Espero que me permita la sra. Cillán, juez, llamarle por su nombre en el título. Tiene la peculiaridad de establecer una metáfora inquietante. En la representación de teatro, después de que los actores protagonistas y secundarios han recitado sus respectivos papeles, empieza a oirse un coro. Al principio es sólo un tono muy bajo de fondo, que apenas se percibe. Poco más que un murmullo. ¿Qué se oye por ahí, qué dice el coro? No se sabe, no se distingue. Pero poco a poco sube el tono, y las voces anónimas, siendo muchas más, dan la impresión de que pueden acabar silenciando a los actores. A los que por otra parte ya no les queda gran cosa por decir.

Como guión dramático no tiene precio. Todo nace de un juicio completamente marginal, una chulería del poli Manzano demandando a El Mundo por poner en duda su quehacer profesional durante la investigación del 11-M. Y un batacazo, al concluirse que los periodistas no habían mentido. La investigación de los explosivos no había sido correcta, ni mucho menos. Y a partir de ese resultado, una demanda contra el mismo Manzano, tan gallardo, por presuntas virguerías con las pruebas. En un juzgado normal, natural, y no de los formados por las grandes estrellas de la tele que cenan con frecuencia con Ruby. Una juez, digamos, no contaminada. Coro Cillán.

Y, sorpresa, van saliendo hilos de los que tirar. Los que dejó atrás el macro juicio de los magistrados galácticos y el sumario de los 100.000 folios. Esos detalles imposibles que todos conocemos desde el principio. Todos los que hemos querido mirar, claro. Y sobre todo, y ahora, ¡tachán!, la afamada mochila de Vallecas.

- ¿Otra vez con eso?

¡Pues claro! ¿Qué quieres, cuando un Tedax ha declarado que él mismo, con sus manos, quitó la batería del teléfono móvil de la mochila, de forma que después de eso era imposible saber a qué hora estaba programada la alarma? ¿Y qué quieres, cuando otros policías afirman que esa alarma estaba programada a la misma hora en que estallaron las bombas de los trenes?

Según informaron fuentes jurídicas a Libertad Digital, la magistrada Cillán ha solicitado a la Audiencia Nacional el listado de llamadas realizadas con el teléfono móvil hallado en la mochila de Vallecas.

Además, la jueza Coro Cillán llamará a declarar como testigo a la médico forense del 11-M, Carmen Baladía, quien coordinó y supervisó las labores de identificación y las autopsias de las víctimas de la masacre. A Baladía, quien anteriormente declaró en el juicio celebrado en la Audiencia Nacional, nadie le preguntó en sede judicial si en los cuerpos de las víctimas había metralla. [–>]

No sabemos lo que va a ocurrir con el listado de llamadas. En cualquier caso puede ser interesante. Pero sí sabemos lo que va a ocurrir con la declaración de la forense Carmen Baladía. Lo que ha mantenido siempre; que en los cuerpos que se examinaron tras los atentados no había metralla. Nada de clavos, tornillos y tuercas, como los que llevaba la mochila de Vallecas - que a partir de ahora será un grano en el culo, por decirlo rápido. ¿Y qué vamos a hacer cuando una de las principales pruebas del juicio, sobre la que pivota toda la causa, resulta ser un prodigio extraterrestre que no se sabe de dónde ha venido, pero sí se sabe que no es parte del atentado?

Lo que decía: que como guión dramático es insuperable. Poner en duda la mochila de Vallecas es hacer que el resto de las dudas se conviertan en certidumbres. ¡Uy, uy!, mucho cuidadito con ese coro. Que parecía un rumorcillo de fondo, y se puede convertir en una avalancha.