Los reconciliadores son unos tipos muy raros. Pasan, sin que se sepa por qué, de querer que te alojen una bala en la nuca (o aplaudir, comprender, etc), a querer reconciliarse contigo.

La reconciliación no pasa por la venganza o el ojo por ojo

Ya, vale, muy bien. Ahora se dedican a dar clases sobre “la reconciliación”. Son expertos, vaya, y te explican cómo va la cosa. Antes también te explicaban, pero otra cosa distinta. ¿O será lo mismo? El problema es por qué pensará el Pernando Barrena ese que nadie quiera “la reconciliación”? Si cambia lo de “ojo por ojo”, y lo de “venganza”, por justicia (que es a lo que se refiere), él mismo acaba de esgrimir el motivo perfecto para abominar de lo que trata de imponer.

RAE, Reconciliación:

Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos.

No sé si Parrena piensa en vascuence, y habla mal,  o realmente se le pasa por la cabeza que alguien medio normal quiera amistad alguna, o ánimos unidos, con su peña. Podían haber elegido decir que estaban equivocados. Admitir que los conflictos y desacuerdos varios son el estado normal de cualquier sociedad, pero que la civilización consiste en no resolverlos con asesinatos por la espalda, bombas, extorsiones, amenzas, palizas, y otras estrategias copiadas de los fascismos. Dime a lo que estás dispuesto para conseguir lo que quieres, y te diré qué tipo de bestia eres. Y en esa elección no cabría ninguna extravagante exigencia de reconciliación, claro.  Con el tiempo, con mucho tiempo de portarse como civilizados, las cosas se irían olvidando, naturalmente. O al menos perdiendo mordiente y picor. Pero han elegido decir que estaban en lo cierto. Que tenían derecho de asesinar. O al menos una disculpa tan buena como para que ahora se trate de “volver a las amistades”.  Sin querer comprender que hay actos y actitudes que no sin dignos de amistad. Ni por tanto de reconciliación. No lo eran antes, no lo son ahora, y no lo van a ser nunca.

Otra cosa es una convivencia más o menos civilizada. Pero para eso basta con tener unas leyes normales (asimilables al entorno cultural), y meter a los asesinos y sus ayudantes en la cárcel. Y señalar a sus aplaudidores como lo que son. Peligros sociales. Sociópatas.

En esta campaña por “la reconciliación”, otra bella palabra para esconder una aberración moral, cuentan con innumerables ayudas. Entre ellas, las de muchos recogenueces, pachis, y hasta pepes. Por eso COVITE se ha lanzado a explicar lo que jamás debería ser necesario explicar en un país no enfermo. Lo cuentan así:

Como sabéis el mes pasado iniciamos una campaña de videos de muy corta duración (3 minutos) para ser difundidos por las redes sociales  y medios digitales, con el objetivo de dar a conocer los 326 atentados mortales de Eta que cuando se inicio la campaña se encontraban sin esclarecer. Los videos os recordamos que están dirigidos por Jorge Martínez Reverte por encargo de Covite.

Os pasamos los enlaces uno en castellano y otro en versión subtitulada en ingles del tercer video realizado dentro de esta campaña “videos contra la impunidad” donde se recoge el testimonio de Javier Urquizu, hijo de  José María Urquizu Goyogana. Teniente coronel del Cuerpo de Sanidad asesinado por ETA el 13 de septiembre de 1980 en Durango (Vizcaya).

Se ruega máxima difusión por la red y medios de comunicación digitales.

Que nadie se quede sin saber que más del 40% de los crímenes de Eta no están resueltos.

Gracias,

COVITE

Pero es al revés. Es COVITE quien merece las gracias. No se trata de justicia sólo para las víctimas, sino para la sociedad. Y las víctimas están tratando de impedir, casi en exclusiva, el triunfo de la barbarie.

Hoy, Urquizu; mañana, otros: