El juicio ya pasó y todos estamos tan tranquilos ¿Hay condenados, no? Con tropecientos mil años de cárcel. Pues ya está.

-¿Ya está?

Veamos. Hay un condenado, repito: uno, como autor de la masacre. Trece bombas, un condenado. Jamal Zougam. Ese técnico de teléfonos móviles que dejó en una de las bombas una trajeta SIM innecesaria para que la bomba funcionara, y que había vendido él mismo, lo que garantizaba su detención en caso de que la encontraran. Ese despreocupado terrorista que después de saber que habían encontrado su bomba con su tarjeta, se quedó tranquilamete durmiendo esperando a que llegara la policía a capturarle. Porque le va la marcha. Es un “sospechoso habitual” desde hace años. Cada vez que hay una movida islamista, le detienen y le interrogan; incluso le imputan. Y como le va la marcha, se quedó esperando, a pesar de saber que la bomba no estallada le apuntaba a el directamente. Bien, ya tenemos uno. ¿Uno y quien más?

-Pues hombre, los suicidas de Leganés, ¿no?

No parece. Porque en el piso de Leganés había los siete suicidas, y otro más que bajó a tirar la basura y se las piró al ver la movida policial. Se las piró, sí, sin más. Bouchar. Pero aparte de largarse, por pura chiripa, era igual que cualquiera de los otros siete. Igual respecto al 11-M. Sus huellas estaban en el piso de Leganés y en el chamizo de Morata de Tajuña. Estaba tan relacionado con los demás, como los demás entre sí. Y ahora la fiscalía dice que no hay la menor prueba de que Bouchar, el vivo, tuviera participación en los atentados. ¿Y los muertos? Pues si el razonamiento vale para el vivo, lo mismo valdrá para los muertos.

Lo cuenta muy bien Luis del Pino en Libertad Digital –>:

Recordemos que una de las contradicciones más flagrantes, y más criticadas, de la sentencia del 11-M es que dice que los siete presuntos islamistas que aparecieron muertos en Leganés pusieron las bombas de los trenes, sin proporcionar ningún tipo de argumento que justifique semejante afirmación. Al mismo tiempo, esa sentencia del 11-M exonera de la colocación de las bombas de los trenes al octavo habitante de ese piso de Leganés, Abdelmahid Bouchar, que escapó a la carrera, según nos dicen, de aquel piso, eludiendo el cerco policial.

Ante esa contradicción, varias acusaciones recurrieron, argumentando que, si los habitantes del piso de Leganés fueron los que colocaron las bombas, entonces Abdelmahid Bouchar debería ser condenado como autor material, porque también estaba en ese piso. A este argumento, la Fiscalía contesta (ahora) lo siguiente:

“Así, no es sólo que no sea reconocido por una testigo en el lugar de los hechos, sino que tampoco existen pruebas convincentes de que BOUCHAR realizara actos objetivos de ejecución de dichos atentados para considerarlo coautor, dado que la mera presencia de huellas genéticas y dactilares en la finca de Chinchón, así como su condición de habitante del piso de Leganés y su relación con los otros coautores, no acredita esta participación, sino su pertenencia a grupo yihadista y tenencia de explosivos, por los que ha ya ha sido condenado.”

En otras palabras: que no se puede condenar a Abdelmahid Bouchar como colocador de las bombas de los trenes, porque no hay nadie que le haya reconocido en esos trenes, ni tampoco hay ningún otro indicio que permita afirmar que colocó las bombas.

Pero entonces, aplicando el mismo razonamiento, tampoco podemos afirmar que los siete muertos de Leganés colocaran las bombas, porque tampoco hay nadie que los viera en los trenes ni existe ningún otro indicio de que ellos las pusieran.

En ese caso, ¿sería alguien tan amable de decirnos quién colocó las bombas que mataron a 192 personas?

Y como resulta que los que antaño consideraba la fiscalía como inductores y autores intelectuales, Mohamed El Egipcio, a Hassan El Haski y Yousef Belhadj, ahora dice que no tienen relación con el 11-M, aunque por lo demás son malísimos, nos hemos quedado con solo Zougam para todo el atentado. Y eso si nos creemos la película de Zougam.

Pero todos tranquilos, que ya sabemos todo lo que hay que saber del 11-M