1 mayo 2012


Menos mal que los americanos son una pandilla de patanes incultos, y nosotros lo más cultivados de la tierra. Porque si no fuera por eso, al ver que en el congreso USA los mismos científicos que hacen la ciencia discuten delante de los representantes, o al ver que en la tele ponen a discutir a Paul contra Paul, cualquiera pensaría que aquí somos un poco asnos. O borregos.

También podemos caer en la añoranza, y recordar que hubo un tiempo donde en la tele había un programa llamado La Clave. Mil veces mejor, por el tempo, que este vídeo. Conviene recordar quién se empeñó en eliminar una idea así, y quien en no reponerla.

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Vía: Asís Timermans (@AsisTimermans)

Al grano. Han liado un laberinto increíble, perfectamente útil para que la gente se pierda por las ramas, y para poder usar la disculpa de que solo los sacerdotes lo entienden. También han intentado por todos los medios que no haya discusión. Impidiendo el acceso a la revistas a las opiniones críticas. Tratando de acoquinar al discrepante con un apelativo que acojona. ¡Negacionista! (=> nazi, criminal, racista, etc). Y explicando que el sacerdocio tiene un consenso, por lo que no hay más que hablar.

Pero les ha salido mal, y sí hay de lo que hablar. Anunciaron el apocalipsis, y dejaron que la prensa y otros voceros exageraran cuanto quisieran sin pararles los pies. Gran truco. El científico dice cosas suficientemente oscuras, y el interpretador anuncia el fin del mundo – si no te portas como toca. Y luego el científico pretende alegar que él no ha dicho tanto. Pero el juego se ha acabado. El sumo sacerdote de Gaia, James Lovelock, ha dado un puñetazo sobre la mesa.

“El problema es que no sabemos lo que está haciendo el clima. Hace 20 años pensábamos que lo sabíamos. Eso condujo a algunos libros alarmistas – el mío incluido – porque parecía un caso claro, pero no ha ocurrido”.

Así que ha llegado el momento de alumbrar qué dicen los científicos de uno y otro bando, y no sus portavoces. ¿Dónde está la discusión? No es nada difícil cuando se quita la paja.

De Real Climate, el blog de cabecera de los alarmistas del IPCC [-->]:

Los puntos principales en los que la mayoría estaría de acuerdo como “el consenso”, son:

  1. La tierra se está calentando.
  2. La gente lo está causando.
  3. Si las emisiones continúan, el calentamiento continuará, y sin duda se acelerará.
  4. (Esto será un problema y debemos de hacer algo al respecto)

He puesto estos cuatro puntos en orden de certidumbre. El último está entre paréntesis porque aunque muchos estarían de acuerdo, otros (que sí están de acuerdo con 1 -3) no lo estarían.

También añade que las consecuencias no son cosa que estudien los físicos del clima, y de ahí lo de poner entre paréntesis el último punto.

Es un planteamiento correcto sobre lo que realmente dice la mayoría (no consenso) de la literatura científica. El problema es que el significado no es tan obvio como podría entenderse. Por ejemplo, con un calentamiento de 0,5ºC en el siglo XX, y uno de 0,6ºC en el XXI, y uno de 0,7ºC en el XXII, se cumplirían las condiciones del consenso (calentamiento y aceleración), y no habría el menor problema. Porque a ver quién es el guapo que se atreve a decir qué usaremos dentro de 300 años para producir energía.  Así que puede perfectamente haber un área de coincidencia entre lo que dicen los alarmistas y lo que dicen los herejes. Que, resumido por Lindzen [-->], es:

Dicho brevemente, voy a tratar de aclarar en qué consiste realmente el debate sobre el cambio climático.  Ciertamente no es sobre si el clima está cambiando: siempre está cambiando. No es sobre si el CO2 está aumentando: claramente está aumentando. No es sobre si el aumento del CO2, por sí mismo, producirá algún calentamiento: debería. El debate es simplemente sobre cuánto calentamiento puede producir el incremento del CO2, y la conexión entre ese calentamiento con las innumerables catástrofes de las que se habla. La evidencia es que el incremento de CO2 producirá muy poco calentamiento, y que la conexión de este mínimo calentamiento (y aunque fuera significativo) con las pretendidas catástrofes, es también mínima. Los argumentos en los que se basan las afirmaciones catastróficas son extremadamente débiles – y normalmente son reconocidas así. A veces son claramente deshonestas.

Se ve que Lindzen (que está contestando a los alarmistas) ha añadido un término nuevo. Las innumerables catástrofes de las que se habla. ¿Por qué? Porque los alarmistas van cambiando la tesis, y el resumen del consenso que hemos elegido es de 2004. De entonces a acá ha ido quedando cada vez más claro que no hay el calentamiento previsto. Al menos de momento. Y los alarmistas se han sacado de la manga otro argumento, muy fácil de manipular y de usar para el engaño. Las innumerables catástrofes. Medidas en dinero aumentan, pero porque ha aumentado el dinero que se puede perder por las mismas catástrofes de siempre. Si hay más casas por donde pasa el mismo huracán, habrá más pérdidas. Pero el huracán no ha cambiado.

En resumen, se trata de cuánto calentamiento es capaz de producir ese CO2. Una vela encendida en el patio de armas de un castillo lo está calentando. Pero a nadie se le ocurre vender el abrigo. ¿De dónde viene la alarma? De un solo sitio: los modelos de los alarmistas. Lo explica Heidi Cullen, científica de la alarma, y portavoz autorizada:

Hemos visto aproximadamente 0,7 ºC de calentamiento el siglo pasado. Vemos aumentar el CO2. Por sí misma la madre naturaleza no puede hacer esto. La actividad del sol.los volcanes, y las variabilidades de otro tipo son importantes, pero por sí mismas simplemente no son capaces de producir ese calentamiento que hemos estamos experimentando. Los modelos climáticos lo prueban. [-->]

Perfecto. Solo nos hace falta echar un ojo a esos modelos. La pretensión es que son capaces de explicar el calentamiento del siglo XXI. ¿Es eso cierto?

No tanto. O no. Primero que cada modelo dice una cosa. Entre que para 2100 habrá 1,5ºC más de temperatura, o habrá 4,5ºC más. Un factor de tres. Pero se lo sacan de la gorra, jugando con un parámetro que nadie sabe calcular; los aerosoles. Ni siquiera saben su signo con seguridad.

Eduardo Zorita (climatólogo, no “escéptico”) se lo explica a Steve McKintyre por email  [-->]:

sorprendentemente el artículo adjunto, de un climatólogo del consenso, parece admitir que los forzamientos antropogénicos del siglo XX usados para llevar a cabo las simulaciones del IPCC, fueron escogidos para encajar con las temperaturas obsevadas. Me parece una admisión muy importante.

Habla de Kiehl 2007. No es que los modelos expliquen las temperaturas del siglo XX; es que están “tuneados” para reproducirlas. Pero se pueden tunear para casi cualquier efecto que le quieras atribuir al CO2. Que es lo que siempre dice Lindzen.

De Kiehl 2007:

La simulaciones del siglo XX de los modelos climáticos se pueden comparar en términos de su habilidad para reproducir esas temperaturas. …/…

Un aspecto curioso de este resultado, que es bien conocido [Houghton et al., 2001], es que los mismos modelos que están de acuerdo al simular la temperatura del siglo XX, difieren notablemente en la sensibilidad climática que predicen. El rango que se cita normalmente es de 1,5 a 4,5 grados por doblar el CO2, y la mayor parte de los modelos climáticos varían en la sensibilidad dd equilibrio al menos por un factor de dos.

La cuesión es: Si los modelos difieren por un factor de dos o tres en su sensibilidad climática, cómo pueden simular todos ellos las temperaturas del siglo XX con un grado razonable de acierto?

Esto también es “consenso”, porque Kiehl es parte de “el consenso”, aparte de un prominente especialista en modelos climáticos. Y nadie la he discutido este trabajo de 2007. En realidad esto es algo de lo que todos ellos son muy conscientes, pero no suelen hacer hincapié.

Merece la pena leerlo:

Y con eso es con lo que “demuestran” la alarma. Pero obviamente no demuestra nada. Von Storch, más sensato, dice que no demuestran nada, pero que “atribuyen” el calentamiento con los conocimientos que se tienen (comunicación personal en su blog). Lo que pase es que nos fiaremos de esa atribuición en la medida que el conocimiento con el que se han creado los modelos sea suficiente. Y eso solo se puede saber dejando pasar algún tiempo, y viendo qué pasa con las temperaturas. Viendo si los modelos se corresponden o se alejan de la realidad. Ben Santer dice que son necesarios 17 años para distinguir el efecto del hombre en la temperatura[-->]. Que se pongan de acuerdo – ya que tanto valoran “el consenso” – y nos digan y expliquen (1) cuántos años son necesarios para saber si los modelos funcionan mal, o fatal, y (2) cuántos para distinguir la supuesta señal antropogénica del ruido de fondo de la variabilidad natural. Los 17 años de Santer no tienen muy buena pinta, a juzgar por los 17 últimos años de la temperatura de la superficie del mar. Es la medición más fácil (es mucho más estable que la temperatura del aire). Clic para fuente.

Naomi Campbell, modelo también, lleva un modelito que demuestra mucho mejor el calentamiento global antropogénico que los modelos de los climatólogos. Y también hay frailes que nos dicen que es pecado. Pero tampoco les hacemos caso. Y no tenemos más motivos para obligar a Naomí a ponerse un burka que los que tenemos para ponernos a arruinar el mundo encareciendo la energía.

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