Los del PP son como son, marianos, y ya lo sabíamos antes de votarles. Pero, ¡rediós!, podían cortarse un pelo, estando las cosas como están. Ahora resulta que les ha dado por preocuparse por la imagen del país, pero no porque los nazis aplaudidores de asesinos gobiernan en muchos sitios – y más que se espera. Ni tampoco porque Don Teledeporte hace el ridículo internacional llamándole no-rescate a un rescate. Mucho menos por las extendidas y justificadas dudas de nuestra capacidad de pagar nuestras deudas. Y no se les ha pasado por la cabeza la   idea de que pueda resultar una mala imagen el pretender resocializar a terroristas, sin pedirles que muevan ni una ceja. No, nuestro gran problema de imagen es que ¡hay putas en las carreteras! ¡Toma ya!

La de la imagen de arriba está “pillada” por Google Street View, para gran consternación de  Consol Cantenys, entonces consejera comarcal de Alt Empordá.

“mancha la imagen del territorio” y es “ofensivo” para las chicas. [–>]

Debe manchar lo que el Palau no mancha en todo el centro de Barcelona y de la Res Publica. Y será todo lo ofensivo que se quiera para doña Consol, ahora alcalde de Vilafant (PSC). Pero para la aguerrida hetaira de carretera, es posible que lo ofensivo sea la condición económica que le lleva a una profesión que tal vez no le guste. Pero parece más que dudoso que se vaya a sentir muy “desofendida” si le quitan esa posibilidad.

Y aquí entra a saco la marianidad, en forma de ese esperpento que tenemos por ministro del interior, llamado Fernández Díez, creo. Es de imaginar que todo un campeón para la joven política profesional del PSC.

Estamos estudiando medidas administrativas y penales que signifiquen una lucha más eficaz contra la explotación de las mujeres, contra un tráfico tan degradante como ese, que da una imagen del país muy poco edificante. [–>]

Al parecer, contempla endurecer la lucha contra la prostitución a través de reformas en el Código Penal, y de multar a las prostitutas que ejerzan en las carreteras. Todo por ellas. Se trata de que den una imagen edificante. En su casa, si la tienen. O paseando por el parque con aspecto de ejecutiva en paro, y a ser posible del Opus. Con eso Fernández va a conseguir que no padezcan ese tráfico tan degradante, aunque tal vez pasen hambre. ¿Podrán pedir por la calle? ¿Será eso menos degradante, y una imagen mucho más edificante del país?

Es un espectáculo lamentable, que yo creo que a ninguna persona civilizada le gusta contemplar, y debemos de acabar con ello. [Oído por la radio]

Se me ocurre que si debemos acabar con los espectáculos lamentables, según dice el menistro cenutrio, la casta política tiene un problema de los gordos. ¿Pero cómo se acaba con el lamentable espectáculo que nos ofrece casi a diario Fernández Díaz, y el resto de sus compañeros de gobierno? ¿Se creerán edificantes? ¿Y de dónde coño habrán sacado tal idea?

Jorge Fernández Díaz entró en la política en 1978, como delegado provincial de trabajo en Barcelona. Y ya nunca se ha apeado. Visto el resultado al que nos ha traído la tropa a la que pertenece, una puta en la carretera me parece, por comparación, un espectáculo francamente poco ofensivo. Y echaría una charleta de cinco minutos mucho antes con ella que con El Edificante. Pero acepto la sugerencia de acabar con los espectáculos lamentables. Acabemos con Fernández. Et al.

¡Votad, malditos! O elegid cuál es el espectáculo lamentable. Yo voy a empezar a decir hijo de político en vez de hijo de puta.

¿Espactáculo lamentable?

No sé, es posible que si Jorge se decide a dejar de pensar en su versión religiosa de la vida como guía política, pueda comprender que para sobrevivir hay que vender. Él no, porque para políticos y funcionarios la vida es chollo, y les basta con hacerle suficientemente la rosca al jefe local de la tribu con la que circulan por la mamandurria. Pero para el resto de la humanidad, y para el país en general, o vendes o pereces.  ¿Y qué vendemos en España? ¿Cirios y salmos, Carlos Dívar, o turismo y cachondeo? Entre la izquierda – que quiere propiciar una moralina entre ecologista y etarroide – y la derecha mariana – que prefiere una moralina del Opus – aquí no hay quien venda una escoba. Nadie compra moralina; se la fabrican ellos solos. Y si no encajas escobas, no pagas los créditos. Y entonces no te fían. Y si no te fían, ¿de dónde sacamos para pagarle a El Edificante? Fernández no ha entendido que su chollo depende, entre otras cosas, de las putas de carretera cuya visión le parece tan lamentable. Vamos, que no ha entendido nada. Y así nos va, con los que invierten pensando que España ofrece un espectáculo lamentable – y no precisamente por algunas piernas en las carreteras.

Mientras, Google Street sigue, clic, clic.

Elípticus, siempre muy sensible a las imágenes, lo pone así en Facebook: