Disfrutad. No es lo que parece al principio – una discusión sobre ciencia, sino un relato precioso, en la línea de, por ejemplo, “Alguien voló sobre el nido del cuco“.  Me atrevería a llamarle “relato ejemplar”, siguiendo a Cervantes, por la enseñanza didáctica y moral que lleva dentro, sin que moleste. También me atrevería a llamarle “clásico”, en cierto sentido. Creo que representa el ideal de un mundo que estamos perdiendo, lo mismo que perdimos el ideal clásico greco romano primero, y el ideal después “clásico” renacentista, así como el de la ilustración, y el del mundo “moderno”. Me parece un llanto por lo que no será, y que algunos nos resistimos a que no sea. El ideal del imperio de la razón y el conocimiento sobre el poder y la creencia.

Es relativamente largo para el blog (6.700 palabras). Pero adecuado para un café con regodeo de fin de semana. Agradecédselo a V.


Posteado en Watts Up With That el 28 de febrero de 2011 [-->]

Post invitado de Willis Eschenbach

Traducido por Viejecita.

Una respuesta al hecho de que Christopher Booker mencionase amablemente mi trabajo en  The Telegraph ha sido el predecible aumento de los habituales ataques a mi persona,  en vez de atacar mis ideas y aseveraciones.  La gente está reciclando a Tim Lambert cuando me llamó mentiroso porque estaba en desacuerdo con mis métodos,  como si eso tuviese un significado en relación conmigo,  en vez de simplemente revelar algo acerca de Tim.  Señalan que soy un científico aficionado ( como si ello fuera otra cosa que una enseña de honor). Se me dice que estoy en terreno demasiado profundo para mí. Se me asegura constantemente que no estoy cualificado para ofrecer una opinión científica acerca del clima,  por mi falta de cualificaciones académicas adecuadas ( tengo una licenciatura (BA), en Psicología), y por lo corto de mi lista de publicaciones científicas. El surtido de razones dadas para intentar convencer a la gente de que  ignoren mi trabajo parece inacabable. Oyéndoles contarlo, no sirvo ni para besar las botas de un científico verdadero.

Lo que yo digo es que nada de eso importa. O bien mis aseveraciones científicas son correctas, o bien no lo son. No se trata de mí. Punto. Final de la historia.

Cuando yo era más joven,  fui durante décadas un Budista Zen. Hay un dicho importante “ que Zen no es la luna, sino el dedo que señala la luna. Quejas, peleas, y discusiones acerca del dedo se quedan al lado de lo que importa, el sujeto importante, merecedor de la discusión, que es la luna.

Eso es en última instancia el igualitarismo de la ciencia. No importa si la persona que hace una aseveración científica es un experto renombrado en el mundo entero, o si es un  picaterrones semi-analfabeto. Ellos son solo el dedo apuntando a la luna.  Todo lo que importa es, ¿esa aseveración puede ser falsada? ¿ Cuales son los hechos que apoyan  la aseveración? ¿Cuales son los hechos que demuestran que es falsa? ¿Es correcta la lógica? ¿La matemática tiene una base sólida? ¿Se compadece con otras aseveraciones  conocidas?

Si miento (no lo hago), o si tengo publicaciones peer-reviewed (sí, tengo tres, y otra cuarta en proceso de revisión en este momento), no tiene importancia. Lo que importa es, ¿son mis ideas  buenas o malas ?  Es por ello por lo que expongo mis ideas en la plaza pública, para que alguien pueda falsarlas. Eso es el juego llamado ciencia. Yo hago aseveraciones científicas,  y tu intentas hacer agujeros en  esas aseveraciones mías. O tú haces aseveraciones científicas, y yo trato de hacerles agujeros. Juego en los dos campos, falsando  aseveraciones de otros,  así como publicando aseveraciones  falsables originales mías , que  otros puedan atacar.

Es decir, el ataque está en la naturaleza y esencia del juego científico. Pero se supone que es un ataque a mis IDEAS CIENTÍFICAS. No un ataque a mi persona., ni a mis cualificaciones, ni a mi cáracter de cow boy áspero en ocasiones, ni a mi honestidad, ni a lo que he elegido estudiar.

En verdad, no se trata de mí.

Habiendo soportado esta clase de maltrato durante unos años ya, estoy echando otra mirada a mis perspectivas. De acuerdo con ello, dejadme hacer algunas peticiones a las personas que hacen comentarios aquí:

1- Hablad de la ciencia. No de mis cualificaciones. No de lo que imagineis que pudieran ser mis motivos. No del imaginado contenido verdadero. Hablad de la ciencia. Voy a empezar a  podar los ataques personales de mis hilos, así que no os sorprendais, si  acusaciones desagradables quedan  re-alineadas.  Desprecio la censura invisible tal como se practica en Real Climate , y en “Open Mind” (aka Mente Abierta), (apropiadamente catalogado Newspeak). Allí las ideas desaparecen sin llegar a ser vistas, nadie tiene la mente abierta. Y yo soy Nopersona, por mis  impertinentes ideas  y preguntas científicas.

2-Si estais en desacuerdo con algo que yo hubiera dicho, CITA CON EXACTITUD LO QUE YO DIJE en vuestra respuesta. Estoy cansado de defenderme contra  vaguedades  mal entendidas respecto de mi posición. Voy a dejar de intentar adivinar lo que la gente quiere decir. Si quereis tener una discusión, cita mis palabras, de otro modo, probablemente me lo salte. Tantos comentarios, tan poco tiempo…

3-Ten el valor de firmar con tu nombre tus ideas. Hazte dueño de tus aseveraciones, defiende tus opiniones. El anonimato, anima al mal comportamiento. Si no fuera tan adverso a arreglar lo que no está roto, tendría la tentación de obligar al uso del propio nombre en mis hilos, excepto en los casos de personas con razones válidas en contra ( como perdida de puntos promocionales en el trabajo). Echaría de menos a  tallboy, y a algunos otros si no se retrataran, pero sospecho que la proporción de ruido-señal  mejoraría enormemente. Que fueran  o no  igual de interesantes de leer es otra cuestión…. en cualquier caso, sin  exigencias,  solo hago una petición urgente para que la gente salga del armario.

Adicionalmente, como dijo John Whitman en otro hilo

Una de las muchas líneas de razonamiento para  críticar al anonimato gira alrededor de la propiedad de las ideas.Si alguien no da su identidad, ello produce consecuencias al atribuir la propiedad de sus ideas, tener en cuenta plagiarismo, citas equivocadas, etc.

Otra líneade razonamiento sobre la controversia del anonimato es la persona dual. Lleva a que no haya restricciones a que una persona, pretenda   ser muchas personas, a veces con puntos de vista, profesiones y especificaciones diferentes. Y esto no es  intelectualmente honrado.

Así que esas son mis tres peticiones. Ahora, habiendo dicho que esto no es sobre mí, y como ha habido suficientes personas que han comentado mi  adecuación para comentar sobre ciencia climática, me apetece responder sobre por qué estoy cualificado para hacerlo. Sin embargo, como con tantas cosas en mi vida, es un poco complicado, y comprende un cierto número de  malentendidos y coincidencias.  Ponte una taza de café, que es una historia  de viejo lobo de mar, y de locura militar.

Mi mayor fuerza al analizar el clima, es justamente que soy un generalista. En un campo como la ciencia del clima, que es mucho más ancho que profundo y abarca un montón de disciplinas científicas , ello es una ventaja enorme. ¿Como se convierte uno en generalista? En mi caso, fue una combinación de ser un fenómeno de la naturaleza [freak of  nature en el o.],  de crecer en un remoto y aíslado rancho de vacas, y de mi  extraña interacción con el ejército de USA.

Fui a una escuela primaria rural de dos habitaciones. Había 21 niños de 8 cursos, y siete de ellos éramos mis tres hermanos y yo, y mis tres primos. Durante los 4 últimos años de escuela , yo era el único niño en mi curso. Me encantaban las matemáticas, los juegos de palabras y los puzzles de cualquier tipo;  absorbía el saber, y leía cuanto cayera en mis manos. Durante aquél período, mi gente me mandó a la Universidad de Stanford, donde un tipo con bata blanca me hizo algún tipo del test Stanford-Binet de IQ (coeficiente intelectual). Me dijeron que mi coeficiente estaba por encima del 180.Fenómeno de la naturaleza  [freak of nature].

El maestro dijo que me podía saltar un par de cursos. Mi madre dijo que no, así que la escuela me dejó ir a mi ritmo. Terminé la ortografía de  octavo en sexto. En séptimo, estudié español por mi cuenta. En octavo, el distrito escolar introdujo el estudio de educación española  por TV. Todos los maestros del  distrito iban a clase una noche a la semana, para poder enseñar a los niños y ampliar las enseñanzas de la televisión con entrenamiento en clase. Mi maestro no podía ir a esas clases nocturnas semanales, así que me mandaron a mí. Estaba en octavo, y ya enseñaba español… También hice un año de álgebra correspondiente a instituto mientras estaba aún en la escuela, lo que me permitió tomar cálculo algebraico universitario mientras estaba todavía en el instituto…

Mi madre estaba sola para criar a cuatro chicos y llevar un rancho de ganado vacuno de 112 hectáreas. Era al mismo tiempo una mujer sabia y con educación, y una mujer con un problema de bebida; trabajando durante meses sin una gota, y luego agarrando una melopea durante una semana. Nunca tuvimos mucho dinero. Después de unos años de ver a otros chicos siempre con mejores ropas y juguetes más nuevos, hice acopio de valor y le pregunté si éramos pobres. “no” dijo  enfadada, “no somos pobres y nunca seremos pobres. Pobreza es un estado de ánimo”. Suspiró, se relajó un poco, se frotó las manos endurecidas por el trabajo, miró   pensativa  al cielo veraniego, y añadió  “Admito que hemos estado sin un duro durante un tiempo ya, pero por Dios que no somos pobres…”

El crecer sin un duro en un rancho remoto rodeado de bosque salvaje significa que si algo necesita ser arreglado,lo tendrás que hacer. Si tienes que aprender algo para hacerlo, lo aprendes. El crecer así es una ventaja enorme para un generalista. Salí de ello con Leonardo da Vinci y Jim Bridger como mis héroes, con la habilidad de hacer la mayor partes de las cosas prácticas con mis manos, y con el ciego, salvajemente equivocado, pero  fervientemente sostenido convencimiento de que cualquier cosa que se necesitase hacer, de alguna forma la conseguiría hacer, incluso en el caso de que solo tuviese alambre, y una vieja llave inglesa …

En el instituto yo era el chico que llevaba la regla de cálculo circular en el bolsillo, y que sabía usar todas las escalas de ambos lados. No era un “nerd” (empollón, repelente niño vicente…), era presidente de clase, pero excéntrico, obsesionado por las matemáticas, la música, la ciencia. Y atribuyo mi olfato para reconocer números malos al uso de la regla de cálculo. Una regla de cálculo no tiene punto para decimales, así que si estás multiplicando 3.14 veces 118, tienes que calibrar mentalmente el tamaño del resultado para decidir donde va el punto de los decimales. A menudo veo un valor numérico describiendo algún fenómeno natural, y digo, correctamente “ ni hablar, esa respuesta  está fuera de escala, algo está mal “, incluso aunque el tema no me resulte familiar.

Empecé a trabajar tan pronto como pude hacerlo legalmente, el verano después de mi primer curso de instituto. Ese  verano lo pasé   baleando paja, seis días de 10 horas cada semana , por 35 céntimos la hora. Tenía 14 años. El verano siguiente, hice de ciclista mensajero en San Francisco. El siguiente verano (1963) fui a la escuela especial de verano para matemáticos de Oregón de  la  National Science Foundation.  Aprendimos a programar computadoras. Yo me sentía en el Paraíso. Había leído acerca de computadoras, y había oído hablar de ellas, pero ver una, ocupando la habitación entera, con los relés clicando, y los tubos de vacío  murmurando, era mi sueño de ciencia ficción hecho realidad. ¡Y nos dejaban escribir programas, y luego hacerlos funcionar! Estaba enganchado . De hoz y coz; pero claro , no había ordenadores de mesa, ni trabajo en programación para mí entonces. En mi último año de instituto, trabajé semanas de 20 horas, ocupándome del torno fotográfico y de la máquina Fairchild  en el periódico local, desde después de medianoche hasta el amanecer.

Para entonces ya éramos urbanitas. En mi último año de instituto mi madre se marchó de casa. Me desperté una mañana para encontrarme mil pavos, y una nota diciendo que no iba a volver y que por favor me ocupase  de mis dos hermanos pequeños. Me ocupé de la casa, me aseguré que tenían comida, y estudiaban, y mantuve la casa el resto del curso. Al final del curso, me gradué como “Valedictorian” ( el que representa a su promoción, hace el discurso , etc) , mis hermanos se fueron a vivir con mi padre, y yo cogí un trabajo de verano de vaquero, en un rancho de vacas  en la frontera con Oregon.

En el otoño de 1964 empecé la universidad en  Berkeley (Universidad de California), pero lo odiaba. Duré un año, y luego me fui a Alaska en busca de fortuna. En vez de eso, prácticamente me moría de hambre. Trabajé como cocinero de comida rápida. Trabajé en una conservera flotante de cangrejo. Trabajé vaciando de los barcos el cangrejo podrido y apestoso. Trabajé de estibador, colocando balas de 200 k g. de  pulpa de un lado a otro de la bodega de barcos. y, sobre todo, vivía de cantar canciones folk  y de tocar mi guitarra en saloons y cafés. Cuando me entró el frío, volé , en noviembre, hacia Greenwich Village, de Nueva York,  por la carretera  de Alcan, sin dejar de cantar. Allí, a causa de los habituales errores y coincidencias, perdí todo lo que poseía excepto mi guitarra y mi ropa.   Fui a dedo a Coconut Grove, en Florida, porque hacía calorcito, allí, y estaba helado. Haciendo música.

Entonces, el ejército me mandó una carta de reclutamiento. 1966., algo sobre un pequeño conflicto en el Sudeste Asático, necesitaban carne de cañón. Pero si me alistaba, podía escoger mi especialidad… Me alisté, y escogí, que ironía, observador del tiempo. Pero a duras penas terminé el entrenamiento básico. En la mitad, ya estaba harto. Le dije con santa calma al sargento  que no podía aceptar ciegamente órdenes de nadie que no conociera, porque me podían mandar hacer cosas en las que yo no creyera… los ojos se le salían de las órbitas y me llevó al capitán. Le dije lo mismo. El capitán se rascó la cabeza, me sentó ante una máquina de escribir, y me dió un montón de papeles de que ocuparme. Me gradué con mi compañía, pero nunca más marché ni entrené con ellos. Se levantarían a las 5,30, al toque de diana. Yo me levantaba a las siete, iba al  cuartel general de la compañía, hacía  el papeleo de la compañía  el día entero, llenaba los formularios que el capitán odiaba, y luego iba al refectorio y cenaba con los compañeros. Deseaba desesperadamente que el ejército me soltara. En vez de eso, me englobaron. Típico.

Después del entrenamiento básico, me mandaron a la Escuela de Observación de l Tiempo, de Fort Monmouth, en Nueva Jersey, cerca de la ciudad de Nueva York. Aprendí cómo el ejército categoriza a las nubes, lo que es un “octa”, como usar un termómetro de bulbo húmedo, aprendí teoría del tiempo, cómo se ve un frente frío en un mapa, y lo que significa, lo habitual, y, sobre todo,como rellenar hojas de información. Y me estaba volviendo poco a poco majara.

No nos dejaban salir de la base para nada. Así que robé un pase de ClaseA, de la caja fuerte de la Compañía. Cada fin de semana me escabullía  con mi guitarra y me iba a Greenwich Village, y tocaba música en los clubs, y me juntaba con los beatnicks y la gente que conocía del año anterior, y dormía en Central Park. Durante un par de domingos, yo tocaba en un club a un lado de la calle, y “Loving Spoonfull” tocaban enfrente. Pero a las ocho de los lunes, ellos estaban durmiendo y yo tenía que estar de nuevo con el uniforme de faena, esperando que los otros soldados se acabaran enterando de las ideas sobre el tiempo que el instructor les explicaba lentamente. Ese estilo de  vida partida en dos siguió durante tres meses o así, mitad beatnick, mitad GI. Odiaba el ejército…

Constantemente me arriesgaba  a ser arrestado por estar escapado sin permiso (AWOL), o por el pase robado. Me entró un tic en el ojo, se torcía como un diablo, no lo podía parar. Estaba perdiendo la chaveta, mis sueños eran siempre vagar en paisajes extraños, me encontré a mí mismo atacando furibundo sin motivo a extraños, o encerrado en mi cuarto rumiando durante horas.

Finalmente, un fin de semana había ido a Boston, y por los habituales malentendidos y coincidencias no pude llegar de vuelta a la base en Nueva Jersey a tiempo. Eso significaba que me esperaban verdaderos problemas cuando volviera. Decidí que tenía que salirme fuera. Me tomé un par de puñados de pastillas para dormir, y les dije a mis amigos que llamasen a la ambulancia cuando perdiese el conocimiento. Me desperté con doctores haciéndome un lavado de estómago en algún servicio de emergencia. Me atiborraron de drogas. Me desperté finalmente  en la sala de pacientes terminales de corazón y cáncer del Hospital Naval de Bethesda.

Permanecí atado a la cama varios días. Me alimentaban por un tubo enchufado a mi brazo. Veía gente morir a mi alrededor cada día. Un día un hombre con ojos cariñosos, anduvo por la sala. Dijo al auxiliar que me desatara y me llevara a su despacho. Me miró y me dijo “ Hijo, el ejército no es para tí”.

Podía haberle dicho que yo ya sabía eso, pero me quedé callado. Dijo, esto es un hospital de la marina, y no tengo ni idea de por qué estás aquí. El ejército quiere que te mande directamente de vuelta a tu unidad. Pero esto no me convence.  Te voy a mandar al  “Bethesda Navy Mental Hospital”  (psiquiátrico del hospital naval de Bethesda). No recuerdo si ofrecí besarle los pies. No estaba carburando  demasiado bien entonces.

En 1966, la idea de la marina norteamericana de lo que constituía un loquero, se podría describir como marinara y pintoresca. Era una Quonset hut [-->], dividida en dos, de suelo a techo por una valla de cadenas. La mitad  para violentos, la otra mitad para no violentos. Además en la mitad de los violentos, estaba la habitación de goma, donde te ponían para que pudieras rebotar contra las paredes todo lo que te diera la gana. Ponían a todos los nuevos contendientes  en la parte de los violentos, nos llenaban de Torazina (un tranquilizante muy fuerte), y nos miraban. Las mayor parte estábamos demasiado adormilados para estar atentos, menos aún para actuar violentamente, así que al cabo de unos días nos soltaban al otro lado. No había terapia. No había radio, ni libros, solo avisos de algun  proyecto de Enfermera Ratched ( la “mala” del nido del cuco), por  el intercomunicador. Nos daban pijama y bata. No había nada que hacer, más que mirar a gente loca haciendo “su cosa”. Y babear. La Torazina es fabulosa para el babeo. Me convertí en un experto. Había vivido sin cadenas toda mi vida, en la carretera, cantando mis canciones, libre como un pájaro. Ahora estaba encerrado en una jaula, claramente no dorada. Mi cerebro era periódicamente inyectado  con jugo de felicidad. Estaba descontento y deprimido. Babeaba y miraba a la pared.

Después de un mes allí, la Marina y el Ejército decidieron mandarme a San Francisco al Hospital Militar Letterman.  La Enfermera Ratched leyó las órdenes y los nombres en el intercomunicador, y mandó a los auxiliares traer un montón de camillas. En vez de píldoras, nos ataron a cada uno a una camilla y nos inyectaron a cada uno una mega dosis de Torazina. Todo se volvió borroso. Nos amontonaron como a troncos en un DC3. Quería acordarme luego de lo cerca que tenía al de la camilla de encima mío. Ví que podía pasar mi mano aplastada encima de mi pecho entre los dos, pero no podía pasar el puño. Luego, la nube de algodón se volvió a adueñar de mi cabeza. El viaje duró tres días con una parada diferente cada noche. Nos desataban de las camillas y salíamos titubeantes, como extras en una película de zombis. La primera noche, me tambaleé hacia el cuarto de baño y me senté en el trono. Estaba estallando, después de todo el día en el avión. Cuando terminé, me di cuenta de que aunque  me había acordado de bajarme los pantalones del pijama,  no me había levantado la parte de atrás de la bata, y me había sentado encima llenándola de desperdicio humano. Miré aquello, me encojí de hombros, saqué los brazos de la bata, y salí dejándola allí.. Estaba ido, medio  enloquecido y medio atontado, tranquilizado al máximo y encerrado 24/7 con hombres tan lejos de los railes como yo, ¿Que me importaba aquello?. Así que me fui a la cama sin  contarle nada anadie. Estar loco significa no tener que decir nunca  que lo sientes.  Por fin, el tercer día llegamos al loquero Letterman.

El loquero Letterman era un edificio que se había usado previamente como cárcel de paso para criminales federales destinados a Alcatraz. Nos metieron en esta cárcel, y nos atizaron otro manojo de drogas. Nos alinearon contra la pared a esperar la cena. Primero, empecé a sentirme rígido. Luego mi cuello se empezó a echar para atrás, y no podía bajar la barbilla. Mis hombros se empezaron a arquear hacia atrás. Luego mis piernas cedieron, y me caí al suelo. Mi espalda se arqueaba más y más hacia atrás en una contorsión de locura. Estaba seguro de que mi espalda se iba a romper, mis músculos encogidos me empojaban hacia atrás. Yo gritaba y pedía ayuda.  Llegaron unos auxiliares, y me inyectaron otra vez más drogas. Me desperté groggy, y atado a una cama en la sala de violentos. Esto se estaba convirtiendo en costumbre. Me explicaron despacito que había tenido un episodio, porque me habían dado drogas malas, pero que ahora estaba mejor porque me estaban dando drogas buenas. Bienvenido al Loquero Letterman, que si antes no lo estabas (loco), aquí lo acabarás por estar.

Pasé casi seis meses allí, mientras el “Verano del Amor” ocurría de puertas para fuera. Después de un tiempo, nos empezaron a dar pases de día. Mi amigo loco Mel  del loquero y yo solíamos ir a Haight Ashbury. Si novia tenía una casa allí. Su novia también tenía una amiga,  que se convirtió en mi novia. Al cabo de otro tiempo, el ejército empezó a darnos pases de fin de semana fuera de la cárcel. Así que, cada fin de semana, nos quitábamos nuestras batas y pijamas del ejército que llevábamos toda la semana.  Los majaras no  llevan ropa de verdad.  Nos poníamor ropa “freak” ; camisas de paramecios, y pantalones de pata de elefante,  éramos terriblemente “cool”.  Íbamos con las chicas al  Haight,  tocábamos música, nos colocábamos.  Fimos al “First Human Be-In”. Pero cada lunes a las ocho en punto, teníamos que estar de vuelta en el loquero. Así que tomábamos LSD todos los domingos por la noche sin falta, y volvíamos  con los ojos dando vueltas como peonzas, nos poníamos nuestros pijamas y batas, y nos dedicábamos a mirar los colorines como trepaban por las paredes, y como las caras de la gente cambiaban y se derretían… pero merecía la pena, porque hubiera sido un esfuerzo sobrehumano el retornar a ese agujero de humanidad perdida en estado  cuerdo y sobrio. Tenías que estar loco para volver allí.

Esa doble vida siguió durante meses. Más esquizofrenia servida. El ejército no ayudaba mucho. En aquella época lo que más hacían era terapia de choque. Pero nunca hacían ningún seguimiento. Mel y yo empezamos a hacer lo que pudiéramos. Recuerdo a un tipo que solía decir “”Bueno, pues hoy me enchufan a la pared”. Luego, a la tarde, se lo llevaban, y lo traían de vuelta con la memoria limpia, blanca blanquísima, lo volcaban en su camastro, de cara a la pared, y se largaban. Mel y yo, y alguno de los otros heridos ambulantes, le sacábamos las fotos de su cartera, y se las enseñábamos. Le decíamos su nombre, y que había estado en un accidente. Que la chica de la foto era su mujer, y el niño su hijo. Le contábamos que vivía en Texas, y era soldado en una guerra. Esto último le solía sorprender mucho, que incluso sin sus recuerdos no se veía a sí mismo como un soldado, y yo eso lo entendía perfectamente.

Después de un tiempo le contábamos que había estado en una situación terrible, en un país lejano llamado Vietnam. Lentamente le íbamos informando de que estaba en un hospital. Y después de un tiempo , dejábamos escapar que no era un hospital cualquiera, sino un loquero, porque nos dimos cuenta de que no era capaz de asimilar esa información recién salido de la caja eléctrica. Y así, poco a poco, empezaba a recordar cosas… pero después de una semana o así, empezaba a recordar demasiadas cosas, a acordarse de haber visto y hecho cosas de las que nadie tendría que ser testigo jamás, y menos aún soportar la vergüenza y la culpabilidad por ellas, y, poco a poco, se iba cerrando de nuevo, hasta que un día se lo llevaban, lo enchufaban de nuevo , y lo volvían a traer hecho un muñeco de trapo sin memoria, y volvíamos de nuevo a empezar el proceso. La terapia de choque le ayudaba, antes de ella estaba catatónico y no hablaba. No me opongo a la terapia electroconvulsiva, que puede funcionar cuando todo lo demás fracasa… pero caray, el ejército podría haber hecho algo mejor que dejarnos su recuperación a Mel y a mí.

Finalmente, después de una eternidad, cuatro meses en el loquero, dijeron que me podía ir. Y mel también. ¡Ibamos a escapar, nos daban de alta!. El doctor firmó nuestras altas. El teniente y el capitán las firmaron. Todo el mundo las firmó, hasta el Comandante General del Presidio. Dijo que Mel iba a ser desenganchado del ejército, y a mí me iban a mandar al Fuerte Ord para prepararme como administrativo de la compañía. Imagínate. Hice el saludo al tipo que me entregó mis órdenes, anduve hasta la puerta , y me piré. Me pasé un par de semanas esnifando speed y hablando durante horas , a toda pastilla sobre loqueteníaquehacer, teníaqueiraCanadá, oquizásentregarme, notendría que seguir escapadoyesperarqueocurrieralomejor, tomé decisiones y las descarté docenas de veces, tan deprisa como era capaz de mover la lengua.

Finalmente, después de horas de escuchar un disco de Bob Dylan cantando “ Aquí estoy sentado pacientemente / Intentando averiguar el precio / Tengo que pagar por salirme / Haciendo el recorrido de todas las cosas dos veces” , me tomé una dosis masiva de LSD y me entregué en el Hospital Letterman para pasar por todas esas cosas dos veces. En esa época vestía los pantalones de pijama del hospital y una camisa teñida a base de nudos. Los doctores menearon la cabeza y me atizaron jugo de felicidad hasta arriba. Una vez más, me cambiaban de las drogas malas a las buenas. Me desperté atado a la cama, y en el pabellón cerrado. Se estaba convirtiendo en una costumbre. Nada de pases de fin de semana para el chico malo. En un par de semanas, decidieron que necesitaba terapia ocupacional. Me pusieron en un cuartito, con otros tres tipos negros, que llevaban pijamas y batas como yo, pero con trapos de colorines alrededor de la cabeza. Todo el día escuchaban la radio más negra “ KIDIA Lucky Thirteen”. Eran estupendos, me acogieron como solo otros lunáticos acogen a uno de ellos. Pegábamos con la plancha piezas autoadhesivas sobre los agujeritos de las sábanas durante todo el día, todos nosotros hasta arriba de Torazina, todos meciéndonos suavemente, y cantando como acompañamiento de James Brown, y las Shirelles, y Etta James, y Motown, y todo lo que fuera negro… gran educación musical para un chico blanco del montón. Y encima aprendí a planchar sábanas ¿quien se queja?.

Finalmente, siete meses después de tomarme un par de puñados de pastillas para dormir, habiéndome colado entre el Scylla de que me enchufaran a la pared, y el Charybbdis de que me mandasen de nuevo al ejército, y en un estado a un tiempo más loco y menos loco que cuando entré en el loquero, me dejaron ir. Había resistido más que ellos. Me dieron un papel de Licencia General, con la justificación “No Apto Para el Servicio”… como digo yo, les podría haber ahorrado mucho trabajo, que yo ya sabía eso desde un principio.

Así que, era libre., finalmente libre,libre sin muros, libre, viviendo en San Francisco en 1967. No más barras de acero irrompible dividiendo el cielo en cuadrículas demenciadas del tres en raya.. No más rejas ni cerrojos en la puerta. No más planchar parches minúsculos a sábanas durante ocho horas díarias, para volver a una sala con otros sufridores encerrados después del trabajo. No más despertarme de nuevo atado a la maldita cama. Me instalé a vivir con mi novia. Estaba bailando en un bar topless de Broadway. Yo tenía veinte años, ni siquiera podía ir al bar a verla bailar… pero era libre, y juré un juramento solemne ante deidades desconocidas que seguiría siéndolo.

Y finalmente, regresando al tema, en algún lugar en esos primeros meses, después de salir de entre rejas, me hice unas reglas que acabaron convirtiéndome en un generalista.

Una fué que mi lema sería “Jubílate pronto, y a menudo”. Otra fué elegir siempre algo que no hubiera hecho antes frente a algo que ya hubiera hecho. Otra fue que si me ofrecieran seguridad o aventura, elegir siempre la aventura. Para terminar, juré no aceptar ningún trabajo sin fecha fija de terminación. Había acabado con lo de cumplir sentencias indeterminadas. El final de la temporada, la terminación de la casa, el final de la cosecha, juré no atarme a un trabajo inacabable, como había estado atado en el loquero, sin una fecha final a la vista. Algunos prisioneros en los campos de concentración de la 2ªGuerra Mundial decían que lo peor, peor que el frío, y el hambre, y las palizas, era la falta de seguridad sobre cuando iban a salir, o si iban a salir algún día. Puedo ver por qué. Me había enfrentado a esa incertidumbre en un frío edificio de cemento con barrotes en las ventanas durante medio año, viendo a hombres pudrirse en el atontamiento de la Torazina en el loquero Letterman, a veces durante años, viendo a algunos ser empaquetados hacia otros loqueros más permanentes, de por vida, y sin saber si saldría de allí, o si me enchufarían a la pared. Sí, aceptaría trabajo, pero esta vez sabría cuando se terminaba mi sentencia, y estaría esperando a ese día para jubilarme de nuevo.

