¿Merece la pena hablar de los payasos que nos toman por idiotas? Es un drama. Por una parte parece obligado hablar. Aunque no sea más que para que confirmen que no somos idiotas. Y por otra parte, el grado de subnormalidad del debate es de tal calibre, que da vergüenza entrar en él. Si la ley dice que puedes hacer algo, no está diciendo que tienes que hacerlo. Etc. Lo comprende un niño lactante, pero no un ministro del PP. ¿Y ahora? ¿Qué se hace cuándo ya se le ha explicado mil veces, y el tipo insiste erre que erre? Porque la gran duda es si llegó pre-idiotizado al cargo, y fue elegido por eso, o era manifiestamente post-idiotizable, y de ahí su elección.

No se puede seguir. No cabe más que tirarle huevos por la calle, o empezar a largar una ristra de insultos de no acabar nunca. Y tampoco es plan.

Menos mal que quedan algunos con la cabeza fría (o con cabeza, vaya). Como Mikel Buesa, que trata de poner en su sitio la política penitenciaria de reinserción de etarras (vía Nanclares). Aunque me temo que no hay ninguna posibilidad de que el pre o post idiotizado vaya a actuar como si lo comprendiera.

Mejor seguir con lo de Mikel, y su gran estudio del asunto, y dejamos de seguir hablando del aparente subni.

El menistro no está en Twitter, así que no le puedo avisar de los elogios.