Viene de El Blog de Guals:

Le da caña a Pilara Rahola, por sus chorradas / mentiras habituales. Pero yo me centro en un solo punto de la entrada. Uno de mis favoritos de siempre; la identidad. Y ya que está escrito, cumple el tema, y cumple en longitud, lo traigo a la sección “identititis.


Lo de la propia identidad me parece sublime. Pongamos que yo no hablo vascuence, pero mis antepasados sí. ¿He perdido parte de “mi propia identidad”? Imposible; nunca he hablado vascuence, no ha podido ser “parte de mi identidad”. Entonces eso de la “propia identidad” adquiere tintes especiales. O bien se trata de la identidad de mis ancestros (no la mía), que debo conservar (por un mandato cuyo origen ignoro), o bien se trata de un “deber ser”. La identidad que debería ser la mía, pero que yo, degenerado, he “perdido”. Confieso que este es el momento en el que empiezo a tener miedo.

El colega Guals es parco:

Gracias por sus comentarios, un saludo.

De nada.

Una lástima, quería entender eso de la pérdida de la propia identidad. Saber si debo considerarme un degenerado (identidad inadecuada), o simplemente un faltoso de identidad. Una especie de “border line” en cuestión de identidad, por así decir.

Pero al final no me queda más remedio que irme acostumbrando. Los apreciadores de la identidad no son nada apreciadores del debate sobre su aprecio. Como buenos amantes, no discuten sobre el objeto de su amor. Y eso hace el objeto inaprensible. Cosa razonable para un amante, que naturalmente no desea que nadie agarre a su amor. Pero no muy razonable desde el punto de vista del discurso y conversación públicos. Unos hablan todo el tiempo de prodigios como la perdida de la identidad propia. Pero dando por supuesto que los que no entendemos de qué diablos hablan, deberíamos de entenderles – sin mayor explicación. Así no llegamos a ningún sitio.

Aunque me puedo poner en su lugar. Solo una vez me encontré a un tipo que estaba dispuesto a explicarlo. Profesional, nada menos. Era filólogo, y se dedicaba a enseñar a dar clases en vascuence. Me explicó:

- Una lengua te da una forma de ser, de pensar, de sentir.

- ¿Una forma mejor que la que ya tengo?

- No, una forma más, lo que te hace más completo.

- No estoy seguro si pensar, ser, y sentir de dos formas diferentes me haría más completo, o más mareado. Pero no creo en la idea, por mucho von Humboldt que la cacareara. Afortunadamente en el Páis Vasco tenemos el campo experimental perfecto para averiguarlo. Vamos a San Sebastián. Unos hablarán solo español, y otros español y vascuence. Como los segundos tienen una forma más de ser, sentir y pensar, será fácil diseñar un test, y con él averiguar quién es quién. ¿Apostamos?

otro pueblo para el Kalendari

Nunca volvió, claro. Y desde entonces estoy buscando esa identidad que he perdido, y no sé cómo ha sido. Sin éxito. ¿Aceptaría nuestro amable anfitrión la apuesta que el vascuences no aceptó? De lo contrario debería contemplar la posibilidad de estar hablando (y llamando pérdida) a algo que no se puede ni siquiera sentir o notar desde fuera. Y entonces tenemos que:

1. Yo no puedo saber de mi pérdida, porque nunca he poseído lo perdido. Salvo que el amable anfitrión me lo explique (y a mi se me ocurra creerle)
2. Nadie desde fuera puede advertir mi pérdida, esa triste mono manera de ser, pensar, sentir.

La sugerencia, casi automática, sería: ¿por que no dejamos de hablar de identidades – perdidas, halladas, lo que sea? Así nadie sabe de la pérdida de nada, y todos tan felices. A nos ser que se trate de imponerle una identidad al que creemos que la ha perdido, con esa justificación que no hemos proporcionado. Pero eso sería, estrictamente, un “identicidio”, o un “imperialismo identitario”. ¿No? Yo apuesto por que se trata de una abducción de la filosofía madre que gasta Rahola, en la que ha caído Guals.