Nota previa: Cuando digo “cuento científico” me estoy refiriendo a algo distinto de la ciencia.

Seguro que muchos os habéis tropezado varias veces con el fenómeno, y lo tenéis “catalogado”. Aunque posiblemente no le hayáis adjudicado un nombre. Yo tampoco; me limito a considerarlo la versión ciencia del cuento chino. Que para mi es la que mayor fuerza tiene, y la que realmente está haciendo un intento más que verosímil de sustitución de la religión. Pero de los aspectos más negativos de la religión, sin que – que yo vea – produzca ninguno de los efectos positivos de algunas religiones.

Todos tenemos algún amigo fantasioso que saca conclusiones prodigiosas de un oscuro principio científico mal digerido. Normalmente porque ha leído un libro – o peor, una revista – que establece unas conexiones y conclusiones a partir de algo que ni siquiera el autor entiende. Y es imposible explicarle que lo que dice no tienen la menor relación con nada real. Porque está convencido que se apoya en “la ciencia”. Después de todo, él lo ha oído en boca de un científico, o de alguien que lo parece.  Y resulta completamente inútil cualquier pretensión de explicarle que mientras no haya un experimento que muestre y mida lo que describe, eso no es ciencia. Por mucho que salga de un científico.

El cuento de hoy, muy de sábado, es como la radiografía de lo que estoy hablando. Un tipo guapito y mediático, con cara de muy buena persona, y además físico, te explica con toda claridad que “la ciencia” dice que todo está conectado.  A partir de algo tan sencillo que resulta completamente abrumador. Y sales de la conferencia como levitando, lleno de amor por el universo, y convencido de formar parte de algo mágico en el que la hormiga, el electrón, y tú, somos la misma cosa. De lo que se deducen lecciones morales y acciones políticas, en general ecologistas, que sólo un completo degenerado puede poner en discusión.

Esto es lo sorprendente: El principio de exclusion [de Pauli] sigue vigente, así ninguno de los electrones del universo pueden encontrarse, exactamente, en el mismo nivel de energía. pero esto debe significar algo verdaderamente extraño. Mira, déjame coger este diamante, y calentarlo con mis manos, dándole un poco de energía, de forma que los electrones están saltando a diferentes niveles de energía. Pero este cambio de la configuración del electrón dentro del diamante tiene consecuencias, porque la suma total de todos los electrones del universo tienen que respetar el principio de Pauli. Por eso, cada electrón de cada átomo del universo debe cambiar cuando caliento el diamante, para asegurarse de que ninguna de ellos acaban en el mismo nivel de energía. Cuando caliento este diamante, todos los electrones a lo largo del universo cambian sus niveles de energía instantáneamente, aunque imperceptiblemente.

Este tío sabe más física que tú. Es un físico de partículas (según Wikipedia), y profesor en la Universidad de Manchester [–>]. Así que tiene que estar en lo cierto. ¿O no?

Pues depende. Depende de que lo que dice coincida con algo que ya llevas en la cabeza, y lo potencie, o que mantengas cierta frialdad de escéptico, que te permite aun alguna capacidad de análisis. En este caso la primera alarma será la idea de algo que se propaga instantáneamente por el universo. ¿Ha muerto la teoría de la relatividad especial, y no te habías enterado? Muy raro. Y además sabes que no todos los físicos han digerido adecuadamente la mecánica cuántica, que es de lo que habla el pollo.  De hecho el pollo se dedica a cosas que no tienen nada que ver con la mecánica cuántica. ¿La ha digerido él? Con suerte, tal vez recuerdes vagamente que lo de Pauli se refiere a estados cuánticos, y no a niveles de energía. ¿Son lo mismo?

Sería muy normal que te asalte otra duda. ¿Seguro que Pauli se aplica a nivel del universo, y no a nivel local? Porque siempre sueles oír hablar de un nivel local.

También puede que observes un posible problema de pura lógica. Dice el pollo: … ninguno de los electrones del universo pueden encontrarse, exactamente, en el mismo nivel de energía. Es falso, pero vamos a imaginar que fuera cierto. Para que nuestra fricción del diamante afectara al universo, tendría que ocurrir que haya muy pocos “niveles de energía” no ocupados. Si hubiera muchos más niveles de energía “ocupables” que electrones, sería bien posible que los nuevos niveles de energía de nuestro diamante sean unos niveles que en todo caso no ocupa ningún otro electrón, y nada cambia. Todo depende de la relación electrones /niveles de energía posibles. ¿Cuál es?

Más otro problema de lógica. Dice:  Cuando caliento este diamante, todos los electrones a lo largo del universo cambian sus niveles de energía instantáneamente, aunque imperceptiblemente. Pues bien, ¿por qué vamos a empezar a emocionarnos con algo que no se puede percibir?

La solución es que el tío se ha hecho la picha un lío, mezcla cosas distintas, algunas de las cuales no tienen nada que ver con Pauli, y acaba diciendo algo que no tiene el menor sentido. Y sin embargo, nos puede dejar extasiados. Flipando por, ahí llenos de amor a Gaia. No hay más que ver las caras de los espectadores en el vídeo.

Para el que quiera profundizar en la chorrada:

En realidad la conferencia solo ha dado el primer paso, y lo ha dado en falso. Los siguientes los damos nosotros por nuestra cuenta, o con la ayuda de un gurú, o una secta. Pero no es muy diferente que el fenómeno de las religiones, cuando la fantasía induce soluciones políticas a las que los abusones les pueden sacar partido. La diferencia está en que las religiones suelen pillarte cuando ya llevan muchos siglos de existencia, y mal que bien ha habido una adaptación entre ellas y la sociedad.