Santiago

Me pedisteis ayer que escribiera una entrada relacionada con los libros electrónicos o “ebooks” y a ello me pongo.

Generalidades.-

En primer lugar me gustaría comentar que el tema en cuestión es bastante amplio, dependiendo de dónde queramos poner más énfasis. Por un lado está el aspecto puramente práctico de la compra de un lector para este tipo de material. Por otro, es fundamental saber dónde podemos obtener la lectura y a qué costo. Finalmente y bajo un aspecto más técnico debemos contemplar la facilidad/dificultad de hacernos nosotros nuestros propios ficheros (libros o artículos) en el formato más adecuado y partiendo de documentos en otros formatos de amplia difusión hasta ahora y de los hay en enorme cantidad (no es cuestión de tirar lo existente y además, todo es aprovechable).

En esta primera entrada (sí, me temo que no sabíais el precio de vuestra petición; en asuntos de libros electrónicos creo que se me puede atribuir el título de “pelmazo oficial” sin reserva alguna; ¡serán varias las entradas…!), como digo, hoy toca hablar de los aparatejos electrónicos o lectores.

Personalmente, llevo más de tres años sin leer un libro de papel y leo todos los días. Hasta este año, me he arreglado con un primer “cacharrito” que vendía Nokia (el N810), parecido a un móvil grande con una pantalla de 4.1 pulgadas, y posteriormente, tras regalarlo a alguna de esas voraces alimañas que son los hijos, hermanos y demás parientes, me he pasado a la lectura directa en el móvil. Si seguís un poco la evolución de los teléfonos móviles, habreis visto que en la gama de los llamados “smartphones” (o sea, los caros), la tendencia a aumentar el tamaño de la pantalla se va imponiendo. El único que ha mantenido el tamaño invariable es el IPhone que es muy bonito, una maravilla de fabricación (con problemillas, al parecer en este cuarto modelo) pero absurdamente caro (si se compra liberado) y con las ventajas e inconvenientes que conocen bien los apple-adictos, o sea, “made by Steve Jobs”.

Afortunadamente, los “pájaros” de Google desarrollaron el sistema operativo Android lo que ha provocado una avalancha de nuevos dispositivos tan (o más) prácticos que el IPhone, más baratos (no mucho) y completamente “abiertos”: el que sepa (y sea valiente) puede hurgar en el software del móvil, hacer que vaya más rápido, optimizar el firmware…etc. Se han desarrollado varios fórums de hackers que se dedican a eso, se lo pasan pipa y facilitan las últimas mejoras (que se deben utilizar con muchísima prudencia).

No sigo con los móviles porque os aburriría. Resumiré diciendo que un móvil de última generación es realmente un ordenador, que va tan rápido o más que algunos netbooks y que sirve casi para lo mismo, siendo más cómodo para determinadas aplicaciones y menos para otras. A partir de una pantalla de 3.2 pulgadas (los más pequeños) se pueden utilizar como lectores electrónicos. Lamentablemente, no para todo el mundo. A muchas personas no les gusta pantalla y letra pequeñas o no lo ven bien o se cansan de leer. (Personalmente creo que, para los que tenemos “cierta edad” es un problema de graduación de gafas.) Debo confesar que no conozco otro lector empecinado en utilizar el móvil para leer (entre otras cosas, la totalidad de los “Episodios Nacionales”) aparte de mi humildísima persona. Y es una pena, porque la sensación que te da salir a la calle sabiendo que llevas dos o tres mil libros encima, aparte de unas cuantas obras de Bach (y algunas cancioncillas menos trascendentes que “El Clave bien Temperado”) para escuchar mientras lees y dos o tres películas de esas inolvidables para los descansos, es una gozada. Y todo en el bolsillo de la camisa…!!

Lectores convencionales.-

A lo largo de este último año la industria del ebook, por fin, se ha desperezado y, como suele ocurrir, se lanza a una competición algo disparatada sacando nuevos modelos cada tres o cuatro meses. Estamos, pues, en un momento de rapidísima transición. Y es en situaciones como ésta en las que hay que plantearse bien lo que uno quiere y lo que existe a su disposición.

Las dos filosofías que destacan se diferencian bien por la tecnología utilizada: por un lado tenemos los defensores del papel simulado, que sigue siendo el más utilizado y por otra la opción directa de la pantalla tipo LCD iluminada. De momento, la primera opción va ganando la partida, pero la segunda, y a partir del IPad, empieza a moverse con rapidez. Ya veremos qué pasa o si conviven juntas, que es lo que yo creo que pasará durante una larga temporada.

El “papel electrónico” cuenta con una ventaja teórica imbatible, que es la duración de la batería. Prácticamente todos los sistemas del tipo LCD deben dejarse por la noche cargando. Por otro lado, dicen, se oye, se comenta…etc, que la lectura en esas pantallas cansa menos la vista. Puede que sea una leyenda urbana, pero ha calado entre “el personal”. Finalmente, si uno no pretende exquisiteces, resultan más baratos que las tabletas de lectura LCD, aunque eso cambiará.

La gran ventaja del tipo “papel”, es, sobre todo, importante en salidas, viajes, vacaciones…etc, donde se desentiende uno de la necesidad de cargar la batería. (Los que escasamente nos levantamos del sofá elegido en nuestra casa, no vemos en ello ventaja alguna.) Sin embargo tiene una, para algunos, pequeña pega que es el tiempo de refresco de la pantalla al pasar la página. (A mi me pone enfermo pero reconozco que soy un tipo raro.) Lo usual es acostumbrarse y rápidamente. Una de las últimas veces que me levanté de mi rincón del sofá, me fuí de viaje a Dubai. Allí compré el último smartphone que quería para mi, y un lector de estos de papel (el iRiver: muy parecido al Kindle de Amazon). El móvil me costó 400 eurazos y el lector, 200. (Sólo si se va uno a un sitio tan absurdo como Dubai se puede patear alegremente la poca pasta que a uno le queda.)

Para no alargarme mucho más (no os preocupeis; ya seguiré…hasta que me pidais piedad), y refiriéndome a los comentarios de ayer con María, diré que he estado echando un vistazo por Internet viendo las novedades, posibilidades…etc. Hay una página en concreto, donde sin grandes y últimas novedades se puede ver bastante bien las peculiaridades de los diferentes modelos. Es ésta:

http://ebook-reader-review.toptenreviews.com/

Como le decía ayer a María, lo del Kindle me resultaba sospechoso. Por un lado tiene sus ventajas innegables, pero los fallos son aparatosos: no admite EPUB, que admiten todos los demás. No admite tarjeta externa, otro fallo estrepitoso. Dice que se pueden llevar mil o dos mil libros. En formato EPUB, un libro, como media (amplia), suele ocupar 500 Kb. En una tarjeta externa de 32 Gb., que ya están a la venta, se podrían llevar hasta 64.000 libros. Tampoco hace falta. Con que tenga espacio para duplicar una hermosa biblioteca privada es más que suficiente.

Como siempre, hacen trampa al dar las especificaciones y el periódico o lo que sea, se vende. Pero bueno, esa es práctica habitual en todos lados. Por ejemplo, hablan de la duración de la batería, similar a la de los demás, pero no dicen que esa duración se calcula sin utilizar la conexión inalámbrica que consume una barbaridad y es totalmente innecesaria.

Si nos fijamos en el modelo de Sony, el más recomendable de los que aparecen, entre otras cosas por su bajo precio (el euro vuelve a estar a 1.3 dólares), y tenemos en casa un ordenata que tenga ranura para tarjetas SD (hoy día, prácticamente todos… no sé si con la excepción del fabuloso portátil de… Apple), simplemente extrayendo la tarjeta del Sony (y lo mismo con los demás) e introduciéndola en el portátil, podemos copiar todos los libros que queramos en un instante al lector. En cualquier caso, mucho más rápidamente, si son muchos, que a través de wi-fi.

Las dos condiciones que he mencionado creo que son “sine qua non” a la hora de elegir un lector. Es decir, lectura del formato universal EPUB y posibilidad de tarjeta externa. Como dato interesante, os diré que en la página de Gutenberg, la primera en distribuir ebooks gratuitamente, sin derechos de autor, han añadido a los formatos que tenían anteriores (texto y html) el formato EPUB que va divinamente, por cierto.

Por otra parte, creo que la compra que se haga hoy de uno de estos aparatos debe hacerse con mentalidad de duración limitada para los más jóvenes (de espíritu, claro!). Luego, esperar tres o cuatro años para que haya cosas mucho más convenientes y con precios razonables.

Otros aspectos a considerar están relacionados con el tamaño de la pantalla y el peso del lector. La pantalla estándar viene siendo de seis pulgadas para que el aparato sea manejable y “movible”. El iRiver de mi mujer pesa 280 gr. Que no pase de 300 gr. resulta muy cómodo. De espesor debe ser, como límite, un centímetro. Tampoco es despreciable que tenga ciertos “añadidos” muy convenientes. Volviendo al iRiver (es el único que conozco bien), se puede llevar y escuchar música o grabar lo que uno quiera con micrófono, o sea, hablando o sonido externo.

Pantallas mucho mayores que las de seis pulgadas tampoco son recomendables para leer. Yo diría que siete pulgadas, como el IPad, es un límite. Para leer un libro, las líneas horizontales muy largas no resultan cómodas al saltar de línea. Claro que eso depende del tamaño de la letra. Todos estos “cacharros” permiten cambiarla.

La claridad de las letras depende, claro está, de la definición de la pantalla, que no suele ser espectacular. Todos están pensando para un rango de tamaño de letra más o menos similar: un poco más grande o un poco más pequeña.

Ayer (me volví a levantar del sofá; exigencia de mi adorable esposa) estuve en El Corte Inglés y tuve oportunidad de “jugar” con el IPad. El cacharrito es una maravilla para “pasearse” por la Web y se lee estupendamente. Es rapidísimo y con una pantalla de alta definición. Una gozada. Para mi sería ideal si costara exactamente la mitad, admitiera tarjetas externas y pesara, también, la mitad. Este último punto es su talón de Aquiles. Pesa casi 800 gr. Por cierto, María, el que te gusta de Kindle pesa alrededor de 650 gr. Piénsatelo bien. Aunque todo depende del uso que se le vaya a dar, claro está. Para leer periódicos, puede estar la mar de bien.

Termino ya aunque con la sensación de que me dejo un montón de cosas entre las teclas. La próxima entrega irá dedicada al que llamaríamos “software”, o sea, los libros. Perdonad si os he aburrido. :-(