Imaginad que hay una banda de atracadores muy violentos en Madrid, cometiendo atracos con muchos asesinatos, y gran alarma pública. Y que al final el gobierno dice que los han detenido, y juzgado, y que todos tranquilos.

Pueblo: – ¿Eh, oiga, pero al final como ha sido la cosa? ¿A quien han detenido, quien formaba parte de la banda, quien pensó los atracos, quien los dirigía, como los llevaron a cabo?

Estado de derecho: – Ni puta idea, ché. Hemos detenido al que conducía y al que les vendió las pistolas, que no sabemos si son las mismas pistolas, pero que seguro que se las vendió el tío este.

Pueblo: – Pero bueno, ¿y el resto de la banda qué? ¿Quien lo pepetró? ¿Quien lo pensó? ¿Quien lo preparó? ¿Como sabes que no van a formar otra banda, y a volver a las mismas?

Estado de derecho: -¡Ah, pues pensamos que no! Porque creemos que unos tíos que dicen que se suicidaron en un piso de Leganés, al contrario de lo que hacen los islamistas, que acostumbran a morir matando, cremos, digo, que los suicidas son precisamente esos que faltan y por los que estás preguntando.

Pueblo: -¡No jodas!, ¿y eso como lo sabes?

Estado de derecho: -Pues porque eso dice la poli, y como ellos están muertos, no pueden decir que no.

Añadir que no pienso que los jueces hayan hecho nada raro, ni tenido en cuenta cosas que no debieran, ni sufrido influencias de ningún tipo. Al contrario, da la impresión de que lo que ha resultado de este juicio, es lo que suele ocurrir en la mayor parte de las ocasiones. Lo que pasa es que normalmente no nos enteramos, porque los juicios penales sobre el hampa menor no suelen estar en el foco informativo. Y lo que ha ocurrido esta vez es sencillamente lo normal, con la única diferencia de que esta vez todos estábamos mirando. Y vemos como tres pringados se llevan casi todo el pastel, y luego muchas penas menores que no se sabe que relación tienen con el 11-M. ¿Colaboración o pertenencia a banda armada? ¡Cojonudo! ¿Que banda? ¿Que hechos de armas, o proyectos de hechos de armas, ha perpetrado la tal banda? Aaahhhh.

En todo caso habrá que bucear un poco en los entresijos del razonamiento de la sentencia, porque así, en un primer vistazo, no es tan fácil discernir qué nos lleva a no admitir las pruebas contra El Egipcio, -el último al que la fiscalía le cogaba el sanbenito de ser el “cerebro”, y sí nos lleva a admitir las pruebas contra Zougam. De acuerdo, las pruebas contra uno eran de coña, pero, ¿y las otras? ¿De verdad que ha sido por escoger alguno entre muchos reconocimientos contradictorios? Sabemos que hubo reconocimientos de etarras. Un reconocimiento de un desconocido de otra raza, y al paso en un tren, es una broma demasiado macabra como para permitir que tenga peso real en un juicio penal. Y si encima nos permitimos decir -este reconocimiento me vale, porque cuadra, y este no, porque no cuadra-, pues apaga y vámonos.

Si es que además hemos tenido en este juicio la más palmaria demostración de la chapuza que son esos reconocimiento. Con Basel Galyoun. Reconocido sin la menor duda en uno de los trenes, por una testigo de la acusación. Lo que le hacía ser autor material de los atentados, pero autor, autor, sin resquicio de duda. Y resulta que en el juicio la testigo nos cuenta que, lo siente mucho, pero es que da la casualidad de que poco antes de venir a declarar ha comprado un libro sobre el 11-M, donde sale la foto de un pollo que fué investigado los primeros días, y resulta que ese pollo es definitivamente el tío que ella vió en el tren. Se parece a Basel, que le vamos a hacer, pero ahora está segura, 100%, que no es Basel el que ella vió, sino el otro pollo que ahora dice. Reconocimientos de desconocidos al paso. Pero resulta que si esa señora no se compra ese libro cuando lo compró, a Basel Galyoun le habrían caído 30.000 años en vez de doce. En vez de 12 años por colaborar con una banda que de momento no he conseguido averiguar qué banda es, ni qué delitos ha cometido. Lo estudiaré. Pero el ejemplo del reconocimiento ahí está, y ha quedado transcrito. Pues parece que lo de Zougam es un reconocimiento (entre varios otros contradictorios con él), que no tiene por que valer ni más, ni menos, que el de Galyoun.

Pero como digo. Estoy seguro que nada fuera de lo normal. No siquiera fuera de lo normal para “Superber”, porque, tirando de memoria, en su último gran juicio por terrorismo “islámico”, el de Abú Dadá y los cuarenta de Al-Qaeda, el supremo ha declarado inocentes a la inmensa mayoría de los condenados por él. Casi todos. Algo así como veinte liberados, y solo dos mantenidos como culpables, pero encima con las penas muy rebajadas. Creo que eso se llama “verdad judicial”, y debe ser algo que tiene una relación con la verdad, digamos que un tanto “peculiar”.

Nota / ejemplo: La noticia en el New York Times [—>>]:

MADRID, Oct. 31 — The National Court on Wednesday convicted three men of murdering 191 people and wounding more than 1,800 in the 2004 Madrid bombings. But three other men, who were accused of being the organizers, were found not guilty of direct involvement in the attacks, the most deadly carried out by Islamic radicals on European soil.

Resumen del resumen: 13 bombas, 11 autores materiales (contando los 8 suicidas), ningún cerebro, ninguna preparacion conocida, ningún cursillo de bombas conocido, ningún experto terrorista por los alrededores. Solo montones y montones de chivatos policiales. Pero le llamamos islamista. ¿Y por qué no “asturianista”, “magrebista”. “yonkista”, “juerguista”, o “confidentista”?

Coda (que diría Arcadi): Por lo menos en el caso de “los cuatro de Guilford” [—>>], Scotland Yard tenía la confesión de Giuseppe Conlon. Falsa, sacada a hostias, pero confesión firmada al fin y al cabo. Aquí ni siquiera tenemos eso.

Y remate. ¿En que andan los de la versión oficial? Atacando a los conspiranóicos, claro, a la prensa insumisa, y al PP, faltaría más. Pero ¿que dicen de la sentencia, que dicen del 11-M? Que todo está muy claro, como siempre lo ha estado. Pero fijémonos por favor en qué es lo que está claro, por ejemplo segúnel editorial de El País al respecto [—>>]:

Ha quedado meridianamente claro quiénes fueron los autores de la masacre, la procedencia y la clase de explosivos que utilizaron y el modo en que se financiaron.

Esto es todo lo que tiene que decir El País sobre el 11-M. Lo demás es sobre El Mundo, sobre “la cadena de los obispos”, sobre el PP, y sobre su puta madre en el trampolín de la muerte.

Han quedado claros los autores. Los muertos como no, y dos de la pecera. Suman diez. Bombas había trece. Diez que estallaron, dos que hicieron estallar los tedax, y la de Vallecas. Ah, pero nos conformamos con 10 autores materiales. ¿Por qué? ¿Por qué sabemos que no eran menos, o más? No se sabe. Los jueces no dicen que lo sepan. Pero El País ya sabe todo lo que necesita saber.

La procedencia y la clase de explosivos. No insistiremos en este salto mortal.

Y el modo en que se financiaron. Sí. Por ejemplo Zuogam, condenado como autor material, ponedor de bombas, les cobrá a sus colegas de atentados las tarjetas de teléfono que no hacían falta pero que usaron. O sea que Zougam no colaboró a financiar su propio atentado, sino que se financiaba él personalmente con el atentado. Aquí solo apoquinaba El Chino, que para eso era un esforzado vendedor de drogas y que, naturalmente, ponía el producto de su trabajo para financiar la yihad de los demás. Lo normal. Los camellos como finacieros de la yihad. Nada del dinero habitual de las sociedades religiosas de ayuda, nada de los tentáculos saudíes de ayuda a las viudas de los mártires, nada de nada. El cuento del Chino y se acabó. Todo lo que El País necesita.

¿Y quien decidió que iba a ser en los trenes y no en los autobuses o aviones? ¿Y la fecha? ¿Como se prepararon? ¿Acaso fueron ese día en busca de trenes al buen tuntún, y fueron poniendo las bombas según se les ocurrió improvisar en ese momento, sin siquiera saber si la bomba del compañero les iba a fastidiar la suya propia? ¿Quien de ellos sabía conectar las bombas a los teléfonos? ¿Como dices, Cebrián, que no te he oído? ¿Y quien era el que sabía montarlas, o el que decidió que 10 kilos, y no dos? ¿Por qué? ¿Y ese montador de bombas, está entre los muertos, o está suelto por ahí, esperando otra oportunidad? ¿Como llegaron a los trenes? ¿Hubo chóferes, o es que los coches aún están en las estaciones? ¿Y si hubo chóferes, les están buscando, o qué?

Nada. Podemos seguir , pero, ¿para qué? Todo eso a El País no le interesa. Ni al ZoPenco, ni al ABC, ni a las televisiones. Pues que bien.

°¿°