Dice Guzmi (ayer):

Tampoco hay que sacar las cosas de quicio, compadres, y fíjate lo que me mola a mi sacar las cosas de quicio… Lo acaecido en la Complutense, con ser muy expresivo del páramo moral e intelectual por el que hace décadas deambulamos, no deja de constituir la patochada de un par de subnormales panzaprieta (a mi modo de ver ni siquiera alcanzan la condición de fascistas) venidos a infinitamente menos (basta comprobar la reacción suscitada en la práctica totalidad de medios de comunicación) que llevan ya incontables lunas chupando almorrana bajo el disfraz de coros y danzas del zapaterismo comme il faut. Un jubiletas con timbre de curita maricona (sobra decir que con todos mis respetos hacia mariconas y curitas, si es que se visten por los pies), ex fiscal anticorrupción nada menos que en la época de Ali González Baba y sus 400.000 ladronzuelos, secuestradores y asesinuchos sincopados (fiscal anticorrupción en la época de Felipe, irresoluble contradicción intrínseca, diríase fibroquística, que se retroempercute en sí misma, ¿que no…?), dos fulanillos sedicentemente sindicalistas que, con alrededor de 5 millones de desempleados y 250 mil liberados en la retropala mixta, no tienen cosa mejor que hacer que irse de buena mañana a una universidad a reivindicar la cheka setenta años después, una bandera de la república con el escudo constitucional (¿?) y la leyenda “Viva Garzón”, y varios cientos de liberados dando palmas en comisión de servicios.

La sempiterna catetada nacional. Sólo faltaron (o acaso estaban) Ian Gibson, Rosa Regas, Cristina Almeida, el jabalí de la Mª Antonia Iglesias y/o Maruja Torres.

Si en el fondo hasta nos viene dabuten. Quiero decir: es tal el nivel de mamarrachez supina, intenta rizarse hasta tal punto el rizo, tan chabacano resulta todo el pseudoperformance diario, que van camino de que no les hagan caso ni sus propios familiares. Fijaos que tengo por paleta y adocenada a la pretendida ciudadanía cuchuflética (dos legislaturas votando diarrea…), pero con todo y con eso entiendo, o quizás quiero entender, que, salvo marginales excepciones, es imposible ser tan memo como para seguir tragándose semejante bofe. Haría falta no ya ser imbécil o analfabeto sino simplemente ornitorrinco.

Está la mitad de la basca entre asombrada y asustada de la reacción de la otra mitad por los casos de presunta prevaricación de Garzón. Por la impresionante violencia, y por la estupefaciente falta de vergüenza argumental. Y los pocos medio racionales que quedan en este país de locos se preguntan de donde saldrá, a qué viene la ventolera que les ha dado a los ultras progres.

¿Puede alguien imaginar el argumento de que “trabaja mucho”, “es buen chico”, o “ayuda a las abuelitas a cruzar el semáforo”, como explicación de que es inadmisible que juzguen por pederasta a un pederasta? ¿O que son “los falangistas” los que acusan, luego no vale? ¿O el argumento (Pilar Raohla) de que no cabe la prevaricación puesto que todas las leyes son interpretables, cuando nadie oyó a Raohla protestar por el invento de Garzón contra Gómez de Liaño, convenientemente anulado por los tribunales europeos?  Debería de dar vergüenza, pero no parece que a los ultras progres les quede nada de vergüenza en este caso.

¿Y la violencia y la unanimidad de reacción de toda la casta para defender a “querido Emilio”? Solo parece comparable, en violencia y en desvergüenza, al 11-M. Lo que no es ninguna explicación, sino todo lo contrario. ¿Qué les ha dado con Garzón, que no hace tanto era enemigo con lo del GAL?

Pues que Garzón es el núcleo del fuero y el paradigma por excelencia para esta gente. Porque se trata, LOGSE mediante, de acabar con cualquier posibilidad de razón objetiva en la cosa pública, que es la forma de que triunfe el mito y la ideología. La primera piedra necesaria para el triunfo del progrerío actual -y de paso también del nacionalismo. Y Garzón es el campeón del todo vale mientras sea para el convento, también llamado “imaginación creativa” en la sección judicial de esta tropa. Garzón es el caso clave, el trasunto. Se puede soñar con un mundo en el que Garzón sea la quitaesencia de como no se debe comportar un juez, y eso es el sueño de un mundo medio racional. Y se puede soñar con un mundo en el que Garzón sea el paradigma de juez, donde cuando conviene el terrorismo se convierte en genocidio, y cuando conviene se convierte en “el proceso”, y la “sensibilidad judicial” hacia la sociedad (léase gobierno). Garzón es, por tanto, el quid de la cuestión. Y de ahí la reacción. No es para menos.