Tal vez haya que ir cambiando Urdanpillín por Urdantontín. Manda narices que sabiendo los emails comprometedores que le había escrito a su socio Torrres, se haya dedicado hasta ahora a tirarle mierda. Y hoy se habla de pacto con la fiscalía. O de su intento.

Todo ello tiene mucho morbo, y la chiquillería está muy entretenida con el pollo del balonmano, y con la Casa Real. Y es cierto que puede haber anécdotas jugosas. Pero lo que dice la prensa que sería la sustancia del pacto, tiene de todo menos de anécdota.

Según El País, Urdangarín se ha ofrecido a devolver 1,7 millones de euros públicos malversados, aunque será una pericial de Hacienda la encargada de ajustar los cálculos de la fiscalía sobre las partidas malversadas y los fondos públicos desviados por facturación falsa. [-->]

La prensa está destacando la cantidad de pasta, el aceptar una condena de dos años de cárcel, que les permitiría evitarla, y los emails comprometedores para su familia política. Lo que no veo es que estén señalando la madre del cordero. Malversación.

RAE:

Delito que cometen las autoridades o funcionarios que sustraen o consienten que un tercero sustraiga caudales o efectos públicos que tienen a su cargo.

Si la definición de la academia es jurídicamente correcta, que no lo sé, supongo que Urdanpillín solo podría ser un colaborador en un delito de malversación, aunque sea el beneficiario. Y desde luego el idiota que ha metido la pata dejando rastros por todas partes. Pero no son cosa suya ni la responsabilidad del delito, ni las condiciones que lo han permitido. Los custodios de ese dinero (de todos) que han estampado la firma para que vuele, son otros, y de nombres y cargos bien conocidos. Y los que le han dado a Urdanga la “auctoritas” que ha ablandado a los custodios, lo mismo. Visto así, parece muy difícil que estemos hablando del caso Urdangarín. ¿Caso España? Tal vez fuera más adecuado.

Pero aquí los que mandan son las cúpulas de los partidos políticos. Los firmantes y custodios de parné. Y no destacan por su tendencia a dar un paso al frente y poner la cabeza bajo la guillotina. Con lo que la mejor apuesta sería que el caso España se puede reconvertir en el caso Monarquía. Lo tienen a huevo. El ambiente de opinión pública lo ha ganado desde el principio el “juancarlismo”, nada monárquico en realidad. Llevamos 30 años aplaudiendo unas características bastante extravagantes de nuestra Casa Real. La campachanía. La, digamos, “realeza democrática”, que hace de la dinastía una “gente normal”, como cualquiera. No queda más que sumar dos y dos. Si quieres una monarquía de gente muy normal, y has creado un estado cuya esencia es el latrocinio público, ¿cuál será el resultado?

Lo que se podía esperar. Lo mismo que se puede esperar que los amos del chiringuito se van a deshacer del kleenex que, ¡vaya, qué contrariedad!, resulta que estaba usado. Si acaso queda una duda. El nombre del kleenex. Puede ser Monarquía, pero también puede ser un cortafuegos llamado Juan Carlos. El primer caso sería un cristo muy gordo. El segundo puede valer, pero es un truco de una vez cada cuarenta años, más o menos. Vamos, que sólo hay un comodín en la baraja.

No tiene nada que ver, pero es la fecha: