Va de política y de economía; no de ciencia. Un artículo imprescindible de Tim Worstall en the The Telegraph, recomendado por Matt Ridley (@mattwridley)

Impecable. Se pone en la postura de aceptar, sin más, el planteamiento científico del IPCC. Con la excusa muy válida de que no tiene la preparación técnica como para juzgarlo. Y a partir de ahí examina lo que se está haciendo para encarar ese problema de las emisiones de CO2 que señala el IPCC. Con la conclusión de que solo puede ser o una conspiración para aprovechar políticamente una excusa científica, visto que la cagada no puede ser tan grande por descuido.

Va directo al grano, y explica que si se tratara de conseguir la sustitución de fuentes de energía que emiten CO2, por otras que no lo emiten, lo están haciendo muy mal. Y que es imposible que no se hayan dado cuenta.

Por una parte un argumento que emplean la mayor parte de los economistas. Si quieres reducir las emisiones, la herramienta es un impuesto directo a las emisiones, y no la coña esa de los permisos de emisión y su compra venta. Ya avisaron que no iba a funcionar, y ya se ha visto que no funciona. Pero insisten en ello. ¿Por qué?

Y luego pone el foco en la política de subvenciones. Si quieres conseguir esa sustitución de energía, y de forma rápida, deberías de empezar por primar la energía sin emisiones más rentable. Por aquello de utilizar eficientemente un recurso escaso (el dinero). Pero en vez de primar la hidráulica o la nuclear, priman la solar, unas cinco veces más cara.

También le da algún meneo a los argumentos habituales:

Podríamos mirar el argumento del subsidio a la solar: nos dicen que en un par de años será rentable comparada con el carbón. Por lo que tenemos que subvencionarla ya – lo que es demencial. Si algo va a ser rentable sin subsidios en un par de años, entonces lo que no queremos es instalar ninguna ahora, sino instalarla cuando sea rentable sin subsidio. ¿Por qué vas a tirar el dinero cuando puedes limitarte a esperar?

En fin, esa línea de pensamiento, muy bien expuesta. Sin conclusión definitiva:

Ahí es dónde veo la conspiración del cambio climático. No en la ciencia básica, que puedo aceptar sin problemas. Sino en la discusión, las leyes, las regulaciones sobre lo que tenemos que hacer al respecto. Prácticamenet cada decisión que están tomando parece venir de la ignorancia, mendacidad, o incluso pura estupidez – como en el caso de la nuclear o el impuesto directo.

No he decidido todavía si es una conspiración de idiotas, o si es por jorobar.

En The Telegraph: