Hace poco resaltábamos una campaña falaz de los alarmistas del cambio climático, que ante la falta de calentamiento han decidido asustar a la población con la idea de peligrosos “extremos climáticos”, que ya estarían ocurriendo. Como ciencia es ciencia basura, ya ha producido algún escándalo en ambientes académicos. Pero como guerra de propaganda a favor de una política estatista es muy eficaz.

Por ejemplo, James Hansen en el New York Times:

Y el caso es que es verdad, aunque no en el sentido que lo plantea. Los efectos de la teoría del cambio climático están aquí, y son peores de lo que pensábamos:

La “carbonofobia” implicaba la demonización de los combustibles fósiles. Y demonización implica acabar con ellos, sea como sea. Al Zapatero modo. En USA les dió por hacer etanol a partir de maíz, para usar menos combustibles fósiles. Es muy dudoso que los objetivos se consigan, pero aun así se utiliza muchísimo maíz en el proceso.

Este año han tenido una sequía fortísma en las zonas de producción de grano. Con una cosecha muy inferior, y teniendo que mantener la producción destinada al etanol, se calcula que necesitan usar el 40% de la cosecha para el etanol. Lo que solo deja el 60% de la misma para la alimentación de personas y ganado. Y con la importancia que tiene en el mundo la producción americana, la subida de precios de los alimentos va a ser brutal.

Así que es cierto lo que dice Hansen. La vaina del “calentamiento global” ya tiene efectos notables, que estamos sufriendo. Una sequía por lo demás igual que las de los años 30 del siglo pasado, hoy es mucho peor. Porque las gracias de los ecologistas hacen que disminuya el alimento disponible, mucho más allá de lo que provoca la naturaleza.

Francia, India y China van a protestar en el G-20, y la ONU pide que Obama cambie de política, al menos provisionalmente. Intentan evitar la hambruna propiciada por el ecologismo de la demonización y el “como sea”.