El 11-m, y lo que colea, es algo especialmente deprimente. Y no sólo por el drama que supuso a los afectados, y para el colectivo nacional, sino también porque aun hoy sigue siendo la prueba visible de que somos un país de mierda. Y sin arreglo. Propongo un experimento. Aceptar la mayor (la versión oficial), y examinar las consecuencias.

Se puede ver fácil. Basta imaginar qué cambiaría si este fuera un país más o menos normal. O qué tendríamos que hacer para parecer un país normal. Por ejemplo, en un país normal el 95% de la gente creería lo que le cuenta Faisán el Veraz sobre aquel atentado, porque no sería imaginable que el ministro del interior te mienta en una cosa así. Es un buen punto para empezar; llegaremos a la normalidad sobre la base de la confianza en lo que dice Ruby. Tomaremos por buena la película de Producciones Rubalcaba.

Ya puedo imaginar al Faisán emocionado de contento por esta actitud, pero se equivoca. Porque aceptada su versión (que sabemos razonablemente lo que pasó), el siguiente paso en un país normal es preguntarse si el sistema de policía y justicia ha hecho ya su trabajo, o hasta qué punto queda trabajo por hacer. Y qué tal ha ido la cosa hasta el momento. Y el mensaje que se recibe por todas partes es que el caso está juzgado y el “estado de derecho” ha concluido lo fundamental de su función. Y empezamos a joderla, porque preguntamos: ¿y cuantos de los que pusieron un bomba en el tren han sido condenados, y cuantos quedan por encontrar y juzgar? ¿Qué esfuerzo se está haciendo por poner nombre y localizar a los que faltan, si falta alguno?

- Bah, dice Ruby, tenemos a uno,  y los demás se suicidaron en Leganés. No hay más caso.

¿De verdad que no hay más caso? Pues no me salen los números. En Leganés murieron siete. Mas un condenado, son ocho. Luego me faltan cinco (para 13 bombas).  Queda por resolver, si nos creemos a Producciones Rubalcaba a pies juntillas, la friolera del 38% del caso. Más de una tercera parte.

Hay cinco multi asesinos libres. Estadísticamente, 15 asesinatos por cada terrorista del que ni siquiera sabemos el nombre, y 141 heridos.  Ese caso que aparentemente ya se ha juzgado y acabado, tiene 73 asesinatos terroristas sin resolver, policial y judicialmente, y 706 lesionados. ¿Esto es hacer justicia en un país normal, o en un país normal la misión número uno de un ministro de justicia sería señalar, localizar y llevar a juicio a los cinco monstruos que andan sueltos por ahí, probablemente entre nosotros?

Pues si no basta para deprimirse que el país acepte este estado de cosas con naturalidad, y sin mayor exigencia, hay detalles que lo hacen peor todavía. Dos detalles importantes.

1) Tienen en la cárcel a uno de los participantes en el atentado, siempre según el relato de Producciones Rubalcaba que hemos decidido creer . Y no han conseguido ni que confiese, ni que cuente como fue. Sería la forma más fácil de resolver el caso.  ¿A qué esperan?

2) Con los de Leganes hay más que problemas. Según la instrucción de del Olmo, los atentados fueron obra de los suicidas de Leganés. Los siete conformaban un comando local que reivindicó la masacre en nombre de Al Qaeda. Muy bonito, pero a ninguno de los guionistas parece preocuparle el hecho de que el único condenado como autor material, Jamal Zougam, no tenía una relación de grupo con esos siete. Y apenas una relación muy tangencial, como la que se puede esperar de un tendero con los vecinos del mismo barrio.

Tampoco les preocupa a los guionistas el sorprendente detalle de que uno de los del piso de Leganés sí ha podido ser juzgado, porque se escapó antes de la explosión. Abdelmahid Bouchar, apodado el galgo de Leganés [-->]. Y la sentencia dice que no fue de los 13 de las mochilas bomba.

El juicio del gran Bermúdez no cambió mucho las cosas, pero el Supremo sí:

… del cúmulo de datos manejados en la resolución aquí impugnada resulta que, al menos algunas de las personas que perdieron la vida en la explosión del piso de Leganés, constituían un grupo organizado, y habían intervenido en la ejecución de los actos terroristas del día 11 de marzo de 2004. La procedencia de la dinamita; la relación de alguno de los fallecidos con los proveedores de aquella; los datos relativos a la obtención y a la ocultación de los explosivos; los elementos que se refieren a la confección de los artefactos; y, especialmente, los objetos encontrados en el desescombro del piso de Leganés tras la explosión provocada por sus ocupantes demuestran la vinculación de ese grupo con los atentados del día 11 de marzo.

Explica que como muertos no se les ha podido juzgar, pero que “al menos algunos” debieron de intervenir en la ejecución. Solo que entre las pruebas que menciona no hay ninguna que señale su participación en la colocación de bombas, sino en los alrededores de la colocación. Y, ¡oh casualidad!, el único que estaba en Leganés y sí fue juzgado, resultó absuelto de la participación en el 11M.

En resumen: si pensamos, en plan optimista, que de los siete de Leganés cinco participaron en la colocación de bombas, entonces se habría resuelto casi la mitad del caso. Y esa es la hipótesis optimista (5 de 7); que no se ha resuelto ni siquiera la mitad de lo que hay que resolver. Que hayan muerto solo quiere decir que no se les puede juzgar. Pero no quiere decir que no se pueda, y se deba, resolver policialmente el problema de quién puso las bombas. Y en lo que estamos es en cualquier punto entre no haber resuelto el 38% del caso, y no haber resuelto el 77%, si dos de los de Leganés -al menos algunos- fueron autores materiales.

¿A que esperan para resolver el caso? ¿Qué esperamos para exigirlo? Tal vez a ser un país normal. Sin Faisanes, vaya.

Nota para “conspiranoicos”: Puede que sea mucho mejor dejar de preguntar qué estalló en los trenes, y empezar a preguntar quién puso las bombas. Yo creo que se entiende mejor.

Documentación:

Sentencia del Supremo sobre los atentados del 11 de marzo.