Octavio

En una discusión ayer con un amigo muy querido,  me planteaba que no se podía  permitir  el derecho a convocar un referéndum secesionista en Cataluña porque al día siguiente tendríamos la proclamación del cantón de Cartagena… mi respuesta ¿Por qué no? ¿Por qué no puede Cartagena pedir la independencia?

Si le reconozco ese derecho a los catalanes ¿Por qué no se lo puede reconocer a los cartageneros?.. La contrarréplica por su parte  “y ya puesto ¿Por qué no uno mismo?”,” la mía… ¿y porque no?”… vamos, la Republica independiente de Ikea.

El derecho de autodeterminación  o la independencia (una de las formas de autodeterminación, no la única)  es un derecho de carácter colectivo… el derecho “a renunciar a tu país”, el  “pedir”  la independencia es un derecho  individual,  solo cuando la suma de voluntades individuales coincide con la posibilidad de ejercer ese derecho de manera colectiva y viable sobre un territorio tiene sentido la independencia.

La republica independiente de Ikea podría parecer que no existe, pero …de hecho existe.  Porque la realidad es que la autodeterminación no es ni mas ni menos que el establecimiento de un ordenamiento propio y cada uno de nosotros, o con nuestras parejas , establecemos las normas a las que se somete la unidad familiar, y las consecuencias del quebranto de ese ordenamiento….”nene, o te comes el brócoli …o zas, en toda la boca”.

Es evidente que la independencia  de la Republica de Ikea, termina en la puerta, es mas ni tan siquiera es una independencia completa es mas bien un estatuto de autonomía muy precario, dentro de casa rige tanto el ordenamiento propio como el externo.  Los poderes del Estado pueden traspasar el umbral de tu puerta cuando se quebranta de manera grave dicho ordenamiento.

El problema que tiene España es que el nen y la nena han decidido que no les basta con pertenecer a la republica familiar de Ikea, quieren su propia Ikealherria  en su habitación, sus propios Paisos catalikeos en su “chambre”.

Se trata de una cuestión de viabilidad , eso sin tener en cuenta que también existe una cuestión de derechos que deben ser abordados, los del hermano pequeño que comparte habitación y al que nadie pregunta y que a lo mejor quiere seguir viviendo con los papis o tener su propio Valle de Aran en terrenos de  la zahúrda compartida con el adolescente secesionista.

Cataluña, parece  puede ser viable….ojo, y Lérida, Badajoz, el Valle de Aran, Logroño…cualquier taifa puede ser ”viable, débil, pobre, fané y descangachada”, y  mas o menos dependientes económicamente de su entorno, pero formalmente independientes, con sus Estaditos y sus cosas de independiente (por ejemplo, corrupción propia y no importada, lo que se conoce como chorizo identitario).

Pero el derecho a ser mas pobres que las ratas o a tirarse por el puente de Alcántara, que es lo que resulta de la autodeterminación no puede rechazarse por el miedo al efecto contagio  “cantonero”.

Somos mayorcitos y debemos tomar nuestras propias decisiones y asumir sus consecuencias.

Mi opinión al respecto de la autodeterminación catalana , vasca o cartagenera se divide entre tener claro que el ámbito de debate y consulta sobre esta cuestión es  el conjunto de la  nación española por ser cuestión cuyas consecuencias , nos afectan  a todos y  el derecho que le reconozco al  “alterum “ a no querer vivir juntos.

Para poder abordar definitivamente el problema es necesario hacer un ejercicio mental… escapar del derecho colectivo de autodeterminación  o el de unidad y centrarnos en los derechos individuales   y  pensar en el “supuesto” derecho del otro como si fuera real y justo (no digo que lo sea ,digo ponerse en el lugar del otro).

  • A)     “B no tiene por qué renunciar a ser miembro de un  nuevo país”
  • B)      “A no tiene por qué renunciar a la unidad de su país actual”

Se trata por tanto de  un contrato entre partes y para abordar la cuestión  podemos recurrir al Código Civil español, una obra de arte  (en el derecho) que muchos se han propuesto arruinar a favor de dejar su huella y su minuto de gloria en la historia.  Y más concretamente a las condiciones para que exista contrato.