Bárbara Paraula

Como ya sabemos la participación ciudadana en política nacional, hoy en día y mientras no caigamos a una reforma constitucional, tiene unas salidas muy estrechas, no obstante particularmente me parece interesante explotarlas  tanto como podemos explotar el mensaje de reforma constitucional.

Creo, que el mensaje que me llevé más claro es el interés del Derecho de Petición para solicitar la revisión de las cuestiones que pudieran interesarnos, como ahora, el referendum.

Siendo que la iniciativa legislativa popular exige un elevado número de firmas, que sus contenidos son meramente anecdóticos y que termina en el mismo cajón en el que se perdió la denuncia que no se perdió (pregúntenle a viejecita), creo que sólo nos queda, desde la vía jurídica, ese mismo Derecho de Petición. También acaba en un cajón, pero al menos, es en el del Señor Competente en la materia.

Si ese intento se acompasa de otras acciones de presión, puede generar algún resultado, como acompañarla de un número elevada de firmas, como organizar congresos de la sociedad civil que den altavoces a los deseos o como intentar colarsela a algún grupo parlamentario o partido.

Hoy, y dado a mi recien adquirido papel de “Loba” (evocando a Shakira, no me termina de parecer mal), quiero resaltar las virtudes y las contradicciónes de la última opción, trabajar con los diputados, con los grupos y los partidos.

Eso se puede hacer desde dentro de un partido (bien complicado como ya sabemos) o bien poniendo en marcha técnicas de Lobby. Entiendo que el lobby político es la persuasión, el diálogo con los actores políticos (ministerios especializados, comisiones parlamentarias específicas, representantes de los partidos, responsables de conferencias políticas, etc ) destinado a que éstos consideren una determinada posición.

Se tiende a cuestionar la moralidad, por ambas partes, de estas técnicas. En cambio a mi, y mientras la posición a defender sea un fin honorable, me parece del todo legítima.

Seguro que alguien le dijo a Octavio, cuando aseguró haber salido moderadamente satisfecho de nuestra visita, ¿no te habrás hecho del PSOE?.

Bueno, a un hombre que disfruta compartiendo conversaciones y divirtiéndose con las mujes no se le pregunta ¿no te habrás hecho mujer?.

Evidentemente no se puede partir de querer que tu interlocutor haga suya la posición que representas a la primera, ni que se lie una capa y haga de superhéroe para liderar tu causa frente al grupo parlamentario. Tampoco convences a un hombre de que se case contigo en la primera cita. Es posible que empiece a considerar tu posición, y de qué manera, sin echar por la borda su carrera política, puede ayudarte. A veces la ayuda consiste en considerar contigo una opción legislativa, o en presentarte a un tercero, o en esbozar una versión local de la política participativa o en llamarle la atención al presidente de la Comisión sobre el tema.

La efectividad es dificil de medir, no obstante, me da la impresión de que el que siembra, recoge.

Esta debe ser la razón por la que se mantienen facturando consultorías estratégicas que desarrollan como un servicio más las relaciones informales con determinados actores políticos.

Un ejemplo de éxito en esta metodología es el de los colectivos con discapacidad. La legislación se ha preocupado por ellos de forma exponencial, y hoy en día, los derechos de las personas con discapacidad y dependencia han sido profusamente protegidos y desarrollados. ¿Casualidad?, ¿superioridad moral del fin frente a otros?. ¿Mayor defensa constitucional que a otros colectivos con necesidades sociales? Mi opinión es que contribuyeron definitivamente a ello sus campañas de comunicación, tanto públicas como privadas.

Así que en tanto en cuanto no nos caiga del cielo una reforma constitucional, o incluso para considerar éstas, yo voy a seguir HABLANDO CON MI DIPUTADO.