He seguido mayormente esas pautas durante el resto de mi vida. Desde entonces he trabajado en docenas de trabajos y profesiones diferentes alrededor del mundo. Gano tanto dinero como puedo, y tan rápido como puedo hasta que suena la campana, entonces me jubilo. Y sigo jubilado hasta que alguien me ofrece un trabajo estupendo. O hasta que tengo el estómago vacío. He trabajado en todos los continentes excepto el Antártico. Viví en las islas del Pacífico Sur durante 17 años. He ganado dinero, creando y vendiendo joyería, como pescador comercial dede Los Ángeles a Alaska, como psicoterapeuta, como técnico de refrigeración, perforador de pozos, mecánico de automóviles, programador de computadoras, artista gráfico, capataz en construcción de proyectos multimillonarios, trasladando yates, fabricante de vidrieras artísticas, programador y diseñador para USAID y el Peace Corps, jefe de un astillero en una isla remota de cien acres de superficie, preparador internacional en energía renovable, ebanista de muebles de cocina especiales, jefe de programas multinacionales de salud, jefe financiero de una compañía con 40 millones de $ de ventas anuales, jefe de servicio de asistencia para una franquicia de Apple Mackintosh, constructor de casas de gama alta, guía de pesca deportiva de salmón en el río Kenai de Alaska, y un puñado más. Soy surfero, marino, buceador, con licencia de buceo en Aguas Abiertas II , y de buceo de rescate, y tengo licencia de Guardacostas. Y tengo una licencia de Radio: Hotel 44 Whisky Eco.

Mi CV está aquí, si os quereis reír.

Todo esto me ha dado todas las herramientas necesarias para trabajar en la ciencia del clima. Conozco el clima tropical íntimamente porque me he pasado años observándolo. Conozco la estructura vertical de la temperatura del océano porque la he experimentado bajo la superficie. Entiendo el clima como motor de calor, porque me las he tenido que ver con motores de calor y de refrigeración y su análisis matemático, durante años. He visto arrecifes de coral subterráneo siendo dañados de blanqueamiento, mientras ello ocurría, y los he visto recuperarse. Entiendo los modelos de ordenador, porque nunca, desde 1963 he dejado la programación. He pasado cientos y cientos de horas escribiendo toda clase de programas, incluyendo modelos de sistemas físicos y de negocios. Hablo media docena de lenguajes informáticas con fluidez, y puedo leer y escribir despacio, en otra media docena. También he visto lo que la falta de energía barata le hace a los muy pobres, he compartido sus mesas, y he escuchado sus historias. Conozco las idiosincrasias del tiempo del Ártico, no de libros, sino porque me dediqué a la pesca comercial en el Mar de Bering, y se me heló la guitarra en Anchorage. No soy un experto en química o física, o dinámica atmosférica, o en oceanografía, o modelos de ordenador, o biología, o matemáticas, o ecosistemas árticos, soy autodidacta en todos ellos. Pero tengo buen, sólido conocimiento práctico del funcionamiento de cada uno de ellos, y tengo la habilidad de usar las enseñanzas de un campo, en otro.

Me empecé a interesar en la ciencia del clima en los 1990. Mi olfato para los números me decía que los de Hansen estaba muy fuera de lugar. He aquí mi primer cálculo climático, que admito era bien simple: Calculé medio kilowatio por metro cuadrado de media de radiación hacia abajo   (onda larga + onda corta). La gente decía que el doblar el CO2 podía suponer 4 Watios por metro cuadrado. Eso es menos de un 1%, y en un clima enorme, laborioso, caótico, constantemente cambiante , mi detector de números equivocados me decía que no había modo de que un 1% de variación en el forzamiento hiciese descarrilar al clima. Pensé que si el equilibrio hubiese sido tan delicado, se hubiera ido al carajo hace tiempo.

Así que empecé a leer varios estudios de ciencia climática, pero al tuntún, según los pillaba, justo para no perder contacto con el campo. El auténtico cambio llegó en 1995, cuando nos (mi mujer, mi hija de cuatro años y yo), nos fuimos de nuestra casa en Fiji, de vuelta a los USA, donde podía conectarme a internet… y abrir el internet a un adicto a los datos con base matemática como yo es una droga poderosísima. De repente, podía leer los “papers” (escritos, trabajos…), buscar los datos y ver lo que se estaba cociendo. No estaba encadenado a las opiniones de otros sobre la ciencia, podía estudiar los números yo mismo.

