Casi nadie entiende de economía. Y es una lata, dada la importancia que tiene en nuestras vidas. Parece como que nos encogemos de hombros, y dejamos que los políticos decidan por nosotros, apoyados en los “expertos”. Pero aunque no entendamos de economía, si entendemos de políticos, y mucho. Son como nosotros; ni más ni menos. Y con Zapatero, a menudo menos.

Juzgar a los expertos es imposible sin los conocimientos de su ciencia. Pero solo hasta que los expertos hacen de futurólogos. Entonces está a huevo; basta con ver si han acertado o no. Y una vez cumplida o fracasada la predicción, podemos dividirlos en pitonisos (que no han acertado) y adelantados (que han dado en la diana). El sentido común nos llevaría, una vez establecida la diferencia, a prescindir de los pitonisos y a empezar a escuchar a los adelantados. Siempre con precaución, claro. Porque mientras es indudable que la ciencia del pitoniso es mala ciencia, siempre puede ocurrir que el aparente adelantado haya acertado por casualidad, y no por un conocimiento real del funcionamiento de las cosas.

Tenemos una crisis económica un poco especial, de la que no parece estar claro cuando vamos a salir. Tiene de normal que los pringados se han empobrecido, y que el paro ha crecido. Y tiene de diferente que los banqueros no se están tirando por ventanas de Wall Street. La apuesta más fuerte es que el dinero pasará de los bolsillos de los más a los bolsillos de los menos, pero que esta vez el grupo de los más será más amplio de lo habitual. ¿Quiere eso decir que lo que va a salir de los bolsillos de los pringados va a ser más cantidad de la habitual? A saber.

Poco se puede hacer, salvo esa distinción entre pitonisos y adelantados. O, al menos, presuntos adelantados. Entre los primeros están casi todos los expertos en política económica y financieros. No vieron llegar la crisis; ni la olieron. ¿Cual sería el motivo para hacer caso a las soluciones propuestas por los que ya han demostrado no saber cómo funcione el sistema? No se me ocurre. De los segundos, los presuntos adelantados, hay poquísimos. Y da la casualidad de que uno de ellos es español, lo que siempre es un grata sorpresa.

Douglass Carswell es un parlamentario británico conservador, radical, y marcadamente independiente, del que dicen que es bastante influyente en el entorno de David Cameron y en el gobierno de coalición. Y acaba de presentar una propuesta de ley de reforma bancaria, cuya segunda lectura será el 19 de noviembre. Su idea es que la gente pueda elegir en los bancos entre una cuenta de guardar el dinero, y una cuenta de inversión. En el primer caso, el banco no puede disponer de ese dinero para prestarlo (coeficiente de caja del 100%). En el segundo, queda claro que el cliente le está prestando dinero al banco. La sorpresa es que Carswell presenta un estudio que demuestra que el 70% del público británico cree que cuando abre una cuenta en un banco, y deposita dinero, el banco guarda y tiene disponible ese dinero. Vamos, que cree que sigue teniendo el dinero, en vez de una promesa de devolución.

Y aquí viene lo de los pitonisos y los adelantados. Es exactamente así como lo plantea Douglass Carswell, aunque con menos cinismo:

Desde que nos golpeó el crac crediticio, una inagotable sucesión de economistas -la mayor parte de los cuales no lo vieron venir, han aparecido en nuestras pantallas de televisión para explicarnos las causas con gran autoridad. La mayor parte ha tendido a ver la falta de crédito como un problema, en vez de como un síntoma.  Tal vez deberíamos, en cambio, escuchar a aquellos economistas que vieron el exceso de crédito que precedió a la crisis, como el problema. El Cobden Centre [-->], el Ludwig von Mises Institute [-->] y Huerta de Soto [-->], avisaron de que la sobreproducción de maravillosos créditos humo de antes de la crisis, iban a provocar una crisis. Es hora de tomar en serio sus ideas sobre dinero honesto y banca de fuste.

Y el parlamento completo, en su presentación de la propuesta de ley, parece un resumen del libro de Jesús Huerta de Soto, Dinero, crédito bancario y ciclos económicos.

Seguro que no sale. A los políticos les va muy bien este sistema, y las crisis cíclicas. A los banqueros, parece que ahora también.  Y los pringados … ¿cuando han contado los pringados? Pero aun sin salir, es probable que esta iniciativa parlamentaria ponga en la palestra la discusión la discusión pública de esa revolucionaria idea. Y puede que la gente se entere si tiene dinero, o tiene promesas.

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