El cuadro es de Gabriele Bella (1733-99), y representa la laguna de Venecia, helada. Queda muy bonito, pero significa tres meses de frío, y tres semanas de helada, desde Escandinavia hasta el Mediterráneo. También significa que ese año las cosechas fueron un desastre, y la gente se tiraba al campo a comer ¡hierba! Murieron como chinches, claro.

Los científicos del “cambio climático”, esos que pueden decir cuánto calentamiento producen unas partes por millón de CO2 en el aire, y a la décima de grado, no se ponen de acuerdo sobre cuándo puede ser la próxima glaciación. Ni puta idea, vaya. Pero mirando lo que ha pasado últimamente, tenerle miedo al calor parece cosa de locos.

Ese dibujo no quiere decir una laguna de Venecia helada. Significa, durante la mayor parte del tiempo, una capa de tres kilómetros de hielo sobre Alemania. Por supuesto, todo el año.

¿Dice algo más esa gráfica? Sí, que hay un límite del que no baja, y un límite del que no sube. Y que en el único momento en el que podemos vivir tantos como estamos es en los escasos episodios en los que la temperatura está en el extremo de arriba. En el calor.

También dice que llegará un día en el que la laguna de Venecia se volverá a helar. Probablemente no sabremos si será algo pasajero, como en el siglo XVIII, o si será el anuncio de que se acabó el chollo. Pero espero que entonces se acuerden de los majaras del “calentamiento global”, para cagarse en su estampa. Aunque a ellos les va a dar igual; estarán muertos (toca madera), y el dinero que te han sacado no se lo van a quitar.

Reconozco que es posible que los millones y millones que van a palmar, mueran en perfecto estado de salud. Seguro que hay un ministro que se preocupa mucho por ellos, y que no les deja fumar en los bares. Tampoco les dejará andar en coche, por aquello del CO2 y el achicharramiento global. Y si tarda mucho (ojalá), tal vez hayan inventado otro gran montón de cosas para prohibirte. Puede que incluso, además de muy sanos, todos sean muy buenos. Se congelarán amándose los unos a los otros, o algo así.

Aunque hay un consuelo. A los científicos y burócratas del IPCC no les va a pillar. Tendrán una gran conferencia sobre al calentamiento global, perdón, sobre el cambio climático, por ejemplo en Bali. O en cualquiera de esos sitios tropicales a donde no llegan las glaciaciones, y que visitan todo el rato. Pero no estarán de vacaciones, ni nada parecido. Al contrario, estarán a tope de pastillas, para parir a toda velocidad la nueva teoría de que las glaciaciones son por culpa de que no ta habían prohibido el número suficiente de cosas. O de que los impuestos, a los que la gente ignorante se resiste tanto, hay que subirlos más aceleradamente.

Y este es el cuento, para animarte la mañana. Se bueno, y teme al “calentamiento global”. O por lo menos, disimula.