Una de vuestras contertulias favoritas nos manda estas fotos, sin comentario. Pongo el texto:

  • Con Elebide tus derechos lingüísticos están mejor protegidos
  • En Elebide trabajamos por una sociedad bilingüe. Si crees que se han vulnerado tus derechos lingüísticos ponte en contacto con nosotros y te solucionaremos el problema.
  • Servicio para la garantía de Derechos Lingüísticos

En la autonomía vascopiteca de la Payasada Nacional es muy fácil acabar con complejo de extraterrestre. El gobiernito local te pone esos carteles, con ese texto, completamente en serio. Anuncian con toda naturalidad lo que consideran una buena actividad de gobierno, y se hacen autobombo (con tu dinero) por ello. Pero la gente le hace fotos, alucinada, y las manda a PlazaMoyua.org. Alguien está loco -o es extraterrestre.

Deben tener una gran preocupación lingüística, pero desde luego no por la lengua española, que no saben usar. En castellano propiamente dicho uno no se preocupa por la garantía de derechos civiles, así, a pelo; sino por la garantía de los derechos civiles.

En todo caso es Vasquilandia pura, y Zapaterilandia también. Tienen que combatir la libertad de las personas, y el truco al que recurren siempre es inventarse un derecho colectivo -que quiere decir parcial, no universal. Derechos de los que les mola una lengua, o la tienen por propia. Pero, ¿de los que les mola cualquier lengua? En el metro de Bilbao es más probable que oigas hablar inglés, árabe o chino que vascuence. Lo he medido, como vimos en Lo que se habla en Bilbao. Están preocupados por los “derechos lingüísticos de ingleses, árabes o chinos? Ni hablar; quieren conseguir una sociedad bilingüe de castellano y vascuence, así que se trata de los supuestos “derechos lingüísticos” de algunos.

Puestos a inventarse derechos majaderos, ¿por qué no los derechos gastronómicos? El derecho a vivir en gastronomía vasca, ¡toma ya! Es nuestra “gastronomía propia”, ¿que no? Y el que quiera montar una pizzería, o un chino, o cocina internacional, que se joda, que eso va contra nuestros derechos gastronómicos.

Habrá que repetirlo, y repetirlo, hasta que les entre en el duro cerebro de vascopiteco. La carajada esa de los “derechos lingüísticos” no es nada más que arrogarse el derecho de obligar a los demás a aprender y usar una lengua que no les interesa un maldito pimiento. Si les interesara la aprenderían sin que les obliguen. El derecho no es derecho, sino permiso para obligar; comunmente conocido como atropello. Y lo único que van a conseguir es que algunos empecemos a cagarnos en el puto vascuence de los cojones.

Ya lo explicó un nota llamado Erramun Osa:

Las lenguas no son sujeto de derechos, son los hablantes, las personas a quienes se reconocen los mismos. Pero he aquí una de las paradojas objeto también de debate: toda persona necesita de otra para poder comunicarse; por lo tanto, el ejercicio de los derechos lingüísticos individuales condiciona el de los demás, y viceversa.

Y ya le explicamos que cambie lengua por sexo, y mire lo divertido que puede quedar cuando Erramun se tropiece en un callejón oscuro con Cuasimodo: toda persona necesita de otra para poder follar, por lo tanto, el ejercicio de los derechos sexuales individuales condiciona el de los demás, y viceversa. Mejor que tenga cuidado con el viceversa. Y mejor aún que se deje de pajas mentales, y no confunda derechos con obligaciones / atropellos.

¿Crisis? ¿Quien dijo crisis? Aquí Pachindacari está muy entretenido con los “derechos lingüíticos”, que es algo propio de los que no saben en qué gastar el dinero. Pero si quiere que nos comuniquemos por cartelitos, yo tengo el mío:



Actualización (09:15 25/sep) Pero todo tiene solución si dejamos de hacer el vascopiteo. Y si no es mentira, como en el caso de Nuñez Feijóo.

Esa es la forma de que el vascuence deje de ser el maldito vascuence, para volver a ser el viejo querido vascuence. Otra forma de verlo es buscar una sociedad libre en vez de una sociedad con “un equilibrio real entre las dos lenguas”, como pretende Elebide –>.

Enlaces:

Inmersión linguística, hasta el ahogamiento final