Siempre habrá alguna Maleni malpensada criticando [-->] que se trata de una pose, un fardar. Pero no; es cierto que no veo la tele. Básicamente nunca. Calculo que siete u ocho veces al año: La final de Roland Garros, y aproximadamente una tercera parte de las carreras de fórmula uno (las que me pillan en casa).

No fue una decisión repentina. Ni siquiera consciente. Recuerdo cuando estaba a punto de empezar la televisión privada en España, lo comenté en Italia, que iban adelantados.

A mi me parecía una gran cosa pasar de dos canales en monopolio, y con rémoras de moral meapilas y franquista, a muchos canales en competencia, y libres. Pero los italianos me aseguraron que una vez pasada la alegre novedad de la exhibición de culos y peras, el bajón de calidad había sido impresionante. Y así ocurrió en España.

El primer paso fue cambiar los noticiarios de la tele por los de la radio. ¿Cómo se pueden soportar unas noticias en cuya entradilla, como plato fuerte, figuran los deportes, y en las que el grueso de la información es una amalgama de dramas personales (mujeres fostiadas y cosas así), e imágenes escabrosas de accidentes con mucha sangre? El segundo, grabar las pelis buenas de malos horarios, para verlas al día siguiente. Y con internet ni siquiera hace falta grabarlas (aparte de que queda menos tiempo para verlas), así que, ¿qué motivo hay para ver la televisión?

Ayer tuve un motivo.

¿Buen motivo, no? No solo por Godiva; había otros economistas, de tendencias diferentes, y se trataba de la discusión. ¿De dónde salen las pelas que no hay, y dónde se corta el gasto? Dado que tenemos que sacar el culo del fuego, y decidir cómo hacerlo, nada mejor que contrastar las tesis en debates, y hacerse una idea. Y nada como, por ejemplo, María Blanco y Antonio Manuel Carmona esgrimiendo cada uno lo suyo.

Vale, ya me imaginaba que un debate de la tele de ahora no es como La Clave de Balbín. La LOGSE ha debido de licuar los cerebros de la población hasta el punto de que no pueden soportar un argumento expuesto durante más de dos minutos seguidos. No les cabe. Así que ya esperaba una sucesión de intervenciones muy breves, con el conductor mirando el segundero, de forma que la población de débiles mentales espectadores lo pueda digerir. Era un problema con el que contaba. Con lo que no contaba es con el atrevimiento de llamar debate a un programa al que invitan a Pilar Rahola.

Solo pude aguantar el tramo entre dos tandas de anuncios. Y María no tuvo cancha entre el tono gritón y el polemismo barato de Pilar Rahola. En Twitter había quien empleaba la expresión “verdulera”. Como no me como el paisaje, no podría decir. Pero sí me recordó a la gresca que podías esperar entre pescaderas, en el mercado de la Isla de Arosa, cuando todavía era isla.

Habla uno que no me quedé el nombre, pretendiendo explicar lo que se podía hacer, y cómo, y  alabando una actitud del gobierno, que según él ha estado diciendo la verdad.

Y Rahola:

- ¿De verdad me estás diciendo que el PP ha dicho la verdad? ¿Pero de verdad me estás pretendiendo decir que el PP ha dicho la verdad? ¡No me puedes estar diciendo que el PP ha dicho la verdad! ¿O es que te olvidas de Rato en Bankia vendiendo preferentes? (Y bla bla bla con lo mismo, en ese tono gritón tan ordinario).

Acojonante. El pobre cuitado había dicho “el gobierno”. Rato no tiene ningún cargo en el PP, y mucho menos en el gobierno. Pero a la polemista navajera le da igual lo que diga el otro. Ella tiene sus demonios y su gritar, y a partir de ahí ya no queda la menor oportunidad de debatir (contrastar argumentos válidos), por no mencionar la posibilidad de que el espectador piense. Y a todas estas, Godiva mirando al moderador y levantando el dedito, como para pedir paso.

Pero me gustó ver los pocos minutos que pude aguantar, hasta que llegó la publicidad salvadora y apagué el horrible aparato. Me pareció un resumen perfecto de España, hoy. Donde nadie piensa, y solo tiene voz el que grita las consignas con mayor volumen. Y un drama para la poca gente que pretende participar en el debate que no hay, con un discurso racional. Si no participan, no tienen voz. Y si participan, lo que hay es Pilar Rahola, y la gresca a merluzazos en el mercado de la Isla de Arosa – cuando casi nadie se atrevía a entrar.

Pero parece que eso es lo que produce “espectadores”. Supongo que también votos. Está claro que vamos a salir de la crisis en un pispás. A raholazos.