Somos cojonudos. Un país con un índice de corrupción de “Champions League”, al gusto de Zapatero, pero que está empeñado en proporcionar al mundo héroes de la justicia universal.

Que no haya políticos en la cárcel, con lo que sabemos de nuestros políticos, es como para preguntarse para qué diablos sirven las cárceles, aparte de para soltar etarras. Que, por ejemplo, todos esos robos de dinero público que están saliendo a cuenta de la chirigota de los EREs de Cháves no hayan producido todavía ni un sólo detenido, no nos llama la atención. Ni, al parecer, a nuestros campeones de la justicia internacional, por otra parte multiencausados ellos mismos. No, en España lo importante es enjuiciar a los muertos que yacen en los libros de historia, mientras miramos para otra parte si desde el Ministerio del Interior hay actos de colaboración con el terrorismo.

Supongo que todas esas minucias, que hacen que al final en un país campe la justicia, o la injusticia y el abuso, son un rollo. Nadie pasa de discreto juez con eso, y ni puede soñar con el aplauso del orbe. El problema está en que siendo cada cual muy libre de dejarse estimular por lo que considere oportuno, y querido Emilio muy libre también de pagar al juez que quiera – por lo que sea, esta ronda la pagamos todos. Y es el interés de ese “todos” el que debería de guiar en que se gasta ese dinero.

¿Es lo que nos va y nos conviene? ¿Dejar que nuestro sistema de justicia, y sus funcionarios, no sean capaces de encausar a un solo artista del ERE, para que puedan dedicarse a dar lecciones a la galaxia entera sobre justicia universal? ¿Mismamante acusar a Gadafi de crímenes de guerra, cuando ni siquiera ha concluido esa guerra, ni se sabe gran cosa de lo que pasa? ¿En eso queremos gastarnos el dinero que no tenemos? Da igual, ¡y vale ya! ¿Qué más dará lo que opine el pagano? El pagano no opina; si acaso vota … ¡una España en colores, coño!

En colores de justicia universal, regalo de los españoles al mundo. O de justicia creativa, por la cual se pueden escuchar las conversaciones entre acusados y abogados, sin tener ningún dato en contra de los abogados, sólo por si acaso los acusados siguen delinquiendo. O se le puede pedir pasta al encausado, querido Emilio, por buenos e internacionales motivos. Colores, muchos colores.

Y aprendido el truco, insistimos. Ahora nuestro juez multiencausado tiene una émula. Vamos a prescindir de una fiscal para dedicarla a acusar a Gadafi. Apoquinando los paganos, claro; va en comisión de servicios. Como en España nos sobra justicia, y EREs, la cosa mundial va a cuenta nuestra. España no la arregla ya ni la madre que la parió, pero el mundo, ¡el mundo lo arreglamos nosotros! Desgraciadamente, no con el ejemplo.

Dedicado a Fresita Magenta (con mala idea), que me pasa la noticia.