Empecemos por centrar lo de “civilización”. No me refiero a las pirámides de Egipto, ni a los antropófagos de Tenochtitlán, por mucho arte constructivo que desplegaran. Me refiero a las organizaciones sociales en las que el poder está constreñido por normas de aplicación universal que impiden su arbitrariedad.

Esta idea, al menos en teoría, es aceptada por los bestias de izquierdas, aunque luego no la practiquen y hablen del “derecho creativo”. Los bestias de derechas tuvieron su Carl Schmidt y los nazis, y han avanzado desde entonces mucho más que los de izquierdas. La diferencia, y el problema, es que mientras la derecha ha tenido que avergonzarse de sus barbaridades incívicas, a la izquierda se le ha permitido seguir defendiendo las suyas, sin que les castiguemos al ostracismo social cuando lo hacen. De ahí los Garzón y Jiménez Villarejo [–>], los El País y Público, los diosecillos del cine,  y toda la panda de antifranquistas sobrevenidos que silban, como si nada, ante Paracuellos.

Yo creo que va siendo hora de que civilicemos a la izquierda. Nunca nos podremos civilizar como sociedad si no lo conseguimos. De los nazionatas ya hablaremos otro día, que son caso aparte. Pero el caso de Prevaricarzón Campeador viene al pelo para empezar con la labor.

¿Qué cojones están defendiendo los bestias?  From the Widerness nos trae la Ley Orgánica General Penitenciaria, a la que se agarra Garzón. Las comunicaciones de los presos con sus letrados …

no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo

Para pensar que no se refiere solo a los casos de terrorismo hay que hacer una gimnasia bastante curiosa. Como en los casos de terrorismo la intervención queda a criterio de los funcionarios de prisiones, y que en todos los demás, al capricho del juez. Pero no; es el caso típico de las legislaciones antiterroristas. Siempre en el borde, y normalmente por fuera, de la civilización. Pero ahora parece que el progrerío lo que pide es que se extienda la excepcionalidad (un poco aberrante) de la legislación antiterrorista para todos los casos. ¡Y a eso le llaman “progresista”! Como Prevaricarzón se tomó la libertad de hacer esa ampliación, y el Campeador es guay del Paraguay (iba contra “los malos”), ¡bien hecho está!

Podían tener cierta disculpa si alegaran que Garzón es muy ignorante, y no sabía que la jurisprudencia establece de sobra que no hay duda que la ley se refiere solo a supuestos de terrorismo. Y que tampoco tiene ni la sensibilidad ni la cultura general como para darse cuenta que su práctica es propia solo de las dictaduras más feroces. Y por tanto, con su raciocinio de cenutrio, no prevaricaba. Esto es, no se le ocurrió que era injusto.

Pero no. Defienden que nuestro héroe mediático tenía razón. Y que los del Supremo o están chiflados, o tienen que volver a la facultad de derecho, o son los verdaderos prevaricadores. Y que los jueces, a su criterio, pueden intervenir en las comunicaciones acusado – letrado. ¿Se les habrá ocurrido pedir que en el próximo juicio pendiente se intervengan las comunicaciones de Garzón con su abogado? Lo que al parecer no se les ha ocurrido es exigir, también, que cambie esa ley.

Muy bien; vale. Es una tesis. Es una forma de ver la vida. Pero, por la definición de la que hemos arrancado, y que ellos en teoría aceptan, tendrán que aceptar que ellos son la quintaesencia de la incivilización. La barbarie. El freno para conseguir un mundo más decente. En resumen, los bestias. Y nosotros nos dedicaremos a recordárselo, usando entre otras cosas, y de manera muy destacada, el caso de Prevaricator Galacticus.

Ahora llegará el Prostitucional, con su mayoría de no jueces que siguen los dictados políticos de la izquierda – con la excepción solitaria de Aragón. De ellos va a depender que se instaure un régimen policial sin derecho de defensa en España. ¡Ojo!, hay que recordar que Garzón no autorizó la escucha de unos abogados conretos por unos hechos concretos, sino la de cualquiera que fuera el defensor de los acusados. Se me abren las carnes. ¿Alguien apuesta por que la instauración  un estado policial le preocupe a la banda “progresista” del Prosti?

Lo dicho. La izquierda y la civilización no son compatibles. Y nunca llegaremos si no se lo conseguimos meter en sus torcidos cerebros. Pero la lógica no va a funcionar. Solo vale la vergüenza, como pasó en su día con la derecha.

Por algo se empieza:

los hechos enjuiciados por el tribunal son graves ya que Garzón carecía de indicios para ordenar las grabaciones

Pero Jiménez Villarejo, la prensa amiga, y el progrerío en general, no son capaces de verlo. Ergo, son un peligro público.