Garitano, esa cosa con cara de malvado de película barata que los donostiarras han puesto de alcalde, habla muy en etarra. Las mismas palabras raras que nadie más necesita usar en toda la galaxia – como normalización. Ni siquiera en la Puerta de Tannhäuser se conoce replicante alguno que haya oído hablar de normalidad democrática. Hablan de si / no democrático, que es expresión muy propia de jeta política. Pero lo de normalidad parece exclusivo del mundo etarra (léase terrorista y asesino nacionalista vasco) y concomitantes.

11 veces encontramos el palabro en una entrevista breve de Mikel Ormazábal en El País [–>]. Y como el periodista deja transcurrir la payasada sin pedir un mínimo de precisión, se nota que su idea es que la payasada se quede con nocotros. Por ejemplo:

R. Una situación normalizada sería que un parlamentario del PP y yo fuéramos juntos a votar en un referéndum por la autodeterminación y luego tomáramos un café. Cada vez estamos más cerca de que eso sea posible.

Donde falta la pregunta que resulta imprescindible si queremos entender “normalizada”:

P. ¿Se refiere, por ejemplo, a un referéndum de autodeterminación de Álava respecto de Vasquliandia? ¿Eso sería “normalizado”?

Pero no. Descuide el lector, que jamás será El País quien permita que se note que hay autodeterminaciones normales, y autodeterminaciones nada normales. Y que, sin esa precisión que tan cuidadosamente evita, solo podemos pensar que la diferencia no es más que un capricho gratuito.

El caso es que ese capricho supone un conflicto para mi. Supongo que no solo para mi, pero seguro que no es un conflicto menor que el que tiene Garitano. Y si les estoy siguiendo la lógica (no es fácil), parece que los conflictos, ya se sabe, producen “dolor”. Hasta que se convierten en cosa “del pasado”, y pelillos a la mar.

P. ¿En qué plazo habría que excarcelar a todos los presos?

R. Yo lo haría mañana mismo.

Una sociedad que quiera ser normalizada no puede convivir con un colectivo de 600 presos políticos.

Lo pone difícil esta versión vasca de Sócrates. ¿He de imaginar que si alguien a quien Garitano le suponga tanto conflicto como a mi – pero sea más desinhibido que yo – asesina a Garitano, sería un preso político en el caso de que le cogieran? ¿Y he de imaginar que la propuesta del vascopiteco  sugiere que una vez que el asesino proclame – ¡ea, ya no voy a asesinar más, porque estamos en un tiempo nuevo! – lo “normalizador” sería soltarlo a la calle cuanto antes?

Pues sigo sin entender lo de normalizar. En cambio si entiendo muy bien normal y anormal. Por ejemplo, lo que dice Garitano es una anormalidad tan extrema y aberrante, y tan peligrosa – incluso para él mismo, aunque la inteligencia no le dé para verlo – que lo único sensato sería indicarle la necesidad urgente que tiene de recibir un tratamiento. Un tratamiento de lo más fuerte que se venda en el mercado.

Lo mismo resulta que el vascopiteco, por ser la raza más antigua del planteta, necesita esquemas simples. Algo así:

  • Conflicto = normal (la vida es conflicto).
  • Asesinato ≠ normal (desde las cavernas, aproximadamente)
  • Asesino ≠ preso político.
  • Político + asesino = asesino + político = großen cárcel (cuanto más larga mejor).

Apuesto a que ni con esas. Y no solo Garitano; el mundo está lleno de llorones y Prostitucionales. O de periódicos como El País, que nos presenta al monstruo como si tal cosa.