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En resumen:
  • Si nos atenemos a la única sentencia dictada hasta hoy podemos comprobar que, explícitamente, no se encontró al ente (persona o grupo) que concibió el atentado; “autor intelectual”, según convinieron en denominarlo. Importante incógnita por despejar.
  • El único autor material, con una pena de cuarenta mil años, al parecer, está en vías de recurrir su sentencia por indicios de falsos testimonios. Hasta hoy, según tengo entendido, no ha admitido su culpabilidad en la masacre; a pesar de que ello le conduce a las más duras condiciones carcelarias. Sea como fuere, Jamal Zougan, sólo con las pruebas existentes, no puede ser el único autor material del mayor y más técnico de los atentados sufridos jamás por el paciente y noble pueblo español. ¿Quién o quiénes fueron los ejecutores de un crimen tan bien planificado en el tiempo, en su ejecución y en su ocultación?
  •  Aparte de la vía islamista, sin resultados fiables hasta el momento, no se ha investigado ninguna otra hipótesis.
  •  La investigación de los artefactos asesinos tampoco ha podido llevarse a cabo gracias a las irregularidades manifiestas cometidas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (incumplimiento de protocolos, pérdida de muestras, ocultación de análisis, inexistencia de cadenas de custodia etcétera). Todo esto, olvidado por los letrados de la Audiencia Nacional, se investiga ahora en el juzgado número 43 de la Audiencia Provincial de Madrid, eso sí, con trabas y descalificaciones permanentes. ¿Quiénes y por qué se resisten a despejar la gran incógnita de la actuación o la inacción policial?

Casi nada:

  • ¿Quien lo pensó, y por / para qué?
  • ¿Quién lo cometió? (Aparte del dudoso Zougam).
  • ¿Quien enturbió la investigación, y por / para qué?

Ocho años después, un padre sigue sin saber por qué mataron a su hijo, quién lo hizo, y por qué se jodió la investigación. De los españoles no hablemos, porque no parecen muy interesados.