El caso del científico y activista del alarmismo climático, Peter Gleick, está llegando a alturas sublimes. Lo tiene todo, y es un resumen tan acabado de las barbaridades de los científicos del consenso / IPCC, que más parece de ficción. Ni al novelista de imaginación más libre se hubiera atrevido a crear un personaje como Gleick. Ninguna broma. Aunque son características muy frecuentes entre los activistas del ecologismo, posiblemente es la primera vez que se descubre a alguien que las reúna todas juntas.

Habría que echarle narices para inventar un personaje que se dedica a falsificar documentos y a usurpar personalidades ajenas, y que al mismo tiempo sea todo esto:

  • Un autor que se pone las botas a escribir sobre la ética en ciencia.
  • Jefe de la Fuerza Operacional sobre Ética Científica de la AGU (American Geophysical Union)
  • Miembro destacado y consejero del NCSE (National Center for Science Education)
  • Miembro de la organización de Respuesta Rápida sobre Cambio Climático (Climate Science Rapid Response)

Scott Mandia, otro conocido mamporrero del Climate Science Rapid Response:

“The cavalry has arrived. NCSE, with its passion and experience defending science in our schools, will ensure that teachers can educate students about climate change without fear of reprisal.” [-->]

Por si no bastara con que los científicos se imaginen ser “la caballería”, no se trata solo de que actúen como no se debe – y de una forma bien pública – sino de que piensan como no se debe (al menos un científico no debe), y por escrito. El caso es muy largo y se pueden ir siguiendo todas sus novedades en WUWT:

Pero quiero señalar algo que me parece clave. Los científicos con mentalidad de activistas adolescentes. Gente que no ha pasado del estadio moral en el que ser “bueno”, o “malo”, no depende de que uno se comporte conforme a unas reglas, sino de que uno sea de los “míos”, o de los “otros”. Un Garzón de la ciencia. O la mentalidad de miembro de partido político combatiente por el poder, trasladada, no solo a la judicatura, sino hasta a la ciencia. Y estos son los que nos dan lecciones de superioridad moral.

El caso de hoy. Este campeón falsifica documentos para desacreditar al Heartland Institute. O al menos difunde documentos obviamente falsificados, con toda la pinta de haberlos falsificado él. Y lo hace en aras de un debate limpio sobre el cambio climático. Pero cuando le invitan a un debate limpio, como hicieron justo antes de las falsificaciones, lo rechaza porque quiere saber los nombres de los que pagan la movida. No importan los argumentos; importa si eres de “los buenos” o de “los malos”.

Intercambio por email entre el Heartland y Gleick, en el que un debate civilizado se convierte en imposible. Está por todas partes, pero enlazo a Laframboise:

Da lo mismo que se lo expliquen: Solían poner una nota pública con la lista de los donantes. Pero lo dejaron, porque los que no están de acuerdo con sus puntos de vista se dedicaban a atacar y molestar a los que les financiaban. Juego redondo por parte de la superioridad moral. Si no confiesas tus donantes, no eres transparente; y si lo confiesas, se van a enterar de lo que vale un peine. Y por si no está lo suficientemente claro, te lo voy a explicar mejor. Como soy de los buenos, me permito incumplir la ley para conseguir de otras formas esa lista de donantes, y para redondear la jugada y darle un poco de “picante”, falsifico un documento como si fuera tuyo, para que quede claro que esos donantes son malos, malos, de verdad.

¿Son muy listos, no? El problema es que deberían dedicarse a la versión más bastarda de la política, y dejar de ensuciar el nombre de la ciencia. Pero no hay forma, y esto es lo que llaman “ciencia del cambio climático”. En todo caso hay que agradecer a Peter Gleick que nos haya mostrado lo que ocurre tras las bambalinas.