4 agosto 2012


Y podríamos hablar de la jaja-pública, en lugar de la re-pública. Aunque algunos le llaman partitocracia. Es lo mismo, pero con jaja-pública parece más claro.

Se creen inteligentes e incisivos, cuando solo han perdido cualquier freno procedente del raciocinio, y la desinhibición es total. (Puntualización para los chicos Logse: una persona mamada están transitoriamente desinhibida).

Este caso le toca a la izquierda, pero en absoluto es exclusivo de ella. Aunque sí suele caer con mayor estrépito. Y creo que se me podrá permitir la operación @iescolar = “la izquierda”. El pollo es tan automático y tal lineal, que vale perfectamente.

Esta movida concreta le ha tocado a Ana Pastor. No tengo el gusto de conocer su quehacer profesional, salvo un trozo de la famosa entrevista del pañuelito con Ahmadineyad. Vía Youtube.

No pude atender les palabres. No era sólo el pañuelo. Esa espalda inclinada; esa cabeza algo gacha – aparte de vergonzantemente semioculta – mirando de abajo hacia arriba;  la manos juntas. El “pack” completo del gesto sumiso. Parecía estar simbólicamente arrodillada, mamándosela al sarraceno. Ya, ya, iraní; lo sé. Es igual; para el caso, el incivilizado abusador de mujeres, adorado por una mujer española en representación de su televisión pública. Supongo que será feminista, y todo lo demás.

Vale, no se trata de Pastor. No es más que el símbolo, y no se puede ser tan guapa sin que tenga consecuencias. La protesta payasa de la izquierda automática es por un montón de periodistas, a los que al parecer han dado la boleta. Ni más ni menos que cuando llegó Felipe. Y Ansar, y Zapatero.

La buena noticia es que la chavalería entiende perfectamente el mensaje:

La mala noticia es que a la chavalería le parece normal. Cuando mandan ellos, es la hora de montar el pollo por el abuso. Cuando mandan los otros, se trata de recordarles que los votos mandan, y ajo y agua. Y aquí no hay Escolar que se avergüence por una bestialidad de este tenor. Pero ni un poquito.

Nunca falla. El truco consiste en que, agitado el trapo del peligroso enemigo, el kindergarten olvida que la fiesta la pagan los pringados. Casi todos. Los abusones cambian. Más o menos, porque siempre habrá alguna autonosuya a la que agarrarse. El el pagano no cambia nunca. Y sin embargo traga. Está por los payasos de izquierda, o los de derecha, o los de su puta madre.

  • El PP nos va a obligar a cerrar 16 hospitales.
  • Espanya ens roba.
  • El problema es Zapatero.

Y nadie les exige que lo hagan bien a los que ha votado, cuando mandan.

Es de cajón; así no tienen la menor motivación para hacerlo bien. Para lo que sí hay motivación es para mantener unos votantes lo más asnos que se pueda, digamos Escolar, y para agitar el fantasma de la cizaña y los cuentos de buenos y malos. O sea, LOGSE. O sea, EpC. O sea, RTVE. O sea, guerras de lenguas. O sea, Taifas. Y muchas banderitas de lindos colores. Todo para que no se vea lo que pasa con la pasta.

Yo no creo que sea ninguna sorpresa que el sistema esté petando. Si acaso sorprende es que haya tardado tanto. Y cuando pete del todo, lo peor es que la chiquillería seguirá sin saber cómo ha sido, y no se va a corregir. Argentina, pero en trozos pequeñitos y sin recursos naturales. Que divertido es el circo.

Dedicado al ganado de “Menéame”, angelitos, que solo quieren quemar parlamentos y cortar cuellos. Esas cosas [-->].

Mientras tanto, entre salvajes y payasos, el PSOE opina que el artículo 155 de la Constitución es … ¡tachán! … ¡¡¡anticonstitucional!!! Clic.

Nunca he creído en el Volkgeist. No trago que haya una continuidad de personalidad o forma de ser entre, por ejemplo, españoles, franceses o ingleses del siglo XVI, y sus correspondientes actuales. Sin embargo, es poco discutible que en una época determinada en cada país hay, sino una, al menos varias formas comunes de ser, que se pueden considerar como parte de una especie de “personalidad colectiva”.

Por ejemplo, en España hay una tipología tan extendida que se puede considerar característica. Consiste en el abuso de la frase campanuda, unida a una ausencia total del sentido del ridículo, por la que se sustituye la realidad por los deseos, contra toda evidencia o racionalidad. Zapatero era un abanderado de esta forma de ser, tan española hoy. Pero el clásico más auténtico probablemente sea Iñaki Anasagasti. Un primor.

Ayer pasé por delante de una televisión que estaba encendida. Ponían lo de los juegos olímpicos de Londres, y estaba a punto de empezar una prueba de natación. Me acordé de nuestra amiga V., siempre colgada de los temas acuáticos en su secarral. Y en honor suyo, me paré a verlo.

Un rollo, porque en vez de salir todas las nadadoras más o menos juntas, y empezar rápido con la cuenta atrás y la zambullida, hacían un “show” de presentación de cada participante. Una a una. Cuando ya habían pasado varias, y estaba a punto de irme  visto lo que iba a tardar, me sorprende una que va por la pasarela con una enorme bandera española a modo de chal o bufanda. Era la única que llevaba un aditamento “nacional”, que no pegaba ni con cola. Luego debió de ganar una medalla de plata, aunque no llegué a verlo.

Pero para Anasagasti, don frases surrealistas, la realidad tiene unos matices prodigiosos:

Esta imagen debe de ser de después de la prueba, pero vale lo mismo:

Por otra parte, parece que Euzkadi (como lo escribe Anasagasti – siguiendo al tarado de Arana) dedicó su medalla a entes prohibidos por el calvo vergonzante:

Espero que la gente haya disfrutado con nuestro deporte desde España y desde el País Vasco. Estoy muy contenta de que se hayan emocionado conmigo y de que me apoyaran tanto.

Nuestro desinhibido héroe también protesta porque no les dejan. -No nos dejan “presentarnos”- dice. ¿Pero quién es “nos” para Anasagasti? ¿Los que quieren seguir siendo españoles, pero Anasagasti se lo va a prohibir?

Seguro que Anasagasti es vasco, y no español. Esas cosas son muy discutibles, según Zapatero, y aquí cada uno es lo que se siente. Pero para los demás será lo que le sientan, digo yo. Por ejemplo, estoy seguro de que si mi abuela se lo hubiera tropezado por la calle, sin saber nada de él, al verle tan feo, calvo y tripón, hubiera dicho: por ahí viene la gloriosa infantería española. Era una frase muy suya. No tenía nada de nacionalista vasca. Al contrario, los nacionalistas le parecían unos payasos, y Arana el payaso mayor. Pero sí era una carlistona muy de la época, que se consideraba muy española, pero siendo al mismo tiempo una  (absurda) racista de cuidado. Más o menos como el padre de Arzalluz, calculo, en el tercio Oriamendi.

Odiar España abrazando una payasada es una de las formas más características de ser español, hoy. Y el maestro, Anasagasti. Pues nada, maestro, 3 -0, creo. O como usted prefiera. Yo en cambio me siento japonés. ¿Qué tal?

Sayonara [-->].

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