La idea es vieja, y con la discusión del cambio climático se ha dicho una y otra vez. Pero en general como queja en los comentarios, rara vez como un tema de discusión por sí mismo. El diferente enfoque de un problema, y de motivaciones, entre académicos y profesionales.

Judith Curry tiene un gran artículo con ese dilema. Recomiendo mucho:

Es especialmente indicada para hacerlo, siendo al tiempo académica del clima y profesional de la predicción meteorológica. Lo mejor es leer lo suyo, pero se puede resumir de una manera rápida.

Para el académico el quid de la cuestión no es acertar o no equivocarse. Más bien se trata de dar con una idea novedosa, que sea bien recibida por el ambiente, y que reciba publicidad. Eso representa subir en el escalafón, y de disponer de más dinero para futuras ideas brillantes. Que resulte cierta, especialmente en una ciencia de frontera que lo que pretende es ir avanzando a trancas y barrancas con el conocimiento, es lo de menos. Ya se verá, y a saber cuándo. Su último agobio es preocuparse por haber sopesado bien las incertidumbres. Eso es cosa de los pusilánimes.

Para el profesional  es justo al revés. Lo primero es que no se caiga el puente. Porque, al contrario que para el académico, ese sería el último puente de su carrera. Cuenta Judith la enorme cantidad de dinero que puede implicar, para un cliente, informarle adecuadamente de las posibilidades de que llegue un huracán a su zona de interés. Y que si la caga, adiós cliente. O muchos clientes.

Si te equivocas en ese medio ambiente, mejor te aseguras de aprender de tus errores, o reajustas cómo presentas la incertidumbre de tu previsión.

Que justamente se está convirtiendo en una de sus especialidades en la discusión del “calentamiento global”. El manejo de la incertidumbre. Y como era de esperar, los profesionales le entienden todos, mientras los académicos casi ninguno.

Es un dilema que puede ver cualquiera, a poco que piense. Una verdad autoevidente, derivada de la diferencia ente los sistemas de premios y castigos, de académicos y profesionales. Y sin embargo nadie se ha molestado en sacarlo a la palestra como un tema principal. -¡Eh, ojo!, que para esta gente la incertidumbre y el error no quiere decir lo mismo que para ti-. Para ellos son básicamente irrelevantes. Pero yo creo que el problema es que lidian con otros de la misma cuerda. La chusma política. Para la que el error es con pólvora del rey, y cuando se note, que arre el siguiente. ¿Como si no podría Obama elegir a John Holdren como el asesor científico de la Casa Blanca, cuando lo más destacado de su larga carrera es haber hecho un montón de predicciones apocalípticas, pero un montón, y no haber acertado ninguna?

Curry acaba así:

Con la creciente relevancia de la ciencia del clima en la toma de decisiones y regulaciones, debería de incumbir a las instituciones que apoyen a la ciencia para traer perspectivas profesionales  a la interacción entre la ciencia del clima y la política. Sin embargo, ni siquiera veo que se mencione la cuestión; las instituciones parecen enfocadas en la “comunicación de la ciencia del clima”, como si fuera una forma de hacer las propuestas más sabrosas. Hay una desconexión fundamental aquí, que probablemente es obvia para la mayor parte de los habitantes de la blogosfera, pero que no aparece en el radar de la academia.

No sé, Judith. ¿Podría ser que no les interese en modo alguno?