Por supuesto, todo esto requería una ingente cantidad de estudio. Pero soy realmente bueno haciendo los deberes. En una ocasión., acepté el trabajo de ensamblar, instalar, cargar, y probar un congelador de explosión en un velero de Fiji. En ese momento, no podía haber dicho como funcionaba un refrigerador, pero sabía que el trabajo no empezaba hasta después de dos meses. Así que me compré un texto de refrigeración para estudiantes universitarios, y comía, respiraba, y dormía con el dichoso texto. Al final de los dos meses, sabía que sería capaz de construir un refrigerador a partir de cero… lo cual fue afortunado, porque lo que se suponía que era un kit para montar un refrigerador de explosión, con todas las piezas, resultó ser solo medio kit, y en Fiji, las piezas para refrigeradores no abundan. Al final, lo construí como construíamos las cosas en el rancho, simplemente porque tenía que hacerlo, así que me las ingenié para construirlo. El congelador de explosión funcionaba perfectamente, el aire salía de él a menos 50ºF , unos menos 46ºC. Resultó ser un congelador alquimista, porque cuando estuvo terminado, convirtió media docena de botellas de vodka de litro, enfríadas a -40º (C o F, a elegir) en una fiesta fijiana de barco con congelador de dos días de duración, que tuvo como consecuencias dos divorcios , una boda, dolores de cabeza generalizados, y una cartera o dos que se fueron nadando. Yo estaba tan borracho que me eché a dormir en una pila de cuedas blanditas, y cuando me desperté hecho polvo me dí cuenta que en realidad me había dormido encima de la cadena del ancla… pero basta de digresiones.

Esta es la clase de intensidad que aporté a mis investigaciones sobre ciencia del clima en los años noventa, adentrándome en un nuevo campo de estudio. No sé con cuantos campos lo he hecho ya. Lo he hecho con la mayor parte de mis nuevos trabajos , pero este ha sido una obsesión. Me he pasado literalmente miles de horas aprendiendo como funcionan y como no funcionan los modelos (GCMs) del clima global, sobre como las estadísticas de bases de datos no-normales difieren de las de bases de datos normales, por qué el Albedo polar es menos importante que el albedo tropical, cuantas poblaciones de osos polares hay, y que están haciendo esas poblaciones , (en general, están creciendo), como programar en R, la lista nunca se acaba. La belleza de la ciencia del clima, es que es una ciencia nueva, que todavía hay mucho que aprender, y la oportunidad de averiguar cosas nuevas te llama, que hay tanto que todavía se desconoce. Nunca me aburro, y claro, sigo estudiando.

Por eso creo que estoy cualificado para comentar sobre ciencia climática.. Soy uno de un tipo en extincción, con una tradición larga y orgullosa, un Científico Amateur Autodidacta. Como sugiere la raíz de la palabra Amateur, un científico amateur es alguien que investiga científicamente por amor, (del latín amare), más que por dinero… lo cual es afortunado, teniendo en cuenta los beneficios crematísticos que he obtenido de ello hasta la fecha.

También soy uno de los pocos científicos amateur que haya publicado algo “peer- reviewed” en la revista Nature, en muchos años. Sí, es una humilde “ Breves Comunicaciones Surgidas”. Pero desde luego fue peer – revisada, y de forma estricta.

También he publicado tres trabajos en “Energy & Environment” la revista científica que los partidarios de Calentamiento Global  aman odiar y vilipendiar, porque se atreve a publicar papeles científico peer-revisados que no apoyan sus tesis, un despliegue de herejía flagrante. Dos de esos tres trabajos fueron peer-reviewed, y uno era una opinión. Y sí E & Eha publicado algún trabajo peer-reviewed que ha resultado ser basura… a diferencia de Science, o de Nature Magazine…

Sea como sea, al final del día todo esto solo son historias para contar alrededor de un fuego de campamento. Nada de ello significa nada sobre si una aseveración mía es verdadera o falsa. Yo aporto una inmensa experiencia práctica, miles de horas de estudio, y una mente dispuesta a estudiar el problema, y a pesar de todo, puedo estar no solamente equivocado, sino estúpidamente equivocado, embarazosamente equivocado, las palabras malas que se quieran poner, equivocado. Porque mis horas de estudio no significan nada. Mi experiencia no significa nada.

De verdad, no es sobre mí, lo único que importa es si mis ideas aguantan o no aguantan la prueba del tiempo.

De cualquier modo, esta es la historia de como me convertí en un generalista, o por lo menos, una pequeña, y no muy bonita parte de ello. Que se hizo más interesante más tarde. La cuento para animar a la gente a darme (a mí y a todos los que se animan a postear públicamente para que sus ideas puedan ser atacadas), un poco más de cuerda larga en relación con los ataques personales. Como mi historia lo demuestra, algunos hemos estudiado extensivamente, y reflexionado a fondo sobre los temas en cuestión, aunque podamos carecer de credenciales y de diplomas o de puestos oficiales . Como mi historia también muestra, puedes no tener ni idea sobre lo que un hombre sabe , lo que ha hecho en su vida, lo que puede hacer, y lo que le empuja a ello. Dejad todas esas especulaciones en casa.

Así que , estas son mis peticiones. Hablad de la ciencia, citad mis palabras si estáis en desacuerdo con ellas, firmad vuestro trabajo, y seguid peleando en la buena pelea científica.

Mis respetos para todo el mundo, y parafraseando mal a Willie Nelson “ Mamases, no dejeis que vuestros hijos se conviertan en generalistas”

W.

Original en inglés: