Es una pregunta sensata muy frecuente. ¿Si eso del cambio climático -sus motivos – es algo tan poco claro, y hay tantas pegas con la tesis del CO2 como culpable, como es que tantos científicos dicen lo mismo? Este artículo de Garth Paltridge lo explica muy bien. Y con gran conocimiento de causa.

Parltirdge fue el jefe de investigación científica de la división de investigación atmosférica del  CSIRO (Australia’s Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation) , antes  de convertirse en el director del Instituto de Estudios Antárticos y del Pacífico Sur, y  jefe ejecutivo del Centro Antártico Cooperativo de Investigación.

Acaba de publicar un libro, The Climate Caper, y Christofer Pearson le hace una entrevista /  reseña / atrtículo [–>] en The Autralian.

Extraigo:

Paltridge hace un resumen muy fresco de la física y la economía del cambio climático, pero quiero enfocarme en su relato de la nueva religión verde.  “Tal vez la pregunta más importante de todo este asunto sea como puede haber llegado la comunidad científica a liderar su propia propaganda sobre la seriedad y certidumbre de un cambio climático drástico venidero. Después de todo se supone que los científicos van a actuar sesgadamente al enfocar un problema, y que van a contarlo como es. A lo largo de los siglos han construido el capital de su reputación solo con esa suposición. Y en el último par de décadas han invertido todo ese capital en el apoyo público de una causa que, como mínimo, está sobrecargada de una enorme cantidad de duda. ¿Y como es que el resto de la comunidad científica, incómoda tanto con la ciencia del calentamientoglobal como con como se juega la política, continuan dejando que se arriesgue la reputación de la ciencia en general con ese sobreprecio con en que se venden los peligros delcambio climático.

Parte de la respuesta está en como encuentran las instituciones los caminos para silenciar a sus empleados. Paltridge mismo estuvo envuelto en el arranque del Centro de Investigación Antártica en los primeros 90s con el CSIRO. Como explica: “Cometí la equivocación de mencionar en una entrevista mediática -reseñada profusamente en el dominical del The Australian-  de que quedaban muchas dudas acerca del peligro potencial del calentamiento global. Baste decir que en un par de días me dejaron claro desde los altos niveles del CSIRO que, si volvía a hacer esos comentarios de nuevo, se acabaría el proceso de formación de nuevo centro.” El CSIRO, según se vio después, estaba en aquel momento a punto de conseguir muchos millones de dólares para investigación climática futura”.

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No sé de quien es la anécdota, pero alguien muy conocido decía que si quieres hacer un estudio por ej. sobre el “Pato Rojo” del Mediterráneo Occidental, y buscas, como no, financiación universitaria o de otras ramas de la administración, no puedes presentarlo como: Estado del Pato Rojo en el Mediterráneo Occidental, porque no te dan un duro. En cambio si se tratara de “Efectos del Cambio Climático Sobre el Estado del Pato Rojo en el Mediterráneo Occidental, entones tus posibilidades suben como la espuma. Y no hay investigador que lo ignore.