlitos diciendo: no necesitamos más afiliados; necesitamos más votantes. Lo habéis debido de conseguir, porque vista la lista de Vizcaya, apuesto a que seguís siendo los mismos sesenta y pocos que quedaron cuando nos fuimos los herejes.

Esa sí que es una constante de la impagable enseñanza que siempre proporciona el chiringuito UPyD. Empezar por la más cabal y rigurosa descripción de los males que  asolan a los partidos que tenéis la jeta de llamar “tradicionales”, para sin solución de continuidad pasar a practicarlos todos. Sin dejaros ni uno solo atrás. Os ahorraré la lista, aunque sabéis que siempre estoy a vuestra disposición.

Me he desviado. Era el favor que pido. Es imposible -lo sé- y eso que mejoraría muchos puntos vuestra imagen. Si sacáis diputadín, disimulad la adrenalina. Y no vendáis una victoria mentirosa. Vended mejor una estoica responsabilidad, aunque sea igual de mentira. Queda mejor. Y hasta más “vasco”.

Pues ese ses mi gran dilema, amigos. ¿Cómo se puede votar en el albañal, sin que se lo crean? Sin que se crean que es un cheque en blanco, y que apruebas cada una de las inevitables majaderías que van a decir, o cada uno de los atropellos y corruptelas que -si pueden- van a cometer. Yo creo que no hay manera.

Siempre está Escaños en Blanco (clic) …

… y es muy de agradecer. Pero no me apetece que me quiten mi país -si es para darme a cambio caca de vaca- sin hacer nada para evitarlo.

Si también me llega una amable cartita electoral de Basagoiti o de ex-Pachindacari, lo mismo les contaré por qué no les voy a votar. No tengo manías.